Una conocida marca de ropa deportiva (cuyo nombre
no mencionaremos para no hacer publicidad, y
menos gratuita) organiza un concurso multitudinario
para jóvenes de entre 15 y 25 años.
Cita a todos los que quieran participar un domingo
por la mañana a las afueras de la ciudad,
ante una montaña de fácil escalada
y de 127,8 metros de altura. Los organizadores
del concurso se sorprenden del éxito
de la convocatoria al ver que han acudido muchos
más participantes de los que imaginaban,
así que deciden dividir el grupo en 3
equipos, repartiendo entre ellos camisetas de
3 colores con el anagrama de la marca, para
así distinguir a cada equipo por su color.
El organizador del concurso, megáfono
en mano y subido a una plataforma de 5 metros
de altura, ordena a los concursantes que se
separen en 3 bloques, cada uno de un color.
Así, los participantes forman 3 equipos
con los colores rojo, amarillo y morado de las
camisetas que ya todos se han puesto.
Cuando va a comenzar el juego, el organizador,
desde su altura, ve que en el equipo rojo hay
una mancha amarilla, que en el equipo morado
3 manchas rojas y que en el equipo amarillo
7 manchas moradas y, fijándose más,
observa que en el equipo rojo también
hay una extraña mancha verde.
-¡A ver! –grita a través
del megáfono- ¿Qué hace
esa camiseta amarilla en el equipo rojo?
-¡Es que yo quiero estar con Luis! –grita
la que lleva la camiseta amarilla.
-¿Y quién es Luis?
-¡El novio de Lola!
-¿Y quién es Lola?
-Yo.
-¿Y por qué te has puesto una
camiseta amarilla en vez de una roja?
-Yo me he puesto la que me han dado.
-¡Pues vete al bloque amarillo!
-¡Ni hablar! Yo quiero estar con mi novio.
-Pues cambia la camiseta con alguien. A ver:
¿Quién quiere cambiar su camiseta
por la de Lola? –pregunta el organizador.
Comienza el tumulto. Todos los que visten camiseta
roja quieren cambiarla por la camiseta amarilla
de Lola que, encantada con su éxito,
sonríe a todos los que se le acercan,
y se le acercan todos, ante el mosqueo de Luis,
al ver cómo se pelean por la camiseta
de su novia y, sobre todo, por quitársela.
Al fin, el que ha conseguido la camiseta, despeinado,
magullado, con un ojo morado y cojeando se pasa
al equipo amarillo haciendo la señal
de victoria, entre los aplausos de sus antiguos
compañeros, que lo despiden como a un
héroe.
-¡Muy bien! El equipo rojo, arreglado.
–grita el del megáfono- Y ahora,
¿qué hacen esos 3 rojos en el
equipo morado?
-¡Es que somos trillizos!
-Y, ¿qué?
-Pues que estamos siempre juntos.
-Muy bien, pues que os cambien las camisetas.
-Es que a nosotros no nos las quiere cambiar
nadie.
-Pues pasaos los 3 al equipo rojo, que ya hemos
perdido bastante tiempo.
Una vez colocados los trillizos en el equipo
rojo, el organizador se dirige a los 7 que visten
camisetas moradas, pero que están en
el equipo amarillo.
-Y a vosotros, ¿qué os pasa?
-Es que hemos venido juntos desde nuestro pueblo
y no queremos separarnos por si nos perdemos.
-Pues usad la cabeza, caramba.
Y los siete morados empiezan a peinarse, mirándose
en el espejo que uno de ellos ha sacado del
bolsillo.
-¡¡Que os paséis al equipo
morado!! –grita, fuera de sí, el
organizador.
Y los 7 morados abandonan el equipo amarillo
y se incorporan al suyo entre risas y abucheos.
-Y ya, al fin (espero) –dice el organizador
de la desorganizada organización- ¿qué
haces tú ahí?
Todas las miradas se vuelven hacia el que viste
una camiseta verde y que está justo en
el centro de la masa de camisetas rojas. Al
verse observado por tantos ojos el que viste
la camiseta verde se encoge y grita:
-¡Es que soy daltónico!
Silencio.
Se hace el silencio por unos segundos para dar
paso al caos, ya que todos, rojos, amarillos
y morados corren para ver al daltónico,
como si fuera un marciano, mezclándose
de nuevo ante la desesperación del organizador
que cae desplomado echando espuma por la boca.
Un sustituto toma el megáfono tratando
de poner orden mientras una ambulancia se lleve
al primer organizador. Entonces, el 2º
organizador pregunta:
-Pero, ¿qué tiene que ver que
seas daltónico con que lleves una camiseta
verde?
-Porque me la he traído de casa, y aunque
usted diga que es verde, para mí es roja
porque la veo roja, o sea: que es roja, aunque
usted diga que es verde.
-¡Pues que te la cambien! ¡A ver,
dadle una camiseta roja!
-No, porque yo la veré verde.
-¡¡Pero nosotros no!! ¡Y se
acabó! –grita el 2º organizador,
mientras el daltónico se quita su camisa
verde, que para él es roja, y se pone
una roja, que para él es verde- Y ahora,
todos a su sitio, tú también,
el daltónico... ¿cómo te
llamas?
-No me acuerdo cómo me llamo, pero sí
que mi nombre está formado por algunas
de las letras de los nombres de los trillizos.
-Oye, ¿tú eres así de complicado
todos los días o sólo los domingos?
-Bueno, usted, en realidad, debería de
haberme preguntado cómo se llaman los
trillizos.
-Muy bien: ¿cómo se llaman los
trillizos? –pregunta el 2º organizador,
sintiendo que comienza a temblarle el párpado
del ojo izquierdo.
-Pregúnteselo a ellos.
Al borde del ataque de nervios, el 2º organizador
pregunta:
-A ver, los trillizos: ¿cómo os
llamáis?
Y los trillizos responden, los 3 a la vez:
-¡Alfonso, Ramón y Diego!
-Y ahora, ¿qué? –pregunta
el 2º organizador, tomándose un
bocadillo de Valium que le ha preparado el organizador
3º, ya preparado para sustituirle.
-Pues que mi nombre está formado por...
, no se ponga usted nervioso, por la 3ª
letra del nombre del primer trillizo, la 3ª
letra del nombre del tercer trillizo, la 1ª
del nombre del 2º, la 5ª del 1º,
la 2ª del 2º, la 5ª del 2º,
la 1ª del 3º y la 7ª del 1º.
Todos se ponen a tratar de averiguar el nombre
del daltónico mientras que una nueva
ambulancia se lleva al 2º organizador,
sustituido ya por un 3º que, estrenando
su cometido grita por el megáfono:
-¡¡Ya está bien de tonterías!!
¡Todos a sus puestos!
De nuevo el caos de los rojos, los amarillos
y los morados corriendo a ocupar sus puestos.
Por fin, todos en sus equipos correspondientes,
el organizador 3º explica las normas del
juego:
-Vamos a ver, hay un premio de 901 euros. Cada
componente del equipo que suba primero a la
montaña recibirá un euro, repartiendo
lo demás a partes iguales entre los restantes
jugadores, pero de la siguiente manera:
A) Si llegan arriba del todo primero los rojos,
los demás jugadores recibirán
medio euro, 1/2.
B) Si suben primero los amarillos, los demás
recibirán un tercio de euro, 1/3.
C) Si suben hasta arriba primero los morados,
los demás jugadores recibirán
un cuarto de euro, 1/4.
-Pues vaya premio cutre –dijo el 3º
de los trillizos.
-¿Cómo que cutre? –protestó
el tercer organizador.
-Claro, porque con todos los que somos no vamos
a tocar ni a un euro –dijo el 2º
mellizo.
-Tú, echa cuentas –propuso el tercer
organizador.
-¿Cómo? –preguntó
el primer mellizo.
-Cuenta los participantes que hay en cada equipo
y lo sabrás.
-Sí, ya, con todos los que somos. ¿Usted
sabe cuántos jugadores hay en cada equipo.
-No, pero esa es una buena pregunta para mi
estadística de empresa: ¿Cuántos
jugadores hay en cada equipo?, y ya puestos
a preguntar: ¿Cómo se llama nuestro
amigo daltónico?.