Euclides ha sido el matemático griego
clásico por antonomasia y su nombre aún
es, quizá, el más popular en la
larga y poblada historia de las matemáticas.
Pero nadie ha sabido resumir mejor que E. M.
Forster la ocultación de su persona bajo
el personaje:
«Nada sabemos de él. A decir verdad,
hoy lo consideramos como una rama del saber
más que como hombre»
(Alejandría. Sección I, E, [i].
Barcelona, Seix Barral, 1984; p.64).
Euclides pasa por ser, en dos palabras, la
geometría: la geometría
clásica griega, en términos más
precisos. Es una identificación que debe
a sus Elementos, la obra más
editada nunca tras la Biblia según quienes
llevan estas cuentas. Luego veremos que ni Euclides,
ni los Elementos son sólo geometría.
En todo caso, entre los polígrafos antiguos,
Euclides ya daba nombre a esta disciplina y
él mismo pasaba a ser conocido por el
mero apodo de “el elementador (el autor
de los Elementos)”. Bueno, si oyen de
alguien que haya desaparecido, soterrado bajo
el peso del éxito de su propio best-seller,
piensen en Euclides. 