
CUENTO DE REYES
El choque fue muy violento. Al salir de una
curva muy cerrada, el trineo -que circulaba
a una velocidad excesiva, inadecuada para el
mal estado de la carretera helada- no pudo
frenar al encontrarse de frente a la caravana,
y después de una forzada maniobra para
evitar un desastre, se estampó contra
un abeto. Los componentes de la caravana, aún
asustados, bajaron de sus monturas y se acercaron
corriendo al lugar del accidente para encontrarse
que la nieve caída del abeto a consecuencia
del impacto había sepultado al que había
provocado el accidente. A toda prisa y utilizando
sus coronas como palas, retiraron a toda prisa
la nieve que cubría totalmente el trineo
para sacar a Papá Noel medio aturdido
por el golpe y completamente cubierto de nieve.
-Pero
bueno, ¿es que
no ven ustedes por dónde van? –exclamó, enfadado, una vez
recuperado del susto.
-¿Cómo que no
vemos por dónde vamos? El que no lo
veía era usted. A ver
si encima quiere echarnos la culpa del accidente,
que cara más dura… –contestó el
Rey Melchor, secando la corona con el manto,
antes de ponérsela de nuevo
en la cabeza.
-Yo iba por mi derecha, mientras
que ustedes iban ocupando casi toda la calzada
con esos horribles camellos…
-No son camellos, son dromedarios –puntualizó el
Rey Melchor, interrumpiendo al congestionado
Papá Noel, ya totalmente
recuperado del susto, aunque sacudiéndose
furioso la nieve de la barba.
-Qué más
da.
-No, que más da, no.
A usted le gustaría que a sus renos
les llamaran ciervos.
-Pues no… porque
se ve claramente que son renos.
-Y nuestros
dromedarios se ve claramente que son dromedarios.
-Bueno,
bueno, no discutamos. Afortunadamente no ha
pasado nada –dijo,
pacificador, el Rey Baltasar, y añadió:
-Pero que quede claro que son dromedarios,
que dromedarios son los que tienen una joroba
y camellos los que tienen dos.
-Pues en los
paquetes de cigarrillos Camel aparece dibujado
un camello… y
sólo tiene una joroba –insistió Papá Noel.
-Ya
lo sabemos. El que diseñó el
paquete, en su ignorancia, se equivocó… y
la equivocación
ha continuado hasta nuestros días. Pero
que se va a esperar del tabaco norteamericano… -dijo
otra vez el Rey Baltasar.
-¿Y que tiene
usted contra los norteamericanos? –preguntó Papá Noel,
poniéndose
en jarras.
-No, nada, pero últimamente
no tiene usted más que echar una ojeada
a los periódicos para…
-¿Se
refiere a la guerra de Irak?
-Bueno, ese podría
ser un buen ejemplo –dijo esta vez el
Rey Gaspar.
-Claro, como ustedes tienen
pinta de ser árabes… Seguro que
son de Irán, o Afganistán,
o del mismo Irak, sin ir más lejos… -dijo
Papá Noel, con
retintín.
-Nosotros somos los Reyes Magos
de Oriente y vamos hacia Belén siguiendo
una estrella.
-Sí, sí, siguiendo
una estrella; lo mismo es un satélite
espía o un misil… Sigo
creyendo que ustedes son árabes y van
hacia Palestina, o hacia la franja de Gaza… y
vete a saber a qué.
-Pero bueno, qué disparate. ¡Y
que lo diga usted, un anglosajón pro
americano! –exclamó Melchor,
indignado.
-¿Yo? ¿Anglosajón
yo? Pero si soy de las Tierras Árticas,
de las lejanas tierras heladas donde me paso
el año preparando los juguetes para…
-¡Para
los niños
norteamericanos e ingleses! –le interrumpieron
los tres reyes al mismo tiempo.
-¡¡Para
los niños
de todo el mundo!! –gritó Papá Noel.
-¡Y un cuerno! Usted es
conocido, sobre todo, en Norteamérica
y en Inglaterra, por más
que la publicidad nos lo quiera hacer tragar.
Donde vas a comparar la tradición
de los Reyes Magos con la suya. Además
usted existe solamente desde el siglo pasado,
o como mucho desde finales del XIX, mientras
que nosotros nos remontamos al nacimiento de
la era cristiana. ¡Casi nada!
-Pero mi
presencia tiene más
incidencia en los pueblos ricos y civilizados
y no en los subdesarrollados.
-Debería saber, a sus
años, que generalmente las palabras
rico y civilizado no casan bien, así que
dejémonos de ricos y subdesarrollados.
-Bueno, bueno –intervino
Baltasar de nuevo, interponiéndose entre
Melchor y Papá Noel, que
estaban a punto de llegar a las manos- ya está bien
de discusiones. Que cada uno lo reparta donde
quiera.
-Sí, lo que es yo, no
sé qué es lo que voy a repartir.
Miren cómo ha quedado el
trineo.
Y entonces fueron conscientes
del estado en que había quedado el trineo
estrellado contra el abeto: completamente inútil
para el reparto. Además, con el estruendo
del golpe los renos, asustados, habían
huido dejando plantado a su dueño.
En vista del desastre, los Reyes Magos ayudaron
a Papá Noel a recoger
los paquetes de regalos diseminados por la
nieve y decidieron prestarle aún
más ayuda a su contrincante. Así que
le propusieron que cargara sus juguetes a uno
de los camellos de servicio de la caravana
y que, a su vez, subiera en él. El ataque
de risa fue monumental no sólo entre
los tres Reyes Magos sino entre todos los ayudantes
que formaban la caravana, que a Papá Noel
le parecía que hasta los camellos (insistía
en que eran camellos) se reían de él,
al ver los esfuerzos que tenía que hacer
para subir en la incomodísima montura.
Cuando por fin estuvo montado sobre la joroba
del dromedario, Melchor dio la señal
para que la caravana partiera siguiendo a la
estrella que, afortunadamente, había
frenado su carrera para darles tiempo a resolver
el incidente.
A las tres horas de viaje, hicieron
una parada en una posada que había
al lado del camino para cenar algo y para descansar
un rato. Sentados a la mesa y mientras les
servían la cena hablaron de mil temas,
aunque al final la conversación se centró en
los dos deportes favoritos de los que cenaban:
el fútbol y el béisbol… y
siguió la
discusión.
-Dónde vas a comparar:
el fútbol es el deporte rey… y
no el absurdo ese del béisbol,
que no lo entiende nadie, yo creo que no siquiera
los que lo juegan –dijo
el Rey Gaspar, mientras se servía una
copa de vino.
-No lo entenderán ustedes
los europeos, pero en Estados Unidos en el
deporte nacional -dijo Papá Noel.
-Ya estamos con Estados Unidos.
El fútbol es el deporte rey, repito,
porque, entre otras cosas, es dificilísimo
meter un gol. Mire, por ejemplo, qué le
parece esto –dijo
otra vez Gaspar, sacando un lapicero y un papel
y dibujando una circunferencia con una serie
de líneas de trazos y letras.

-¿Qué es
eso?
-“Eso” es lo
siguiente: en un partido de fútbol,
como le decía, es muy difícil
meter un gol. Además los delanteros
pierden la ocasión de marcar
un gol porque, como ellos dicen, muchas veces “se
quedan sin ángulo
ante la portería”.
-¿Y qué? –preguntó de
nuevo Papá Noel, que no entendía
nada.
-Mire atentamente la figura
que le he dibujado y conteste a esta pregunta: ¿Desde
qué posición:
C, D o E se ve la portería con un ángulo
mayor?
En ese momento llegó el
cordero asado que habían pedido para
cenar y el problema, para suerte de Papá Noel,
se quedó sin resolver sobre la mesa,
aunque era un problema muy sencillo. Después
de los postres y antes de ponerse de nuevo
en camino, fue Papá Noel el que propuso
un problema, este algo más complicado.
-Bueno,
ya que me ha puesto usted un problema referente
al absurdo juego del fútbol…
-Que
no ha sabido resolver… –dijo
Melchor esta vez, exhibiendo una sonrisa maliciosa.
Como
les decía
-dijo, con tono enojado, Papá Noel mirando
de reojo a Melchor y aceptando la copa de aguardiente
que le servía el Rey Baltasar con el
pretexto de que deberían prepararse
para combatir el frío de la noche-
el Béisbol es un juego complicado y
cerebral, incluso, dicen, demasiado cerebral
para los europeos. Esta, bien, está bien,
no me interrumpan y déjenme continuar –y
calmó con un gesto de la mano a
los tres que le escuchaban- El Béisbol
es un juego geométrico
en el que todo está medido y en el que
el estudio de los movimientos y las carreras
es clave para la victoria. Miren, miren…
Y
esta vez fue él el
que trazó en un papel un círculo
también con una serie
de rectas y letras. Y puso el dibujo ante los
tres comensales.

Ante el silencio de los Reyes Magos, Papá Noel
explicó:
-Como pueden ver, las rectas
AB y AC son tangentes al círculo. Y
el ángulo BAC es de 50º.
-Pues
sí, ya lo vemos. ¿Y
qué? –preguntó Melchor.
-Pues
que podemos
considerar el círculo como el espacio
de campo útil sobre el
que juegan al béisbol los jugadores.
Y el vértice A el punto
desde el que se batean las pelotas. Así que
ustedes deben calcular las medidas de los ángulos
del cuadrilátero BCDE.
-¿Para
qué?
-Bueno, primero para saber resolver
el problema con los datos que les he dado… y
después
para saber que una vez resuelto el problema
sabríamos datos que influirían
en la consecución de las carreras.
-¡Qué cosas! –exclamó Melchor,
suspirando.
-Sí, disimule. Lo que
pasa es que no sabe hacer el problema ni comprende
la idiosincrasia del béisbol.
-Vamos, vamos, dejémonos
de juegos y pongámonos en marcha que
tenemos mucho trabajo. Parece que nos olvidamos
que es la Noche de Reyes –dijo Baltasar.
De
nuevo en marcha, la caravana se aproximó a
un pueblo. Al avistar las primeras luces, el
Rey Melchor, que iba al frente, dio la señal
de alto deteniendo su dromedario. Como siempre
hacían al
llegar a una población en la que tenían
a niños esperando sus regalos, los Reyes
Magos hacían una parada
para seleccionar los regalos pedidos, los cargaban
en tres enormes sacos y se acercaban en silencio
a las casas ellos solos montados en sus dromedarios,
mientras que los ayudantes, con el resto de
la caravana permanecía a
la espera. Papá Noel repasó su
lista de encargos, comprobando que en aquel
pueblo no tenía que hacer ninguna entrega,
aunque se unió a
los tres reyes para ver sus métodos
de trabajo.
Al llegar los cuatro ante las primeras
casas decidieron dejar, como hacían
siempre, sus dromedarios en un prado cercano,
para que esperaran
pastando. Pero como aquella noche, a pesar
de que ya no nevaba, empezaba a levantarse
ventisca, le pidieron a Papa Noel, ya que él
no tenía reparto, que se quedara en
el prado con los dromedarios, no fuera que
se espantaran. Papá Noel accedió a
hacerles el favor como respuesta al le
habían hecho a él… y vio
como los Reyes Magos se alejaban cargando sus
grandes sacos hacia la primera calle del pueblo.
Una vez a solas y para entretenerse, observó atentamente
el prado en el que ya pastaban los cuatro dromedarios.
Afortunadamente, después de las nevadas
de días anteriores, la noche estaba
despejada y la luna brillaba iluminando el
prado lo suficiente como para que Papá Noel
se pudiera hacer idea de sus dimensiones. Y
lo recorrió a grandes zancadas, yendo
y viniendo y tomando notas en un cuaderno.
Y así lo encontraron los Reyes Magos
al volver, una vez terminado el reparto de
juguetes y regalos.
-¿Qué hace? –preguntó Melchor.
-Unos
cálculos.
-Pues déjese de cálculos
y montemos en los dromedarios cuanto antes… tengo
los pies helados –propuso Melchor.
-Pues
de dromedarios se trata –dijo Papá Noel.
Y
ante la cara de sorpresa de los reyes Magos,
añadió:
-A ver como está el
nivel de matemáticas
allá por Oriente.
-Pues estupendamente –le
cortó Melchor-
Porque si tiene usted idea de lo que habla
sabrá que, precisamente los árabes
pueden ser consideraros y con razón
los divulgadores de la gran Matemática
en Occidente.
-Por no hablar de la numeración,
que si no fuera por nosotros en todo Occidente
seguirían contando con números
romanos, sin ir más lejos, a nuestros
dromedarios los contarían así:
I, II, III y IV en lugar de 1, 2, 3 y 4. ¿Qué le
parece? –dijo esta vez el Rey Gaspar,
chusco.
-Me parece que se dejen de cuentos y
contesten a una pregunta que les voy a hacer
después
de observar a sus cuatro dromedarios y el prado
en el que pastan –contestó Papá Noel,
y añadió:
-He deducido que en
este prado podríamos
apacentar los cuatro camellos… perdón,
los cuatro dromedarios durante cuatro días,
o dos dromedarios durante diez días,
antes de que se comieran toda la hierba. Además,
me he dado cuenta de que todos los dromedarios
pastan a la misma velocidad. Así que,
aquí viene la pregunta: ¿Cuánto
tiempo podríamos alimentar a un solo
dromedario con el pasto de este prado?
No se
sabe si los Reyes Magos no supieron o no quisieron
resolver el problema planteado por Papá Noel.
Pero lo que sí se
sabe es que, pretextando que se les estaba
retrasando la entrega de juguetes, montaron a
toda prisa en sus dromedarios alejándose
del prado rápidamente. Y que de vuelta
al lugar del accidente remolcaron el trineo
accidentado hasta un taller mecánico
donde explicaron a su dueño que aparte
de la reparación de chapa y pintura,
descubrieron en el trineo que estaba escaso
de líquido de frenos, mal de bujías
y que la batería estaba a punto de agotarse.
Y, además le avisaron de que tendría
que pasar la ITV antes de las próximas
navidades. Ante este dictamen, los Reyes Magos
preguntaron:
-¿Pero entonces, los renos…?
Y,
un tanto avergonzado, Papá Noel se
sinceró, reconociendo:
-Son de adorno.
La tradición, ya saben,
los niños me esperan ver llegar sobre
mi trineo tirado por los renos… y no
puedo prescindir de ellos a pesar de que el
trineo funcionaría solo. Me he creado
una imagen y ya no puedo prescindir de ella,
como, por ejemplo, siempre vestido con este
ridículo trajecito rojo que odio, con
el que paso un frío terrible, que donde
este un buen anorak.
Los Reyes Magos dejaron
a Papá Noel
a la espera de que le repararan el trineo,
mientras telefoneaba a Laponia para que le
enviaran un segundo juego de renos.
Mientras que los niños que recibían
los regalos de los Reyes Magos los recibieron
puntualmente en la Noche de Reyes, los niños
que esperaban los de Papá Noel los recibieron
a finales de enero, cuando ya había empezado
los colegios. Fue un retraso muy comentado. Un
auténtico desastre.