«Pitágoras
investigó los teoremas de un modo inmaterial e intelectual
y descubrió la dificultad de los números irracionales
y la construcción de las figuras cósmicas [poliedros]».
PROCLO DE LICIA. Comentarios al Libro I de los Elementos
de Euclides.
«Hace falta explicar
qué propiedades
deberían tener los cuerpos más bellos,
[...], deben tener la propiedad de
dividir en partes iguales y semejantes
la superficie de la esfera en que están inscritos».
PLATÓN. Timeo 54b-55a.
«La
culminación
de Los Elementos de Euclides con la construcción de
los poliedros responde al interés especial que mostraban
los filósofos griegos por todo lo que atañe
a los cuerpos regulares».
F.KLEIN. Matemática elemental
desde un punto de vista superior. Vol.
II. Geometría. Biblioteca Matemática.
Dtor: J.Rey Pastor. Madrid, 1931. p.260.
|
Estudios
de Leonardo da Vinci (1513) sobre la Geometría de
los poliedros con especial énfasis en el Cubo y
el Icosaedro. Códice Atlántico (f. 518r). |
ÍNDICE
- Introducción
- Los
poliedros en el Neolítico
- La Cosmogonía poliédrica
pitagórica
- Los Poliedros en El Timeo de
Platón
- El Libro XIII de Los Elementos de
Euclides
- Los
Poliedros en el Renacimiento. Della Francesca, Luca Pacioli
y Durero
- La Cosmología poliédrica
de Kepler
- Los poliedros en los tiempos modernos
- Los
Poliedros en el Arte del siglo XX: Gaudí, Escher
y Dalí
- Epílogo
- Bibliografía
1. Introducción
La exuberante geometría
de los sólidos
platónicos, por sus significativos atributos de
naturaleza geométrica, estética, simbólica,
mística y cósmica, ha fascinado en todas las
civilizaciones, desde los pueblos neolíticos hasta nuestros
días. Los poliedros son el núcleo de la cosmogonía
pitagórica del Timeo de Platón que los
asocia con la composición de los elementos naturales
básicos, teoría de orden místico-filosófico
que tendrá una decisiva influencia en la cosmología
poliédrica de Kepler. Euclides recoge la herencia pitagórica
y platónica y sitúa a los cinco sólidos
regulares en el clímax final de Los Elementos,
como glorificación y cenit de un tratado geométrico
tan brillante, en lo que se considera el primer teorema de
clasificación de la Matemática.
Los poliedros han
sido en todas las épocas
símbolo y expresión placentera de la belleza ideal,
de ahí su presencia en la composición de muchas
obras y tratados de artistas y teóricos renacentistas
(Piero della Francesca, Pacioli, Leonardo, Durero,...), que diseñan
y escriben entre el Arte y la Geometría, tomando como
argumento el encanto y la seductora perfección de los
sólidos platónicos.
En los tiempos
modernos los poliedros han sido un importante nexo que vincula
cuestiones de Matemática
superior (Topología algebraica, Teoría de Grupos, …)
con la resolución de ecuaciones algebraicas y la Cristalografía,
pero también, por su belleza y misterio, una fuente inagotable
de inspiración que enciende la fantasía de creadores,
diseñadores y artistas, entre los que sobresale la espectacularidad
de los impresionantes trabajos de aplicación de los poliedros
en Gaudí, Escher y Dalí, que como sus antepasados,
geómetras y artistas, imputan a su geometría funciones
de orden estético, cosmológico, científico,
místico y teológico.
2. Los
poliedros en el Neolítico
Los poliedros regulares
son sólidos limitados
por idénticos polígonos regulares, en los que concurren
en cada vértice igual número de caras.
El significado
simbólico, místico
y cósmico de los poliedros regulares se remonta a los
primeros estadios de la Civilización. Critchlow (1979)
da una prueba fehaciente de que ya eran conocidos por los pueblos
neolíticos y por las primeras culturas históricas
europeas, como muestran las siguientes ilustraciones:
|
Sólidos regulares
neolíticos de Escocia (Ashmolean Museum de Oxford).
Según Critchlow (1979), «lo que tenemos
son objetos que indican claramente un grado de dominio
de las matemáticas que hasta la fecha todo arqueólogo
o historiador de la matemática le había negado
al hombre neolítico». |
|
- Esfera
tetraédrica neolítica
(Keith Critchlow: Time Stands Still).
- Dodecaedro etrusco (500 a.C. Landes-Museum. Mainz,
Alemania).
- Icosaedro romano (Rheinisches Landes-Museum. Bonn).
|
El origen de estas
piezas puede ser de índole
estético, místico o religioso, pero también
es posible que fueran observadas en la naturaleza en la forma
de algunos cristales como los de pirita, o en esqueletos de animales
marinos como la radiolaria.
Según Lawlor
(1993), Gordon Plummer en su obra The Mathematics of the Cosmic Mind, afirma
que la mística hindú asocia el icosaedro con
el Purusha,
la semilla-imagen de Brahma, el creador supremo, la imagen del
hombre cósmico, equivalente al antropocosmos de la tradición
esotérica occidental, mientras que el dodecaedro es asociado
con Prakiti, el poder femenino de la creación, la Madre
Universal, la quintaesencia del universo natural. En la mitología
hindú, Purusha y Prakiti son la eterna dicotomía
creadora, representación mística de la dualidad
geométrica entre el icosaedro y el dodecaedro. Diversos
historiadores de las Matemáticas (Eves, 1983; Kline, 1992)
admiten que las antiguas civilizaciones egipcias y babilónicas
tenían conocimiento del cubo, tetraedro y octaedro y que
este saber se trasmitiría a Grecia a través de
los viajes de Tales y Pitágoras.
3. La Cosmogonía poliédrica
pitagórica
Proclo en sus Comentarios al Libro I de
los Elementos de Euclides atribuye a Pitágoras
la construcción de «las figuras
cósmicas» (Tannery, 1887), nombre relacionado
con su aplicación en la cosmogonía pitagórica
que asocia los cuatro elementos primarios: fuego, tierra, aire
y agua, con los cuatro sólidos: tetraedro, cubo, octaedro
e icosaedro, mientras el dodecaedro sería el símbolo
general del universo (González Urbaneja, 2001). Aecio
(basándose en Teofrastro) escribe literalmente: «Por
ser cinco las figuras sólidas, denominadas sólidos
matemáticos, Pitágoras dice que la tierra está hecha
del cubo, el fuego de la pirámide [tetraedro], el
aire del octaedro y el agua del icosaedro, y del dodecaedro
está compuesta la esfera del todo» (Guthrie,
1984). También Filolao y en parte Simplicio aseguran
lo mismo.

Los pitagóricos estaban fascinados por
los sólidos regulares, sobre todo por el dodecaedro (debido
a la presencia del emblemático pentágono en sus
caras) que lo relacionaban de forma mística con el Cosmos
y guardaban celosamente el secreto de su construcción,
hasta el punto de fraguar la leyenda sobre el terrible fin de
quien osó divulgar sus misterios, relatada entre otros
autores por Jámblico (1991): «De Hipasos cuentan
que fue uno de los pitagóricos que por haber divulgado
por escrito por primera vez la esfera de doce pentágonos [la
construcción del dodecaedro inscrito en una esfera] pereció en
el mar por impío». Este texto recuerda
la descripción apocalíptica de muchos escritores,
entre ellos Colerus (1972) acerca de la maldición que
cayó sobre Hipasos de Metaponto por haber revelado la
aparición de lo irracional. La analogía entre ambas
leyendas avalaría la tesis de que el advenimiento de la
inconmensurabilidad habría tenido lugar a través
del pentágono de las caras del dodecaedro, generador al
trazar las diagonales de la estrella pentagonal, llamada Pentagrama
místico, que era el símbolo de identificación
de los miembros de la secta pitagórica (González
Urbaneja, 2000, 2001).
Los
poliedros regulares en una repisa situada sobre el techo de
una cueva localizada en la cima del monte Kerkis, en Samos,
que según una tradición local habría habitado
Pitágoras.
El
interés de Pitágoras
por los poliedros provendría de su observación
infantil de las formas regulares geométricas de los
minerales, ya que su padre era grabador de piedras preciosas.
Además, los cristales de pirita en forma de dodecaedro
son abundantes en el sur de Italia, donde vivió Pitágoras
tras abandonar Samos.
4. Los Poliedros en El Timeo de
Platón
Aunque lo aseguren las
fuentes mencionadas, la crítica histórica considera
improbable que Pitágoras
hubiera planteado la cosmogonía descrita (Heat, 1956,
1981), ya que, por una parte, fue Empédocles de Agrigento
el primero que distinguió explícitamente los cuatro
elementos primarios (fuego, tierra, aire y agua), y por otra,
según parece, los primeros pitagóricos habrían
reconocido sólo el tetraedro, el cubo y el dodecaedro,
atribuyéndose el octaedro y el icosaedro a Teeteto (Heat,
1981), brillante matemático de La Academia (realizó importantes
aportaciones sobre los irracionales) y amigo de Platón,
que le honró dando nombre a uno de sus Diálogos, Teeteto (Sobre
la Ciencia).
|
Fragmento
de La Escuela de Atenas de la Estancia de la Signatura
del Vaticano, que representa a Platón con El
Timeo, Diálogo donde expone su visión
cosmológica. |
Los poliedros regulares
se llaman, a veces, «Cuerpos
Platónicos» por el papel prominente que juegan
en el famoso Dialogo de Platón sobre la Naturaleza, Timeo (Platón,
1969; 53a/54b/55d), que es, sin duda, el más profundamente
pitagórico de su obra. En él expone, de forma
mística (Vera, 1970), la asociación que presuntamente
habría hecho Pitágoras entre el tetraedro, el
cubo, el octaedro y el icosaedro y los cuatro elementos naturales
primarios, que Empédocles había vinculado con
la constitución de toda la materia; mientras que la
veneración pitagórica por el dodecaedro conduce
a Platón, fascinado por todo lo pitagórico, a
considerar a este sólido como la quintaesencia, el quinto
elemento,la sustancia de los cuerpos celestiales, el símbolo
místico del Cosmos.
En El Timeo la
belleza es un elemento esencial de los poliedros: «Hace falta
explicar qué propiedades deberían tener los cuerpos
más bellos,...» (Timeo 54b). Pero
para Platón, con su inveterado idealismo, la belleza de
los sólidos regulares no reside realmente en su apariencia
física, sino que permanece oculta en el ámbito
ideal del pensamiento matemático. Tal belleza anida en
que puede demostrar mediante un razonamiento apriorístico
(independiente de la investigación empírica) que
existen cinco y sólo cinco representaciones de la idea
de poliedro regular. La belleza de los poliedros regulares se
basa en su significación filosófica. La interacción
entre el concepto general de regularidad y su realización
en exactamente cinco sólidos sólo puede aprehenderse
a través de la Matemática. La participación
de objetos especiales en una idea general subyace en la matriz
de la filosofía platónica. De los ejemplos pitagóricos
(tetraedro, cubo y dodecaedro), Platón asciende (con el
concurso de Teeteto) al concepto general de poliedro y regresa
a lo particular, añadiendo el octaedro y el icosaedro,
completando así la lista. Se trata de un prototipo matemático
del procedimiento dialéctico establecido en La República (51b)
y un magnífico ejemplo de la concepción platónica
de la forma y la participación: «cada uno de
los cinco sólidos participa en la idea de sólido
regular, e inversamente, esta idea se plasma exactamente en cinco
casos particulares».
Platón construye, con base en Pitágoras
y con el auxilio de Teeteto, una de las primeras teorías
matemáticas completas: una definición general junto
con una completa clasificación de los objetos que la satisfacen.
La definición es: un sólido es regular si «tiene
la propiedad de dividir en partes iguales y semejantes
la superficie de la esfera en que está inscrito» (Timeo 55a).
A continuación Platón estudia la generación
y composición de los poliedros mediante elementos geométricos
que son triángulos rectángulos con la hipotenusa
doble de un cateto para el caso del tetraedro, octaedro e icosaedro
y triángulos rectángulos isósceles para
el caso del cubo (Fowler1999). El dodecaedro es mencionado sólo
al final del pasaje con una críptica sentencia de corte
pitagórico: «Quedaba aún una sola y única
combinación; el Dios se sirvió de ella para el
Todo cuando esbozó su disposición final» (Timeo 55c).
Enseguida Platón argumenta la identificación de
cada poliedro (de acuerdo con sus cualidades) con cada uno de
los elementos primarios para concluir (Timeo 55d):
«A
la tierra le atribuimos la figura cúbica, porque la tierra
es el [elemento] más
difícil de mover, el más tenaz, el de las bases
más sólidas, ..., la figura sólida
de la pirámide [tetraedro] es el elemento
y el germen del fuego; la segunda en orden de nacimiento [octaedro] es
el elemento del aire, y la tercera [icosaedro],
el del agua».
Para Platón (bajo una aureola de Filosofía
pitagórica), el hacedor del universo creó el orden
a partir del caos primigenio de los elementos por medio de las
formas y los números esenciales de los poliedros, en una
acción que culmina ese ordenamiento en la disposición
armónica de los cinco elementos en el universo físico
(Timeo 57b):
«Y por lo que respecta a las relaciones
numéricas que se hallan en su número, en sus
movimientos y en sus demás propiedades, hay que considerar
siempre que el Dios [...] las ha realizado en todo
de manera exacta, y así ha armonizado matemáticamente
los elementos».
He aquí una bella analogía que concede a los cinco
poliedros regulares el poder de dar forma al mundo material.
Para Lawlor (1993) subyace en Platón una Geometría
Sagrada que actúa como metáfora del orden
universal.
|
Página del Timeo de
Platón, traducido al latín, en el siglo V,
por el helenista hispanorromano Calcidius.
Manuscrito de la Colección Vaticana (Reg.
lat. 1308 fols. 21 verso-22 recto medbio01 NAN.10). |
El Timeo es
un Diálogo de raíz pitagórica donde
Platón expone su cosmogonía. Platón describe
con abundancia de detalles cuáles son las formas fundamentales
inteligibles que imponiéndose a una materia primitivamente
informe, han presidido la concepción y realización
del orden cósmico, en la génesis de todo cuanto
nos rodea en la naturaleza, bajo la acción demiúrgica
del Dios geómetra soberano, que dispuso los cuatro elementos
en la forma y número que exige la necesaria y bella armonía
matemática (53c-53d).
Según Platón
(Timeo, 54a-55c), cuatro de los poliedros regulares –tetraedro,
octaedro, icosaedro y cubo– que son las formas geométricas
más bellas, son, respectivamente, los átomos
de los elementos –fuego, aire, agua y tierra–.
Pero los elementos primigenios originales constituyentes del
mundo material no son propiamente estos poliedros, sino sus
componentes geométricos, formados por dos clases de
triángulos rectángulos –los triángulos
más bellos–; uno es medio cuadrado, es decir,
isósceles, que compone el cuadrado cara del cubo y otro
es medio triángulo equilátero, y por tanto escaleno,
que compone las caras triangulares equiláteras de los
otros tres poliedros.
5. El Libro XIII de Los Elementos de
Euclides
Según Boyer (1986),
los comentaristas griegos atribuyen el contenido del Libro XIII
de Los Elementos de
Euclides (dedicado casi exclusivamente a las propiedades de los
cinco sólidos regulares) a Teeteto.
Puesto que Euclides
se formó en el ambiente
platónico de La Academia de Atenas, debió sufrir
la fascinación y el delirio de sus miembros por los cinco
poliedros regulares, para incluirlos como clímax final,
como glorificación y cenit de un tratado tan brillante
como Los Elementos (González Urbaneja, 2000).
De hecho Proclo, en su Comentario señala:
«Euclides
era platónico,...,
mejoró los trabajos de Teeteto,..., se propuso como
objetivo final del conjunto de sus Elementos la construcción
de los cinco poliedros regulares».
Esta opinión, basada en que Proclo como
filósofo profesaba ciegamente como platónico, es
manifiestamente exagerada, ya que la mayor parte de Los Elementos –los
doce primeros libros, salvo algunas definiciones del Libro XI– no
está relacionada, en modo alguno, con los sólidos
platónicos.
El tratamiento euclídeo de los poliedros
regulares es especialmente importante para la Historia de la
Matemática porque contiene el primer ejemplo de un teorema
fundamental de clasificación. En Euclides no se encuentra –como
en Platón– una definición genérica
de poliedro regular (Euclides, 1986; Heath, 1956) sino que los
introduce uno por uno en las definiciones XI.12 (tetraedro),
XI.25 (cubo), XI.26 (octaedro), XI.27 (icosaedro), XI.28 (dodecaedro).
|
Página inicial de la primera impresión
de Los Elementos de Euclides que tiene lugar
en Venecia en 1482 y se debe al impresor E.Ratdolt. Pertenece
a un incunable de la Biblioteca Nacional de España.
Esta edición se hizo a partir de una versión
arábigo-latina que a su vez era una reelaboración
de la traducción latina de Adelardo de Bath de
1142, comentada por Campano de Novara, a mediados del
siglo XIII.
Seguramente este texto contiene la primera impresión
de figuras geométricas en un libro de contenido matemático.
Para ello dispone de un margen de 8 cm. Ratdolt asegura haber
desarrollado una tecnología que le permitía
imprimir cualquier figura con la misma facilidad que el texto. |
La construcción pitagórica de
los poliedros regulares pudo ser una generalización evidente
al espacio de los mosaicos del plano ya que a juzgar por un testimonio
de Proclo, los pitagóricos descubrieron que los únicos
polígonos regulares que podían recubrir un plano
(a modo de mosaico) son el triángulo, el cuadrado y el
hexágono, según el gráfico siguiente:

En efecto: si m
polígonos regulares de
n lados coinciden en un punto, ya que los ángulos interiores
de un polígono de n lados suman [(n-2)180º] (resultado
atribuido a Pitágoras) se verifica:
=360º,
de donde resulta la ecuación: m(n-2)=2n, cuyas únicas
soluciones enteras son: m=6, n=3 (triángulos), m=4, n=4
(cuadrados), m=3, n=6 (hexágonos).
Este estudio aplicado
a los mosaicos puede aplicarse a los poliedros con la necesaria
modificación de que la
concurrencia de m polígonos regulares de n lados en un
vértice da un ángulo sólido, de modo que
la suma de los ángulos de los polígonos concurrentes
no debe ser mayor de 360º, es decir:
<360º (Euclides XI.21).

El
objeto de los Teoremas del Libro XIII de Euclides es el de inscribir
cada uno de los poliedros regulares en una esfera, construcciones
que Euclides, con una extraordinaria habilidad geométrica,
va obteniendo sucesivamente en las Proposiciones XIII.13 – XIII.17,
hallando la razón de la arista del sólido al radio
R de la esfera circunscrita, obteniendo los resultados que se
sintetizan en la tabla adjunta.
El libro XIII de Los Elementos y
con él
toda la obra de Euclides alcanza su colofón final en la última
proposición, la XIII.18:
«Construir los cinco poliedros regulares
inscritos en la misma esfera y comparar las aristas de las
cinco figuras»:
Euclides
traza la figura siguiente, tomando:
AB diámetro
de la esfera
AC = CB, AD = 2DB,
AH = AB, CL = KC.
Y demuestra, paso a paso, utilizando numerosas
proposiciones anteriores (en particular las de la sección áurea)
que:
- AZ es la arista t del tetraedro
- BZ es la arista c del cubo
- BE es la arista o del octaedro
- MB es la arista i del icosaedro
- NB es la arista d del dodecaedro
Siendo la relación
entre ellas:
-
t2 = (4/3) o2 =
2c2.
-
o2 = (3/2) c2.
-
La arista
i del icosaedro es mayor que la
arista d del dodecaedro.
La última proposición de Euclides
acaba, a su vez, con el teorema de clasificación de los
poliedros:
«Ninguna
otra figura, además
de estas cinco, se puede construir con polígonos equiláteros
y equiángulos».
La demostración es similar a la de los
mosaicos pitagóricos, pero ahora hay que resolver una
inecuación en números enteros: la que resulta de
la Proposición XI.21:
<360º, si
la concurrencia en un vértice es de m polígonos
regulares de n lados.
Esta inecuación es equivalente a (m–2)·(n–2)<4
que da como soluciones geométricas:
para m=3
,
para m=4, n=3 (octaedro), para m=5, n=3 (icosaedro).
6. Los Poliedros en el Renacimiento.
Della Francesca, Luca Pacioli y Durero
Los llamados artistas
matemáticos del
Renacimiento manifestaron gran interés por los poliedros,
propiciado, por una parte, por los estudios platónicos
sugeridos por la reaparición de ciertos manuscritos
con las obras de Platón, y por otra, debido a que estos
sólidos servían como excelentes modelos en los
estudios sobre Perspectiva (Pedoe, 1979).
El estudio más
completo fue realizado hacia 1480 por Piero della Francesca en
su obra Libellus
De Quinque Corporibus Regularibus. Aparte de los tópicos
euclídeos sobre poliedros, en esta obra se redescubren
gradualmente los llamados sólidos arquimedianos o poliedros
semirregulares. Son trece cuerpos igualmente inscriptibles en
una esfera con caras polígonos regulares de dos o tres
tipos, siendo iguales los polígonos que resultan de unir
puntos medios de aristas que concurren en un vértice.
Pappus de Alejandría (1982), que atribuye su invención
a Arquímedes, da una descripción de estos sólidos
en el apartado V.19 de su obra La Colección Matemática e
indica, además, para cada sólido, el número
de caras, aristas y vértices.
Piero della Francesca
fue un experto en relacionar los diversos poliedros; obtuvo unos
a partir de otros y los inscribió sucesivamente.
De esta forma, además del posible número de polígonos
regulares en el plano (infinitos) y de poliedros regulares en
el espacio (sólo cinco) aparece otra distinción
significativa entre ambos tipos de entes: mientras que en el
plano, el triángulo, el cuadrado y el pentágono,
por ejemplo, son geométrica y algebraicamente independientes
unos de otros, los cinco poliedros regulares guardan entre sí íntimas
relaciones estructurales. De ellas la más elemental es
la llamada dualidad o reciprocidad poliédrica
según la cual «el sólido cuyos vértices
son los centros de las caras de uno platónico también
es platónico» y también «el
sólido determinado por los planos tangentes en los vértices
a la esfera circunscrita a un sólido platónico
también es platónico». Un poliedro y
su dual tienen el mismo número de lados y el número
de caras de uno es igual al número de vértices
del otro.
Los cinco poliedros regulares
se clasifican por dualidad en tres grupos: tetraedro
que es dual de sí mismo, cubo-octaedro (el dual del cubo es el octaedro
y viceversa) e icosaedro-dodecaedro (el dual del icosaedro es
el dodecaedro y viceversa) según muestran las siguientes
figuras:

Piero
della Francesca va mucho más allá al
realizar un estudio muy completo de formas de pasar directa o
indirectamente de unos sólidos platónicos a otros,
vinculando de múltiples maneras los diversos poliedros,
algunas de las cuales son estudiadas por Ghyca (1983) y por Lawlor
(1993). También en Guillén (1997) se puede encontrar
un estudio bastante exhaustivo de la interrelación de
sólidos platónicos, a base de buscar de forma sistemática
las posibles inscripciones entre poliedros regulares dispuestos
de tal forma que las simetrías comunes coincidan (por
ejemplo, como el cubo y el octaedro tiene las mismas simetrías,
se podrán inscribir en los mismos poliedros, y también
podrán inscribirse en ellos los mismos poliedros). En
particular, al considerar los pares de poliedros (de un tamaño
adecuado) que tienen exactamente las mismas simetrías,
resultan parejas de sólidos en los que los vértices
del poliedro inscrito yacen en los centros de las caras del otro
poliedro, que son los pares de poliedros que hemos llamado duales.
 |
Grabado de La Divina Proporción de Luca
Pacioli, copia de una ilustración de Libellus De
Quinque Corporibus Regularibus de Piero della Francesca
(Manuscrito Urb. lat. 632 fols. 40 verso de
laBiblioteca Vaticana, 1480)
La imagen representa una original inscripción de
un icosaedro en un cubo, de forma que los vértices
del icosaedro están situados sobre las caras del cubo. |
Luca Pacioli inspirándose en las fuentes
platónicas y euclídeas (y en primera instancia
pitagóricas), en la obra de Vitrubio, en las conversaciones
con Leonardo da Vinci y en los trabajos de Piero della Francesca,
realiza la construcción y hace un estudio exhaustivo de
los poliedros regulares y semirregulares en su obra La
Divina Proporción (Capítulos XXIV-LIV) donde
abundan las referencias esotéricas y místicas (Luca
Pacioli, 1946, 1992).
|
Diseños
de Leonardo da Vinci del icosaedro y del dodecaedro que
aparecen en la obra de Luca Pacioli La Divina Proporción (Venecia,
1509). |
|
El
famoso cuadro realizado por J. de Barbari en 1495 (Museo
de Capidemonte, Nápoles) que representa a Luca Pacioli
rodeado de elementos geométricos alusivos a una
página de Euclides, en relación con los poliedros,
a cuyo estudio está dedicada gran parte de su famosa
obra La Divina Proporción.
En la pintura aparece el dodecaedro como símbolo de
unión mística entre maestro y discípulo
(que representa a Guidobaldo, Duque de Urbino, aunque algún
osado ha querido ver a un joven Durero), así como
uno de los poliedros arquimedianos llamado por Kepler RomboCuboOctaedro,
posiblemente redescubierto por Pacioli. |
Pacioli
estudia la proporción mutua de todas las superficies poliédricas
regulares y la inclusión progresiva de cada uno de los
poliedros en el siguiente, hasta el punto de que el dodecaedro
los contiene a todos. La influencia pitagórico-platónica
le infunde la veneración hacia el dodecaedro, al que llama nobilísimo
cuerpo regular, de forma que interpretando El Timeo platónico,
escribe (La Divina Proporción, Cap. LV):
«La forma
de doce bases pentagonales la atribuyó [Platón] al
cielo como aquello que es receptáculo de todas las cosas, del mismo modo
que el dodecaedro es receptáculo y albergue de todos
los cuerpos regulares, como se puede comprobar por la inscripción
de un cuerpo en otro».
Los trabajos de
Piero della Francesca y Luca Pacioli sobre poliedros tuvieron
una gran incidencia en la posterior Literatura matemática
vinculada al Arte, sobre todo la desarrollada por Durero en
su obra de 1525 Underweysung der
messung, recien editado por vez primera en castellano (Durero,
2000), con el nombre de De la Medida. Se trata
de una especie de enciclopedia geométrica para uso
de pintores, redactada por un gran maestro artista-geómetra
formado en el cruce de las tradiciones prácticas, artesanas,
sabias, artísticas y humanistas, que pretendía dotar
a la creación artística de una base científico-geométrica.
Buena parte del
Libro IV de la obra de Durero está dedicada a los poliedros regulares y semiregulares.
Para Durero los poliedros regulares son sólidos «que
son iguales en todo, caras, ángulos y lados, a los que
Euclides llama “corpora regularia”. Él describe
cinco, pues no pueden ser otros que los que se inscriben en su
totalidad tangentes a una esfera». A continuación,
Durero describe, uno por uno, los cinco poliedros regulares,
indica el número de caras, aristas y vértices,
y representa cada uno de los cuerpos por su desarrollo en un
plano y por dos proyecciones ortogonales sobre los planos horizontal
y vertical, lo que, en alguna medida, es un antecedente de la Geometría
Descriptiva de Monge.

El desarrollo de
Durero permite reconstruir el objeto poliédrico en tres dimensiones: se recorta en
papel la red formada por las caras y se pliega a lo largo de
las aristas de las caras contiguas. Es el mismo procedimiento
utilizado en la escuela para construir los poliedros regulares. El
Libro IV del Underweysung de Durero prosigue con
el estudio de los poliedros arquimedianos (siete en la edición
de 1527 y nueve en la póstuma de 1538). Durero presenta
unos sólidos «que son tangentes con todos sus
vértices a una esfera hueca, aunque tienen caras desiguales»,
en una forma diferente a la de P. della Francesca y a la de Luca
Pacioli. Mientras della Francesca sólo trunca cada uno
de los poliedros regulares, Pacioli obtiene de cada sólido
platónico el cuerpo truncado y el sobrealzado (no
necesariamente arquimediano) que se obtiene al añadir
una pirámide a cada una de las caras, y después
representa en perspectiva (Pacioli, 1992) los diversos cuerpos,
primero macizos y luego vaciados, sobre figuras bellamente diseñadas
por Leonardo. Durero se conforma con dar los desarrollos planos
de los sólidos, después de describir sus elementos
geométricos (caras, aristas y vértices). Lo que
interesa a Durero es su sencilla construcción inspirado
en los modelos de diversas colecciones de poliedros construidas
por Pacioli, que circularon por Italia coincidiendo con la estancia
de Durero en esa tierra.

Durero acaba el estudio de los poliedros con
el siguiente texto (Durero, Akal, 2000, p.304)
«Si
a los cuerpos que se acaban de hacer se les quitan sus
vértices con unos cortes
limpios y posteriormente se vuelven a quitar los vértices
restantes, se pueden realizar diversos tipos de cuerpos».
En relación con estas palabras, Durero
pudo ser fascinado, además, por una idea que desarrolla
Pacioli en el Capítulo LV de La Divina Proporción (Pacioli,
Akal, p.102):
«No me parece conveniente [...] extenderme
más sobre dichos cuerpos [poliedros] pues
su desarrollo tiende hacia el infinito por el continuo y
sucesivo corte de su ángulos sólidos, según
el cual se multiplican sus diversas formas».
|
Durero.
Cabeza de hombre (Cuaderno de Dresden). M.Ghyca
titula de forma anacrónica a esta lámina «estudio
cubista» (Estética de las proporciones
en la Naturaleza y en las Artes. Poseidón.
Barcelona, 1983, p.189), como admitiendo la influencia
estética de las concepciones poliédricas
de Durero sobre el Cubismo. |
Si se truncan los ángulos de un poliedro
y se sustituyen por facetas, se obtienen cuerpos de complejidad
creciente que pueden proporcionar una aproximación a los
cuerpos delimitados por superficies curvas cualesquiera como
las que conforman el cuerpo humano. El Neoplatonismo renacentista
vigente, bajo el impulso de Marsilio Ficino, abonaría
la idea de origen platónico, según la cual no sólo
los entes materiales, sino también toda criatura, por
designio divino, estarían compuestos por combinaciones
poliédricas. A partir de esta idea se puede comprender
el gran interés que los artistas y teóricos renacentistas
prestaron al estudio de los poliedros.
De hecho, Durero
intentará, una y otra
vez, representar el cuerpo humano y sus posiciones en movimiento,
encerrando sus miembros en cuerpos regulares o derivados de ellos;
por eso estudia la manera de ponerlos en perspectiva y de construir
su sombra. A ello se aplica al final del Underweysung,
donde enseña cómo construir el dibujo en perspectiva
de un cubo con su sombra, iluminado y situado sobre un plano
horizontal.
Además, en diversos manuscritos de Durero
se han encontrado tentativas de representación en perspectiva
de los poliedros, lo que tendrá gran influencia en el
desarrollo ulterior de la Perspectiva en el Arte del Renacimiento.
A partir del Renacimiento
abunda la Literatura poliédrica y buena muestra de ello son las ilustraciones
siguientes donde aparece el simbolismo poliédrico sobre
todo con modelos similares a los de Leonardo:

7. La
Cosmología
poliédrica de Kepler
Kepler fue de tal modo
seducido por la cosmogonía
pitagórico-platónica que elaboró una Cosmología
basada en los cinco sólidos regulares, en la creencia
de que estos serían la clave utilizada por el creador
para la construcción de la estructura del Universo. En
la época de Kepler sólo se conocían seis
planetas, Mercurio, Venus, la Tierra, Marte. Júpiter y
Saturno. Mientras que hay infinitos polígonos regulares
sólo existen cinco poliedros regulares. No podía
ser una casualidad, la mano del Dios geómetra no
improvisa. Según Koestler (1985), Kepler pensó que
los dos números estaban vinculados: «hay sólo
seis planetas porque hay sólo cinco poliedros regulares» y
da una visión del sistema solar que consiste en sólidos
platónicos inscritos, encajados o anidados unos dentro
de otros, relacionando los radios de las esferas concéntricas
circunscritas que intervienen con las órbitas de los planetas.
Al creer que había reconocido el esqueleto invisible del
Universo en esas estructuras perfectas que sostenían las
esferas de los seis planetas, llamó a su revelación El
Misterio Cósmico. Dentro de la órbita o esfera
de Saturno Kepler inscribió un cubo; y dentro de éste
la esfera de Júpiter circunscrita a un tetraedro. Inscrita
en éste situó a la esfera de Marte. Entre las esferas
de Marte y la Tierra estaba el dodecaedro; entre la Tierra y
Venus el icosaedro; entre Venus y Mercurio el octaedro. Y en
el centro de todo el sistema el Astro Rey, el Sol. La Geometría
pitagórica tamizada por el idealismo místico y
filosófico de Platón y por la estructuración
euclídea, permitió a Kepler vislumbrar una
imagen de la perfección esplendente del Cosmos trasunto
de la excelsitud del Creador a través de la Sagrada Geometría
(Lawlor, 1993). Las minuciosas mediciones astronómicas
de su amigo Tycho Brahe hicieron evolucionar el pensamiento de
Kepler, tras gigantescos esfuerzos intelectuales, hacia el descubrimiento
de sus famosas leyes planetarias, pero esto es otra historia.
|
Modelo
cosmológico de Kepler basado en los sólidos
platónicos e inspirado en los modelos de Leonardo.
En el detalle aparecen las esferas de Marte, la Tierra, Venus
y Mercurio con el Sol en el centro.
Grabado de la obra de Kepler Mysterium Cosmographicum (1596).
Biblioteca Universitaria de Basilea. |
Kepler había quedado tan impresionado
por las asociaciones que hace Platón en El Timeo de
los sólidos regulares con los elementos naturales primarios
de Empédocles, que intentó dar una ingeniosa explicación
de las mismas, justificativa de la Cosmogonía pitagórico-platónica
(Sagan, 1982). Kepler asume intuitivamente que el tetraedro encierra
el menor volumen para su superficie, mientras el icosaedro encierra
el mayor. Siendo las relaciones superficie-volumen cualidades
de sequedad y humedad, y ya que el fuego es el más seco
de los cuatro elementos y el agua el más húmedo,
el tetraedro debe representar el fuego y el icosaedro el agua.
El cubo, al ser el poliedro de mayor estabilidad, es asociado
con la tierra. El octaedro como cogido por sus dos vértices
opuestos con los dedos pulgar e índice puede hacérsele
girar fácilmente, tiene la inestabilidad del aire. Finalmente
el dodecaedro es asociado con el universo porque tiene doce caras
como doce son los signos del zodiaco.
|
Imágenes
poliédricas de la obra de Kepler Harmonice Mundi (1619):
- Representación poliédrica
visual de la Cosmogonía
pitagórico-platónica.
- Poliedros estrellados de Kepler.
|
Kepler introdujo los llamados poliedros
estrellados de gran importancia en la actualidad tanto
en la Ciencia como en el Arte. Hacia 1970 el ruso Arnold empezó a
buscar principios de clasificación de estos poliedros
y otros científicos han especulado con la posibilidad
de aplicar estos entes geométricos a la clasificación
de las partículas elementales de la Física. Si
Kepler aplicó la mística de los Sólidos
Platónicos para entender el Macrocosmos ¿no
se estará intentando aplicar una nueva mística,
la de los Poliedros de Kepler, a la comprensión
del Microcosmos atómico?

Sello de Kepler con su sistema planetario poliédrico.
Hungría, 1980.
8. Los
poliedros en los tiempos modernos
La famosa Fórmula
de Euler que
relaciona caras, vértices y aristas de un sólido
platónico: «en todo poliedro convexo, el número
de vértices menos el número de aristas más
el número de caras es igual a dos» (V – A
+ C = 2), es posible que fuera conocida por Teeteto y por Arquímedes,
pero es Descartes quien primero la establece hacia 1635, aunque
este hecho no fue conocido hasta 1860 con la publicación
de sus Oeuvres inédites por P.Tannery. Euler
la obtuvo de nuevo de forma independiente en 1752, dando una
sencilla prueba inductiva. Hoy se estudia como un invariante
topológico y es uno de los tópicos más representativos
de la moderna Topología Algebraica, en relación
con la Característica de Euler-Poincaré de
una superficie.
|
- Sello de la antigua Alemania Oriental alusivo a la Fórmula
de Euler de los poliedros, emitido en el segundo
centenario de la muerte del gran matemático.
- Imagen del último sello emitido con la efigie
de Euler. Conmemora el 300 aniversario de su nacimiento
(Suiza, 2007). Contiene también la famosa Fórmula
de Euler de los poliedros.
La Fórmula de Euler de los poliedros es
una de las más importantes de la Matemática
elemental, Puede considerarse que con ella nace una nueva
rama de las Matemáticas: la Topología.
En términos de la Matemática actual esta
fórmula muestra un invariante algebraico asociado
a un espacio topológico, lo que quiere decir que
se mantiene bajo deformaciones continuas del objeto y tiene
como consecuencia fundamental el que haya únicamente
cinco poliedros regulares.
Además, la simetría entre Vértices y
Caras está vinculada a la conocida dualidad entre
poliedros: Cubo-Octaedro, Dodecaedro-Icosaedro, y Tetraedro-Tetraedro. |
A partir de la Fórmula de Euler se
puede demostrar por procedimientos muy elementales (Courant,
1971, Sagan, 1982) la proposición que culmina con broche
de oro la composición de Euclides: la existencia de justamente
cinco poliedros regulares distintos.
Cada poliedro se caracteriza
por el símbolo
(p,q) que significa que concurren en cada vértice q caras
p-gonales. En el caso de un poliedro regular, además de
la Fórmula de Euler se verifican las siguientes
sencillas relaciones numéricas (Coxeter, 1989):
q·V = 2·A = p·C,
de
donde se obtienen fórmulas que permiten
expresar V, A y C como funciones de p y q.
En efecto:

De donde se obtiene:

Ya
que estos números deben ser positivos
y así son los numeradores, también deben ser positivos
los denominadores, de modo que los posibles valores de p y q
están restringidos por la desigualdad: 2p+2q–pq > 0
o la equivalente (p–2)·(q–2) < 4, de modo
que los únicos productos posibles pueden ser:
1·1 o 2·1 o 1·2 o 3·1 o 1·3.
Estas
cinco posibilidades nos dan una prueba elemental del aludido
Teorema de Euclides: la existencia de justamente cinco sólidos platónicos
que corresponden a los tipos:
(3,3), (4,3), (3,4),
(5,3), (3,5).

A
finales del siglo XIX el estudio de los poliedros recibió nuevo impulso con la aplicación
de la Teoría
de Grupos en Matemáticas y Cristalografía,
sobre todo por parte de F.Klein, que en su obra El Icosaedro
y la Solución de las Ecuaciones de Quinto Grado,
estudia los grupos de simetrías de los poliedros regulares
obteniendo (Artmann, 1996):
- El Grupo Tetraédrico que
es isomorfo con el grupo alternado A4 de las permutaciones
pares de cuatro elementos.
- El Grupo Octaédrico (que
es el mismo que el grupo del cubo), isomorfo con el grupo simétrico
S4 de las permutaciones de cuatro elementos.
- El Grupo Icosaédrico (que
es el mismo que el Grupo Dodecaédrico), isomorfo
con el grupo alternado A5 de las permutaciones pares
de cinco elementos.
La consideración
de estos grupos permite explicar la dualidad entre el octaedro
y el cubo así como entre el icosaedro y el dodecaedro
y en general situar la Teoría de los Sólidos
Platónicos en una perspectiva totalmente nueva, relacionando
campos muy diversos de las Matemáticas como los poliedros
regulares, la Teoría de Grupos y la resolubilidad
de las ecuaciones algebraicas mediante radicales.
9. Los Poliedros
en el Arte del siglo XX: Gaudí,
Escher y Dalí
Las formas poliédricas
en el Arte de Gaudí
Gaudí desarrolló una capacidad casi milagrosa
de utilizar todas las formas geométricas y no sólo
como nueva morfología estética sino como componente
estructural desde la perspectiva gravitatoria de las cargas,
es decir, la estética al servicio de la estática.
Se definía así mismo como geómetra («yo
soy geómetra que quiere decir hombre de síntesis»)
y al considerar la naturaleza como fuente de inspiración
de muchas de sus formas geométricas, Gaudí escribía: «en
la naturaleza está el principio y el fin de todas las
formas». No es extraño, pues, que las formas
poliédricas fueran un tópico habitual para el genio.
Gaudí utilizó luces en forma de dodecaedro tanto
en la cripta de la Sagrada Familia como en la catedral de Palma
de Mallorca y es curioso saber que colgaban del techo de su obrador
algunos poliedros.
En los pináculos de los campanarios la Sagrada Familia,
tanto en la fachada del Nacimiento como en la de la Pasión,
aparecen complejas formas resultantes de la intersección
de diversos poliedros (sobre todo cubos y octaedros) con esferas
provistas de vaciados cilíndricos funcionales que crean
espacios donde situar la original iluminación. En los
cuatro pináculos de los campanarios de la fachada de la
Gloria están presentes dodecaedros regulares.
Según
Alsina (2002):«Si en las proporciones
de la Sagrada Familia, Gaudí optó por las relaciones
1/4, 1/3, 1/2, 2/3, 3/4, 1, asociadas a los divisores de 12
y hay doce campanarios con pináculos, no es de extrañar
que los tres poliedros regulares que intervienen sean el cubo
y el octaedro de 12 aristas y el dodecaedro de doce caras».

|
Las torres de la
Sagrada Familia, por su despliegue geométrico poliédrico,
donde abunda la maclación (intersección)de
cuerpos geométricos, fue el anagrama del Año
Mundial (2000) de las Matemáticas en Cataluña.
Figuras 3, 4 y 5 de la ilustración:
- Poliedro pseudoregular obtenido
por truncamiento de los vértices
de un octaedro o de un cubo
y una esfera interior, secante
en todas sus caras,
- Formación del poliedro por truncamiento de vértices
del octaedro regular.
- Formación del poliedro por truncamiento
de vértices del cubo.
|
|
C.Alsina. Gaudí.
La búsqueda de la forma. Lunwerg. Barcelona,
2002, (p.118):
Pináculo de San Bernabé. Proceso de maclación
sucesiva de un cubo, un octaedro y un cilindro para la formación
del poliedro pseudoregular con casquetes esféricos
que sobresalen en algunas caras o vaciados cilíndricos
funcionales donde situar la original iluminación. |
El mágico universo poliédrico de Escher
Como
en otros muchos artistas, la Geometría ha servido
a Escher uno de los argumentos más importantes en sus
especulaciones artísticas, hasta el punto de que llega
a escribir que él mismo no está seguro de si está haciendo
Arte o Matemáticas.
Escher estaba fascinado por la misteriosa
regularidad de las formas minerales con las que debía tener frecuente contacto
al tener un hermano que era geólogo de profesión: «hay
algo de estremecedor en las leyes que gobiernan las formaciones
cristalinas». De ahí nace su interés
por los poliedros, cuyas formas utilizará con asiduidad
en los múltiples modelos de diversos materiales y en numerosos
grabados donde los dibuja en diversas posiciones. Con el fin
de tenerlos siempre presentes, Escher construyó con hilo
y alambre un modelo de los cinco cuerpos platónicos, inscritos
unos en otros, que le acompañaba siempre.
Los poliedros
son el tema principal en las siguientes dibujos de Escher: Cristal (1947), Estrellas (1948), Planetoide
doble (1949), Orden y caos (1950), Gravitación (1952), Planetoide
tetraédrico (1954). Como tema secundario también
aparecen en numerosos grabados, entre ellos Reptiles (1943)
y Cascada (1961).
Entre las piezas de arte más interesantes de Escher está el Poliedro
con flores (1958) que consiste en cinco tetraedros que
al compenetrarse mutuamente dan lugar a una especie de dodecaedro
romboidal en forma de estrella. Otra curiosa pieza es la Galletera (1963)
en forma de icosaedro adornado con conchas y estrellas de mar.
Entre los mundos fantásticos que Escher diseña
sobresale un extravagante edificio submarino, plamado en la litografia Platelmintos (1959),
con la que demuestra que es posible rellenar sin hueco alguno
una superficie, alternado la presencia de tetraedros y octaedros.
Para una comprobación de este hecho mediante ensamblados
de desarrollos planos de ambos poliedros, véase Ernst
(1994).

El
misticismo poliédrico en la creatividad de
Dalí
Para Dalí, como para otros muchos artistas, la Geometría
proporciona importantes argumentos en las reflexiones teóricas
previas a la obra de arte. En particular la Divina Proporción
y los poliedros regulares, además de las implicaciones
estéticas acreditadas por su presencia en algunos de sus
cuadros, asumen una función de orden cosmológico,
científico, teológico y simbólico. En la
aplicación constante de la Matemática a su pintura,
Dalí sintetiza siglos de tradición simbólica
pitagórica (González Urbaneja, 2001).
Dalí se había interesado en los años 30
del pasado siglo por las investigaciones de M. Ghyka acerca de
la sección áurea, la geometría y la numerología
pitagóricas, lo que deja una huella en su arte que adquiere
una estrecha relación entre Ciencia y Religión
(Weyers, 2000).
Como reminiscencia platónica la mitología en torno
al dodecaedro le ha servido a Dalí para evocar y asumir
una fuerte carga simbólica en algunas de sus composiciones.
|
- Dalí. El Sacramento de la Eucaristía
en la Última Cena. 1955. Colección
Chester Dale. Galería Nacional de Arte. Washington.
La Última Cena tiene lugar bajo la quintaesencia
del Dodecaedro cósmico, el símbolo
pitagórico-platónico del universo.
- Dalí. A la búsqueda de la cuarta
dimensión. Óleo sobre tela. Colección
particular 1979. La pareja de espaldas recuerda a
Platón y Aristóteles en La Escuela
de Atenas, de Rafael.
- Dalí. Corpus hypercubus. 1954. Metropolitan
Museum of Art, Nueva York. Representación de
la Crucifixión de Cristo en una cruz que geométricamente
es una yustaposición de ocho cubos (Baig, 1990),
desarrollo tridimensional de un hipercubo tetradimensional
(de forma análoga al desarrollo de un
cubo de tres dimensiones en una figura plana en forma
de cruz). «Al pintar la cruz [de
esta forma] Dalí simboliza la creencia cristiana
ortodoxa de que la muerte de Cristo fue un acontecimiento
metahistórico, que tuvo lugar en una región [el
más allá], que trasciende a nuestro
tiempo y espacio tridimensional» (Gardner,
1981).
|
|
10. Epílogo
La
belleza y el misterio de los sólidos regulares que
alumbraron los pitagóricos y encantaron a los platónicos
continúan fascinando en la actualidad, tanto como en las épocas
helénica y renacentista, encendiendo la fantasía
a todo tipo de artistas.
Hoy
en día hay una corriente artística, muy ligada
al mundo científico, cuyas obras representan figuras de
poliedros o de sus deformaciones que consiguen en sus diseños
creaciones muy bellas. Numerosas ilustraciones y referencias
muy documentadas de ellas se pueden encontrar en el casi inconmensurable
ciberespacio de Internet. Destaca especialmente por su rigor
geométrico, histórico y estético la página
web de George Hart:
www.georgehart.com/virtual-polyhedra/vp.html
Beethoven de Paul Flavin (1996).
Recreación poliédrica del rostro de Beethoven,
reminiscencia actual de las ideas de Platón y de Durero.
Nota: La
mayor parte
del contenido de este texto es la traducción al castellano del
siguiente artículo que he publicado
en catalán:
GONZALEZ URBANEJA, P.M.: Els
sòlids pitagòricoplatònics. Geometria, Art, Mística
i Filosofia. BIAIX. 21, pp. 10-24,
12/03. Federació d’entitats per a l’Ensenyament de les Matemàtiques
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