6.
Los Poliedros en el Renacimiento. Della Francesca,
Luca Pacioli y Durero
Los llamados
artistas matemáticos del
Renacimiento manifestaron gran interés
por los poliedros, propiciado, por una parte,
por los estudios platónicos sugeridos
por la reaparición de ciertos manuscritos
con las obras de Platón, y por otra, debido
a que estos sólidos servían como
excelentes modelos en los estudios sobre Perspectiva
(Pedoe, 1979).
El estudio más completo
fue realizado hacia 1480 por Piero della Francesca
en su obra Libellus
De Quinque Corporibus Regularibus. Aparte
de los tópicos euclídeos sobre
poliedros, en esta obra se redescubren gradualmente
los llamados sólidos arquimedianos o
poliedros semirregulares. Son trece cuerpos
igualmente inscriptibles en una esfera con
caras polígonos
regulares de dos o tres tipos, siendo iguales
los polígonos que resultan de unir puntos
medios de aristas que concurren en un vértice.
Pappus de Alejandría (1982), que atribuye
su invención a Arquímedes, da
una descripción de estos sólidos
en el apartado V.19 de su obra La Colección
Matemática e indica, además,
para cada sólido, el número de
caras, aristas y vértices.
Piero della
Francesca fue un experto en relacionar los
diversos poliedros; obtuvo unos a partir de
otros y los inscribió sucesivamente.
De esta forma, además del posible número
de polígonos regulares en el plano (infinitos)
y de poliedros regulares en el espacio (sólo
cinco) aparece otra distinción significativa
entre ambos tipos de entes: mientras que en
el plano, el triángulo, el cuadrado
y el pentágono, por ejemplo, son geométrica
y algebraicamente independientes unos de otros,
los cinco poliedros regulares guardan entre
sí íntimas
relaciones estructurales. De ellas la más
elemental es la llamada dualidad o reciprocidad poliédrica
según la cual «el sólido
cuyos vértices son los centros de
las caras de uno platónico también
es platónico» y también «el
sólido determinado por los planos
tangentes en los vértices a la esfera
circunscrita a un sólido platónico
también
es platónico». Un poliedro
y su dual tienen el mismo número de
lados y el número de caras de uno es
igual al número de vértices del
otro.
Los cinco poliedros regulares
se clasifican por dualidad en
tres grupos: tetraedro que es dual de sí mismo,
cubo-octaedro (el dual del cubo es el octaedro
y viceversa) e icosaedro-dodecaedro (el dual
del icosaedro es el dodecaedro y viceversa)
según
muestran las siguientes figuras:

Piero della
Francesca va mucho más allá al
realizar un estudio muy completo de formas
de pasar directa o indirectamente de unos sólidos
platónicos a otros, vinculando de múltiples
maneras los diversos poliedros, algunas de
las cuales son estudiadas por Ghyca (1983)
y por Lawlor (1993). También en Guillén
(1997) se puede encontrar un estudio bastante
exhaustivo de la interrelación de sólidos
platónicos, a base de buscar de forma
sistemática las posibles inscripciones
entre poliedros regulares dispuestos de tal
forma que las simetrías comunes coincidan
(por ejemplo, como el cubo y el octaedro tiene
las mismas simetrías, se podrán
inscribir en los mismos poliedros, y también
podrán
inscribirse en ellos los mismos poliedros).
En particular, al considerar los pares de poliedros
(de un tamaño adecuado) que tienen exactamente
las mismas simetrías, resultan parejas
de sólidos en los que los vértices
del poliedro inscrito yacen en los centros
de las caras del otro poliedro, que son los
pares de poliedros que hemos llamado duales.
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Grabado de La Divina Proporción de
Luca Pacioli, copia de una ilustración
de Libellus De Quinque Corporibus
Regularibus de Piero della Francesca
(Manuscrito Urb. lat. 632 fols. 40
verso de laBiblioteca Vaticana,
1480)
La imagen representa una original inscripción de
un icosaedro en un cubo, de forma que los
vértices del icosaedro están
situados sobre las caras del cubo. |
Luca
Pacioli inspirándose en las fuentes
platónicas y euclídeas
(y en primera instancia pitagóricas), en la obra de Vitrubio, en las conversaciones
con Leonardo da Vinci y en los trabajos de Piero della Francesca, realiza la
construcción y hace un estudio exhaustivo de los poliedros regulares y
semirregulares en su obra La Divina Proporción (Capítulos
XXIV-LIV) donde abundan las referencias esotéricas y místicas (Luca
Pacioli, 1946, 1992).
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Diseños
de Leonardo da Vinci del icosaedro y
del dodecaedro que aparecen en la obra
de Luca Pacioli La Divina Proporción (Venecia,
1509). |
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El
famoso cuadro realizado por J. de Barbari
en 1495 (Museo de Capidemonte, Nápoles) que representa a Luca
Pacioli rodeado de elementos geométricos
alusivos a una página de Euclides,
en relación con los poliedros,
a cuyo estudio está dedicada gran
parte de su famosa obra La Divina
Proporción.
En la pintura
aparece el dodecaedro como símbolo de unión mística
entre maestro y discípulo (que representa
a Guidobaldo, Duque de Urbino, aunque algún
osado ha querido ver a un joven Durero),
así como uno de los poliedros arquimedianos
llamado por Kepler RomboCuboOctaedro, posiblemente
redescubierto por Pacioli. |

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