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Es no sólo el talento matemático
griego por excelencia, sino el científico más célebre
de la Antigüedad. Su fama nació tanto de sus contribuciones
teóricas, como -o quizá más- de sus habilidades
técnicas en ingeniería civil y militar, y de la circunstancia
de estar en el lugar y en el momento oportunos (la caída
de Siracusa el año 212, durante la 2ª guerra púnica
entre los romanos y los cartagineses -a quienes Siracusa se había
aliado dos años antes-), para atraer la atención de
los grandes historiadores greco-romanos (Polibio, Livio, Plutarco).
Mereció una biografía temprana de Heráclides,
hoy perdida. Pese a su popularidad y a la vez en aras de ella, las
noticias que nos han llegado de su vida y milagros, heurísticos
e ingenieriles, no son muchas, ni son todas fiables -véase
el panorama crítico que Knorr ha presentado en [7].
Sabemos por él
mismo (Arenario, I 9) que fue hijo de Fidias, astrónomo.
Mantuvo,al parecer, buenas relaciones con la dinastía siracusana
y le rindió cumplidos servicios: tal vez fuera una especie
de consejero áulico del tirano Hierón II, a cuyo hijo
-y corregente- Gelón está dedicado el Arenario. Hierón,
un sagaz estadista, procuró sacar partido de la inventiva
de Arquímedes, sobre todo en obras de fortificación
y defensa militar, al tiempo que lamentaba no disponer en sus dominios
de otro talento similar para el desarrollo de la agricultura. El
dato mejor establecido de la vida de Arquímedes es su muerte
en el fragor de la toma y saqueo de su ciudad natal, Siracusa, en
212 a.n.e. Es fama que murió a manos de un legionario mientras
se hallaba absorto en la consideración de un problema geométrico,
aunque ésta sólo sea una de las varias versiones que
correrían siglos después sobre una desgracia también
sentida por el general romano Marcelo, ansioso de conocer al “Briareo
geómetra” que había contenido y atemorizado
con toda suerte de máquinas y artilugios defensivos a sus
tropas de asalto. Si, a partir de ese dato, diéramos crédito
a lo que Tzetzes, un polígrafo bizantino del s. XII, afirma
sobre Arquímedes: «trabajó en geometría
hasta edad avanzada viviendo 75 años» (Quiliades, 2,
historia xxxv), podríamos suponer que nació el año
287 a.n.e.
Nada tenemos acerca de su formación como no sean conjeturas.
Puede que, bajo la tutela de su padre, estudiara astronomía:
no solo estaba bien informado -es nuestra primera fuente sobre la
concepción heliocéntrica de Aristarco-, sino que construyó
un planetario o una esfera celeste móvil donde estaban representadas
las constelaciones -formó parte del botín romano (Cicerón,
De re pub., I, xiv, 21-22)-, además de escribir una obra
hoy perdida sobre este tipo de aparatos; el citado Arenario da ya
muestras de su interés por las mediciones angulares. Puede
también que la astronomía lo condujera inicialmente
hasta Eudoxo, aunque luego le interesasen
de él en especial sus contribuciones matemáticas y
en particular los supuestos implícitos en su método
de convergencia. Se dice, cómo no, que viajó a Egipto
y, más aún, que dejó allí la impronta
de su ingenio con la invención de una coclías, “rosca
o tornillo de Arquímedes” -sabemos que los romanos
emplearon una coclías de roble en una mina de Sotiel Coronada
(Huelva) para la extracción de agua-.
En la misma onda, cabe suponer que hiciera la “obligada visita”
a Alejandría. Lo cierto, en todo caso, es su comunicación
personal y su correspondencia científica con algunos matemáticos
alejandrinos distinguidos por su competencia matemática,
Conon de Samos, o por su valía intelectual, Eratóstenes
de Cirene, o por alguna otra razón que hoy se nos escapa,
Dositeo de Pelusio. Pero sus relaciones con la comunidad alejandrina,
tal vez investida de una ortodoxia post-euclídea, no dejaron
de ser un tanto problemáticas: Arquímedes parece impacientarse
en ocasiones, como Apolonio, ante unos investigadores y becarios
-digamos- del Museo de Alejandría que han sustituido la investigación
original por el celo escolar en las demostraciones de lo ya sabido.
Aparte de esos eventuales viajes, se supone que Arquímedes
residió siempre en Siracusa donde -según las leyendas-
gozó de gran popularidad gracias a alguna extravagancia y
a no pocas maravillas.
Por ejemplo, se cuenta que, tras advertir en el baño la existencia
de plata mezclada con oro en una corona real, corrió desnudo
a la calle gritando: «¡Eureka! [héureka, lo descubrí]»
(Vitrubio, De archit. IX, c. 3); no consta si se refería
a un fraude del artífice de la corona real, o al principio
de la densidad relativa de los cuerpos: un sólido sumergido
en un fluido menos denso que él experimenta un empuje vertical
hacia arriba de intensidad igual al peso del volumen del fluido
desalojado, cf. Sobre los cuerpos flotantes, I). Por otro lado,
entre sus maravillas, se recuerda el arrastre por la playa, sin
apenas esfuerzo y mediante un juego combinado de poleas, de una
pesada embarcación de transporte de tres mástiles
con toda su carga (Plutarco, Vidas. Marcelo, c. xiv). A esta exhibición
se asocia la frase de Arquímedes: «Si hubiera otro
mundo, desde él podría mover éste» (Plutarco,
ibd.) o, según otra versión, «Dadme un punto
de apoyo y moveré la tierra» (Papo, Collect. VIII 11).
Lo cierto es su estudio de los centros de gravedad y las condiciones
de equilibrio de la palanca (Sobre el equilibrio de los planos).
Pero sus invenciones más célebres fueron las que ingenió
para defender Siracusa del asalto romano: toda suerte de ballestas
y catapultas; máquinas con cabrestantes y con brazos articulados,
capaces de atrapar y levantar en el aire o estrellar contra las
rocas las naves enemigas; espejos parabólicos ustorios, capaces
de concentrar los rayos solares sobre esas mismas naves hasta el
punto de incendiarlas (Plutarco, ibd., c. xv). La leyenda, en este
caso sin un respaldo científico acreditado, ha sido pródiga
en especulaciones y discusiones posteriores.
Pero la producción teórica de Arquímedes, desde
el punto de vista de la historia de la ciencia, aún es más
impresionante. No sólo por sus primicias físico-matemáticas,
como la fundación de la estática y la hidrostática,
sino sobre todo por su inteligencia matemática y sus contribuciones
en geometría superior, más allá de los Elementos.
Un vivo debate en torno a su biografía se centra justamente
en las relaciones entre estas dos dimensiones de su obra: la ingeniería
y la ciencia, la inventiva técnica y la investigación
teórica. Según Plutarco, un autor de la 2ª mitad
del s. I que se dejaba llevar del neoplatonismo circundante, Arquímedes
valoraba sus contribuciones teóricas muy por encima de sus
invenciones prácticas: sus máquinas no pasaban de
ser divertimentos o concesiones a las demandas regias (Marcelo,
xiv). Hoy Schneider [14] tiende a pensar lo contrario y, entre otras
consideraciones, vindica un interés primigenio de Arquímedes
por las artes técnicas antes de plantearse cuestiones naturales
y mecánicas y dedicarse a las matemáticas. Puede que
el propio Arquímedes hubiera querido decir una última
palabra si fuese cierto, como aseguran Cicerón (Tusc. Disputationes,
V, xxiii 64-66) y Plutarco (Marcelo, xvii), el encargo a sus deudos
de grabar sobre su tumba un resultado geométrico del que
se sentía especialmente orgulloso: la figura de un cilindro
que circunscribe una esfera y la razón por la que el volumen
del cilindro excede al de la esfera, siendo aquél una vez
y media ésta (Sobre la esfera..., I, 34 corolario; cf. Método,
2 [3, p. 47]).
Los escritos de Arquímedes fueron múltiples
y variados. Aparte de la cuestión de autoría, en parte
facilitada por su dialecto dorio original y en parte complicada
por el amplio eco de su nombre en la Edad Media [6], un problema
crucial es la cronología de las obras acreditadas y conservadas
(cf. [8] y [13]). Este punto tiene gran importancia para determinar
la posible evolución del pensamiento matemático de
Arquímedes, desde una primera filiación más
bien eudoxiana hasta su propia madurez post-euclídea –sus
relaciones con los Elementos y el Euclides
alejandrino distan de estar claras–. Las obras conocidas
suelen clasificarse dentro de tres grupos más o menos característicos
(añadiré a cada título su probable número
de orden cronológico, a la luz del estado actual de la discusión
al respecto):
(A) Escritos matemáticos dirigidos a la demostración
de proposiciones sobre áreas y volúmenes de figuras
limitadas por líneas o superficies curvas: Sobre la medida
del círculo (1), Sobre la cuadratura de la parábola
(3), Sobre la esfera y el cilindro (6), Sobre espirales (7), Sobre
conoides y esferoides (8).
(B) Obras que proceden al planteamiento y la resolución geométrica
de problemas de estática e hidrostática, o se sirven
de consideraciones mecánicas en el tratamiento de cuestiones
geométricas: Sobre el equilibrio de planos I, II (4), Sobre
los cuerpos flotantes I, II (5), Método (9).
(C) Trabajos con un aire de miscelánea matemática:
Arenario (2), El problema de los bueyes (¿?), Stomachion
(fragmentado, ¿?).
Por lo demás, no faltan otras muchas recensiones, atribuciones
dudosas y referencias a obras perdidas sobre temas aritméticos
-sistemas de numeración-, geométricos -poliedros semirregulares-,
astronómicos -técnicas de construcción de planetarios-,
ópticos -espejos y fenómenos de refracción-
o, en fin, mecánicos -“balanzas”, estudios de
centros de gravedad y de condiciones de equilibrio-, hasta cubrir
una lista total de unos 30 títulos. Alguna de las obras acreditadas
ha cobrado una especie de historia propia, en especial el Método
(la carta a Eratóstenes sobre el método relativo a
las proposiciones mecánicas). La inesperada aparición,
en 1906, del palimpsesto bizantino -originario del s. X- que lo
contenía, provocó una reedición en 1913 de
las obras acreditadas de Arquímedes; y ahora, tanto su reciente
reaparición -en una subasta de Christie’s en 1998-,
como su tratamiento digitalizado están motivando una nueva
edición crítica en curso, con repercusiones no sólo
eruditas sino hermenéuticas (cf. [10]).
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Portada
de la Edición de Heiberg de las
obras de Arquímedes editadas entre
1910-13 (incluye el método recién
descubierto en 1906). |
La interpretación del sentido y de la significación
de su forma de hacer matemáticas es seguramente la cuestión
más interesante y debatida sobre Arquímedes. Por fortuna,
es una rara avis entre los antiguos matemáticos a la hora
de explicitar sus supuestos y procedimientos. Para empezar, da a
entender una suerte de realismo matemático de las propiedades
inmanentes en los objetos geométricos (“figuras”),
cuando trata de explicar su descubrimiento de ciertas relaciones
entre el cono y la esfera:
«Estas propiedades ya eran inherentes por naturaleza a tales
figuras, pero las ignoraban quienes se habían dedicado antes
que nosotros a la geometría porque nadie había reparado
en la simetría que hay entre esas figuras» (Prefacio
de Sobre la esfera y el cilindro, I).
Puede que esta sensibilidad hacia la simetría sea una de
las claves de su olfato geométrico y físico-matemático.
De hecho, la idea de simetría también desempeña
un papel notable en su concepción del equilibrio en estática.
Pero no faltan ocasiones en la que se muestra más bien indiferente
o ecléctico, e. g. al adoptar dos modelos distintos de referencia,
uno cosmológico de líneas convergentes (Sobre los
cuerpos flotantes, I), el otro geométrico de verticales paralelas
(ibd., II), en sus estudios de hidrostática. En todo caso,
resaltan una libertad de movimientos, una lucidez teórica
y metódica, y un interés por la investigación
monográfica avanzada que dan a su trabajo matemático
un aire moderno de originalidad y autonomía. Este aire moderno
es uno de los problemas subyacentes en la comprensión de
la forma de hacer matemáticas de Arquímedes. El Método,
su comunicación a Eratóstenes sobre el uso de nociones
mecánicas en la investigación y la prueba plausible
-no demostración canónica- de resultados geométricos,
es casi un paradigma a ese respecto. En algunas sugerencias de los
experimentos mentales de equilibrio allí expuestos -e.g.
en la consideración de líneas como palancas y, más
aún, en el supuesto de que las figuras se componen o llenan
de sus cuerdas (o, para el caso, los sólidos de sus secciones)-,
se han querido ver no sólo violaciones de la norma geométrica
clásica, sino un preludio físico-matemático
moderno y, más aún, el uso de infinitesimales hasta,
en definitiva, el origen del cálculo integral e incluso la
idea de límite (tópicos reiterados a partir de la
entusiasta interpretación de [12]). Con todo y por mucho
que se insista en el talento creador de Arquímedes, no son
menos ciertas la integración de su obra en la doble tradición
matemática griega, -calculística y métrica
por un lado, deductiva y “axiomatiforme” por otro-,
y sus contribuciones al desarrollo de la prueba dentro del marco
finitista clásico, según muestra su tratamiento alternativo
de algún problema del Método en Sobre la cuadratura
de la parábola. La contribución más notable
en este sentido es su refinamiento de la base teórica del
método de convergencia avanzada por Eudoxo
y sentada por Euclides, al adoptar
como lema en el prefacio de Sobre la cuadratura:
«El
exceso de la mayor de dos áreas desiguales sobre la menor
[es una magnitud que] puede sobrepasar, si es añadida a sí
misma [cuantas veces sea preciso], cualquier área finita
dada»
y como asunción 5ª en Sobre la esfera y el cilindro
(cf. el prefacio de Sobre las espirales):
«De dos líneas o superficies o sólidos
desiguales, la mayor excede a la menor en una magnitud que, añadida
a sí misma, puede exceder cualquier magnitud dada entre las
consideradas».
Estas precisiones añaden a la consideración euclídea
de la multiplicación o la aditividad (Elem. V, deff. 3-4),
el caso de los excesos o las diferencias, y envuelven dos condiciones
al respecto: (1) la diferencia entre magnitudes es una magnitud,
y (2) es una magnitud del mismo tipo o de la misma dimensión
que las consideradas.
BIBLIOGRAFÍA
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Biography (Ch. Gillispie, ed. New York, Scribner & Sons, 1970-1980,
reimpresión posterior), vol. I, pp. 213-231.
2. R. Torija Herrera, Arquímedes. Alrededor del círculo.
Madrid, Nivola, 1999. Una presentación general de la obra
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- http://www.history.mcs.st-andrews.ac.uk/history/References/Archimedes.html
- http://www.thewalters.org/archimedes/plimpsest.html
EDICIONES.
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Heiberg. Leipzig, Teubner, 1910-1913 2ª edic., 3 vols. Reimpresión:
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Alianza, 1986.
5. Arquímedes, El método relativo a los teoremas mecánicos.
Edic. bilingüe (griego - español) de P.M. González
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LIBROS Y ARTÍCULOS
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Univ. of Wisconsin Press / American Philosophical Society, 1964-1984.
Tomos I-V, 10 vols.
7. E.J. Dijksterhuis, Archimedes. Princeton (NJ), Princeton University.
Press, 1987, reedición del original (Copenhaguen / New York,
1956) con un suplemento de actualización crítica y
bibliográfica de W.R. Knorr, “Archimedes after Dijksterhuis:
a guide to recent studies”, pp. 419-451.
8. W.R. Knorr, “Archimedes and the Elements: proposal of a
revised chronological ordering of the Archimedian corpus”,
Archive for History of Exact Sciences, 19/3 (1978), 211-290.
9. W.R. Knorr, “Arquímedes”, en J. Brunchswig
y G. Lloyd, eds. El saber griego. Madrid, Akal (Diccionarios Akal),
2000; pp. 441-448.
10. R. Netz, “The origins of mathematical physics: new light
on an old question”, artículo on line en Physics Today
on the Web (mayo 2000), http://aip.org/pt/june00/origins.htm
11. B. Rodríguez Salinas, “Arquímedes”,
en AAVV, Historia de la matemática hasta el siglo XVII. Madrid,
Real Academia de CC. Exactas, Físicas y Naturales, 1986;
pp. 79-99.
12. E. Rufini, Il metodo di Archimede e le origini del calcolo infinitesimale
nell’ Antichitá. Milano, Feltrinelli, 1961, reedición
del original (Bologna, 1926) a cargo de U. Forti.
13. I.Sato, “A reconstruction of the Method, Proposition 17,
and the development of Archimedes’ thought on quadrature”,
Historia Scientiarum, 31 (1986), 61-86, y 32 (1987), 75-142.
14. I. Schneider, Archimedes: Ingenieur, Naturwissenschaftler und
Mathematiker. Darmstad, Wissenschaft Buch, 1979.
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