| Como
era de esperar dedicamos este mes la sección
al último y publicitado estreno de Alex
de la Iglesia. También proseguimos con éxito
nuestra tarea de probar si para cada número
natural, existe una película cuyo título
en castellano lo contenga.
Probablemente
la mayor parte de los amigos de DivulgaMAT haya
leído hace tiempo el libro
de nuestro compañero y colaborador de
la sección de literatura Guillermo Martínez.
La película, estrenada en nuestro país
el pasado 18 de enero, no les habrá deparado
por tanto grandes sorpresas, salvo que, contrariamente
a lo que sucede con las adaptaciones literarias,
refleja bastante bien el espíritu de la
novela y la historia original. Nos centraremos
en lo que sigue a analizar un poco el contenido
y las referencias matemáticas que aparecen
(pocas como casi siempre), procurando no fusilar
demasiado el argumento para los que no la hayan
visto aún ni leído la novela, aunque
probablemente los que sí lo hayan hecho,
pensaran que contamos demasiado. Seguramente
sea así, pero trataremos de que los primeros
no lo noten.
Como
siempre comenzamos por un breve resumen de la
ficha técnica y artística.
Título
Original: The Oxford Murders. Nacionalidad: España/Francia,
2008. Dirección: Alez de la Iglesia.
Guión: Jorge Guerricaechevarría
y Álex de la Iglesia, basada en la
novela homónima de Guillermo Martínez.
Fotografía: Kiko de la Rica,
en Color. Montaje: Alejandro Lázaro
y Cristina Pastor. Música: Roque
Baños. Producción: Mariela
Besuievski, Gerardo Herrero y Álex de
la Iglesia. Duración:
110 min.
Intérpretes:
John Hurt (Arthur Seldom), Elijah Wood (Martin), Leonor Watling
(Lorna), Julie Cox (Beth), Burn Gorman (Podorov),
Anna Massey (Mrs. Eagleton), Jim Carter (Inspector Petersen),
Alan David (Mr. Higgins), Dominique Pinon (Frank), Tom Frederic
(Ludwig Wittgenstein), Ian East (Howard Green), Charlotte
Asprey (Mrs. Howard Green), Martin Nigel Davey (Profesor Wilkes).
Sintetizando
el argumento al modo de
revistas y periódicos, Martin es un joven
norteamericano (argentino en la novela) que viaja
a Oxford con la intención de que uno de
los matemáticos más relevantes
en el campo de la lógica, Arthur Seldom,
le dirija su tesis doctoral. No será fácil,
pero unas extrañas muertes quizá le
faciliten su propósito….
Partamos
del hecho harto evidente de que llevar a la pantalla
una novela de género como ésta
no es sencillo. Recuérdese el infame resultado
de La tabla de Flandes en nuestro país
o la mismísima El código Da
Vinci, con mayores recursos que la primera
y casi tan penosa. Aunque la excusa del dinero
puede influir, hay también múltiples
ejemplos en los que el talento del realizador
mitiga la carencia de presupuesto (Moebius, Cube,
la reciente La habitación de Fermat,
etc. Nótese que algunos de estos ejemplos
también tienen cierta relación
con las matemáticas). Dicho lo cual, Los
crímenes de Oxford resulta una película
visible, aceptablemente rodada (más adelante
haremos algunas matizaciones), interpretada con
oficio por los actores y hasta con algunos momentos
de intriga. Como ocurre con el texto original,
tiene algunos defectos, más acusados en
determinadas escenas. Y es que, como ya se ha
dicho hasta la saciedad, literatura y cine tienen
tempos diferentes, lenguajes diferentes y recursos
diferentes, y la extrapolación literal
entre ellos no suele encajar bien.
Tópicos.
Las películas de género suelen
asumir algunas constantes inherentes al tipo
de que se trate. Los crímenes de Oxford tiene
unos cuantos. Apuntaremos algunos en forma de
pregunta:
¿No existe algún matemático sin tics, personalidad extraña
o extravagante, o sea una persona “normal”?
(es verdad que habría que definir con precisión qué se
entiende por “normal”, aunque si nos ponemos puntillosos llegaremos
a los mismos postulados de Seldon, que aunque a la gente le parezcan excesivamente
rebuscados, son bastante acertados). Por cierto, el de la foto no es John Hurt
por mucho que mogollón de periódicos así lo señalen.
¿Tienen que ser los policías tan torpes e inútiles como
siempre aparecen en este tipo de películas?
¿Por qué a todas las mujeres se les cae la baba (eufemismo para
evitar decir groserías) ante el primer vistazo al protagonista, que
en este caso tiene más bien escaso sex-appeal? (Aquí la ficción
supera la realidad, salvo, supongo, que seas Brad Pitt o, sin exigir tanto,
Ralph Fiennes)
¿Las matemáticas reales sólo sirven en el cine para los
títulos de crédito o mostrar pizarras llenas de fórmulas
imperceptibles (éstas sí que son imperceptibles) al ojo del espectador?
¿Son Pitágoras, Fibonacci, Gödel, Fermat (o su seudónimo),
p, y el efecto mariposa imprescindibles al hablar de matemáticas en
el cine (menos mal que esta vez no hay números primos)?
¿Alguien ha visto alguna vez a algún matemático que jugando
a lo que sea dibuje vectores y haga cálculos por toda la cancha, salvo
el de Numb3rs y este Martin?
¿Los espectadores a los conciertos, la orquesta y la organización
están siempre tan alucinados con la actuación que no se enteran
de lo que pasa a su alrededor, o pasan de ello? ¿Es tan fácil
burlar la seguridad de tales eventos?
Scrabble,
delantales y Hitchcock. ¿La
historia del cine ha dado ya de sí todo
lo que podía? Es verdad que ante tantas
películas es difícil no encontrar
algo repetido. Algunos realizadores como
Brian de Palma califican sus “licencias” como “homenajes”.
Yo no creo que Alex de la Iglesia sea de éstos;
ha demostrado la suficiente solvencia como
para no tener que recurrir a homenajear a
nadie. Sin embargo, cuando estaba viendo
la película hubo detalles que me recordaron
cosas ya vistas alguna vez (flashes que de
repente nos vienen a los espectadores). Por
ejemplo lo del Scrabble me recordó al
Keyser Soze de Sospechosos Habituales improvisando
ante Chazz Palminteri, sólo que allí no
hizo falta explicación redundante
alguna. ¿Y que decir del atuendo de
Lorna? ¿No se lo habrá dejado
Jane March tras utilizarlo en El color
de la noche? Por otro lado, el
realizador ha declarado querer recuperar
el estilo de Hitchcock: nada me lo recordó excepto
la escena en los tejados del concierto con
fuegos artificiales y disfraces en Blenheim
Palace (Hitch planteaba momentos similares
en monumentos emblemáticos: Estatua
de la Libertad, Monte Rushmore, Albert Hall,
etc., aunque con mejores resultados. He de
confesar que me ha disgustado muchísimo
esa escena. No me parece que esté bien
resuelta, por mucho que John Hurt se desquitara
de su papel en V de Vendetta). Blenheim
Palace es un lugar muy cinematográfico.
Allí se rodaron escenas de Indiana
Jones y la última cruzada, Los
Vengadores, Barry Lindon, Las
cuatro plumas, el Hamlet de
Kenneth Branagh, Harry Potter y la orden
del Fénix, Orlando, Greystoke,
entre otras menos populares.
“El único crimen perfecto
no es aquel que queda sin resolver sino el
que se resuelve con un falso culpable”. Hay
cineastas que gustan de ser crípticos,
que el espectador se coma el coco, a veces
sin siquiera existir explicación alguna;
otros por el contrario, seguramente para
que el espectador no se mosquee, dejan claro
hasta el último detalle de la película.
En Los asesinatos de Oxford (si
traducimos textualmente el título
original en inglés; un asesinato es
un crimen, pero hay otros crímenes
como robos, violaciones, etc., que no son
asesinatos. Vamos que no es lo mismo, y aquí,
en efecto todo son crímenes). A lo
largo de todo el metraje, en el tráiler,
hay suficientes pistas como para deducir
la realidad de lo sucedido (teorema de incompletitud
de Gödel: Seldom nos lo recuerda, “Hay
una grieta entre lo verdadero y lo demostrable”).
Al finalizar la película, la sensación
que se tiene es la de que el director quiere
asegurarse de que nos enteramos, y plantea
en el museo de las falsificaciones (“el
lugar que contiene más verdad de todo
el planeta, porque todo es falso”)
un recorrido por toda la película
otra vez, que sinceramente está de
más. O al menos se puede exponer más
disimuladamente, sin que algunos nos sintamos
unos imbéciles. Aunque he de reconocer
que nada más terminar la proyección,
en el cine, una señora de mediana
edad detrás de mí, exclamó,
a pesar de todo: ¿Pero quien era
el asesino?
Una película
muy “British”. Está claro
que Guillermo Martínez ha querido en su novela plasmar el peculiar ambiente
de una ciudad universitaria e histórica como Oxford a la vez que, es
de suponer, hacerle un homenaje. Alex de la Iglesia también. Así que
prácticamente todo lo que aparece en la película destila una
atmósfera muy británica (salvo Leonor Watling, la falsificación
del pórtico de la gloria, la recreación de la batalla de Austwitz
en maqueta, Napoleón incluido, y Fibonacci y Pitágoras): referencias
a Alan Turing, Lewis Carroll, la rivalidad Oxford-Cambridge, la musiquilla
a lo Mr. Chips nada más llegar Frodo (perdón Martin) a la ciudad,
las localizaciones, Andrew Wiles (o su seudónimo Wilkes), los actores
británicos, en fin, prácticamente todo. Habría
estado bien meter en algún lado un poco de Beatles
o de Rolling.
Lo
que me gustaría destacar es un lugar
insuperable, para pasarse días y días
admirando libros. La librería Blackwell
en Broad Street, con una sala, la Norrington
Room de unos 900 m2 de superficie, la mayor de
Europa, excavada bajo los vecinos jardines del
Trinity College. Benjamin Blackwell la fundó en
1879 en un lugar de apenas doce metros cuadrados,
con apenas 700 libros usados (hoy alberga más
de 250000 ejemplares en la sede principal, ya
que tiene otras nueve librerías especializadas
distribuidas por otros lugares).
¿Podemos
conocer la verdad? La primera aparición
de Arthur Seldom es en una conferencia (escena
que luego se repetirá con Martin presente).
Vemos a una persona soberbia, muy segura de
si misma, prepotente incluso (“La
filosofía ha muerto, porque de lo que
no se puede hablar, mucho mejor es callarse”).
O sea que lo normal es que no se digne ni a
mirar a la cara a un anónimo estudiante
que quiere que le dirija una tesis. Además,
ya le advierten que Seldom ya sólo se
dedica a sus conferencias y a escribir libros
(como dice el compañero de Martin, Podorov, “Dejad
las matemáticas y dedicaros a los cuentos
para niños”, en clara referencia
a Lewis Carroll y su Alicia, que por si no
queda claro, habla a continuación del
sombrerero loco. Claro que también se
refiere al propio Seldom, y hasta podría
incluir en el saco a la famosa autora de Harry
Potter, también súbdita de la
Gran Bretaña). Con estos antecedentes
uno se pregunta, ¿por qué ese
cambio de actitud en Seldom?
¿Qué pasa
si entra un jugador más? Watling
vs. Wood. Como ya se dijo previamente,
el trabajo de ambos es aceptable, pero como
pareja no encajan en ningún momento
(sólo me pareció creíble
el coscorrón que ella se pega al caerse
de la cama). Me recordó la pareja
de la insufrible El código Da
Vinci. Ella parece desplazada, a disgusto,
siempre por detrás de los dos personajes
principales. Pero el problema no es de ella,
sino de un guión que, salvo las escenas
más íntimas con Martin, no
le ofrece demasiado. Y es una lástima
porque es una excelente actriz. La acción
(bueno, los diálogos) recae mayoritariamente
entre Seldom y Martin; el resto de personajes
son más bien comparsas que aparecen
por allí (se necesita a alguien a
quien matar). Ese es uno de los principales
inconvenientes para un público que
iba con la idea de ver otra cosa, probablemente,
más espectacular, más comercial.
Vale, pues la respuesta de Martin a la pregunta
inicial del párrafo, “Que
hay que considerar más variables”.
“No
existe ninguna verdad fuera del mundo de
las matemáticas”.
Aunque en la película no aparecen
demasiado, más bien son asuntos relacionados
con la filosofía de la lógica
y las propias matemáticas, y referencias
a matemáticos o resultados célebres.
A principios del siglo XX hubo una gran crisis
en el mundo de la ciencia, relacionada con
la fundamentación de la misma. Dentro
de las matemáticas surgen varias líneas
diferentes de pensamiento. Tres fueron las
más destacadas: la de los logicistas,
la de los formalistas y la de los intuicionistas.
Para los primeros, la matemática se
basa en la lógica, por lo que todo
debe traducirse en términos de proposiciones
lógicas a partir de las cuales demostrar
otros resultados. Nada de imaginar figuras
o de buscar similitudes entre el mundo físico
y la matemática. Sus principales valedores
fueron los ingleses Alfred Whitehead y Bertrand
Russell. Los formalistas conciben la matemática
como un juego combinatorio, sin sentido real
alguno, en el que hay una serie de reglas
formales convenidas de antemano con las que
desarrollar tal juego. El principal defensor
de esta línea de pensamiento fue el
alemán David Hilbert. Finalmente,
L. E. J. Brouwer consigue reunir a los que
no convencen ninguna de las anteriores ideas
en un tercer grupo que opina que es la lógica
la que se funda en las matemáticas.
Para avanzar hay que descubrir nuevas propiedades
y para ello no hay que dudar en dibujar,
imaginar, examinar el mundo real (Los
elementos y axiomas de la matemática
son mucho menos arbitrarios de lo que podría
parecer). Desde la época griega
(y puede que desde antes), la lógica
se basaba en tres principios “sagrados”:
1.-
ley de la identidad: A es A.
2.- ley
de la contradicción: A no puede ser
a la vez B y no B.
3.- ley
del tercio excluso: A es o bien B o no B, pero
no hay una tercera alternativa.
Los intuicionistas
rechazan la tercera ley (nunca mejor defendida
su postura con su propia existencia, una tercera
posibilidad entre las otras dos). Brouwer propone
a los otros grupos la siguiente cuestión para decidir si es verdadera
o falsa: La sucesión de dígitos
123456789 aparece consecutivamente en algún
lugar de la representación decimal de
π. Como no hay método alguno por ahora
que pueda decidir en tiempo finito tal aseveración,
no es posible aplicar la ley del tercio excluso
para declarar que la proposición es cierta
o falsa.
Y estos
problemas de fundamentación no surgen sólo en la matemática:
anteriormente, en la filosofía del lenguaje aparece Ludwig Wittgenstein,
filósofo austriaco nacionalizado posteriormente británico que
influyó en el positivismo lógico del llamado Círculo de
Viena. Fue discípulo de Bertrand Russell en el Trinity College de Cambridge. ¿Representa
la estructura del lenguaje la de la realidad? ¿Es coherente la idea
de un lenguaje lógico? En vida escribe un único libro, el Tratactus
Lógico-Philosophicus que Seldom
enarbola como paradigma en sus conferencias.
En la Física la revolución aparece
con el principio de incertidumbre de
Heisenberg (Es imposible poder determinar
la posición exacta de una partícula
en un momento determinado) y en la matemática
el teorema de indecibilidad de Gödel (Hay
proposiciones perfectamente construidas de las
que no es posible poder determinar su certeza
o falsedad), ambas mencionadas en la película
con bastante acierto.
Más
adelante, Mrs. Eagleton menciona su colaboración
en el desciframiento de la máquina Enigma de
los nazis. Aparece en una fotografía
trucada con Alan Turing, del que dice que “murió de
forma muy extraña, comiendo una manzana
como Blancanieves”.
Se trata de un caso no aclarado como todos sabrán
(se habló de
suicidio) en el que las malas lenguas siempre
han apuntado a un envenenamiento y en el que
también aparece en danza su declarada
homosexualidad. Ya hablaremos de este personaje
con más calma, cuando comentemos el telefilme
de la BBC sobre su vida, maravillosamente interpretado
como siempre por Sir Derek Jacobi (Yo, Claudio).
Mrs Eagleton afirma también que
su difunto marido definió las dimensiones
fractales, lo cual es absolutamente falso hasta
donde sabemos, ya que este concepto fue intuido
por Felix Hausdorff y desarrollado por Benoit
Mandlebrot (que por cierto aún vive y
puede pedir cuentas por esta apropiación
indebida).
Luego
llegamos al ridículo en
que pone Seldom a Martin públicamente
por su defensa de las matemáticas. “¡Yo
creo en el número π!”. “La
belleza y la armonía de un copo de nieve. ¡Qué poético,
qué bonito! ¿Por qué no
se lo dice a un enfermo de cáncer? ¿Por
qué no le dice que las matemáticas
no pueden predecir la evolución
del tumor, o porqué sus células
degeneraron a ese tumor?¿Quién
ha sido capaz de predecir un solo huracán? ¿Belleza
en el cáncer?¿La
vida tiene sentido?¿Se rige por la lógica
o por el azar? Esto no tiene nada que ver con
la verdad. Es sólo miedo. Triste pero
es lo que hay”. Argumentos duros
pero todos rebatibles, Sr. Seldom. Tiempo al
tiempo. También menciona en si discurso
la obra Apologia de un
matemático, de otro ilustre inglés,
G. H. Hardy.
Ya se
han comentado previamente otras referencias:
a Lewis Carroll, lo que siempre toman los esotéricos de las matemáticas
(sectas, Pitagóricos,
tetractis, divina proporción, etc), el
asunto del seguimiento de reglas y los juegos
del lenguaje en sucesiones del que ya hemos hablado
aquí reseñas
atrás a propósito de los números
de la serie Perdidos (Wittgenstein
ya había demostrado teóricamente
la imposibilidad de establecer una regla unívoca
y ordenamientos naturales. La serie 2, 4, 8,
puede ser continuada por el número 16,
pero también con el 10, o con
el 2007: siempre puede encontrarse una justificación,
una regla, que permita añadir cualquier
número como cuarto caso).
Sólo
un último comentario sobre el “desconocido” teorema
de Bormat. Es de suponer que el cambio
de nombre al famosísimo último
teorema de Fermat no sea por culpa de
Fermat que lleva varios siglos criando malvas,
sino del matemático que logró la demostración
Andrew Willes (rebautizado en la película como Wilkes). ¿No ha
permitido utilizar su nombre? No parece que haya sido por otra cosa. Y claro,
como él ha probado el teorema de Fermat, había que cambiar también
el nombre del teorema. Al inicio de la película se dice que los hechos
acontecen en 1993. En esa fecha Willes dio una primera versión de la
demostración, en la que posteriormente se detectó un error. No
sería hasta 1995 cuando completó la demostración correctamente.
En otro momento de la película, Podorov se lamenta de que no haya sido él
el descubridor de tal demostración (ya se pueden imaginar por culpa
de quien). Menciona la conjetura de Shimura-Taniyama mientras se tranquiliza
sobre el brocal de un pozo. Dicha conjetura es un paso intermedio a la demostración,
un resultado sorprendente que relaciona formas modulares con curvas elípticas.
La historia de Taniyama es muy curiosa (y triste). El lector que la desconozca
puede leerla en el magnífico El enigma de Fermat,
de Simon Singhn, editado en nuestro país por la editorial Debate.
Series
Lógicas
Seguramente
todos hemos tratado alguna vez de resolver alguna
serie lógica.
Aparecen normalmente en la sección de
pasatiempos de las revistas y consisten en continuar
de modo lógico una serie de dibujos, secuencias
numérico-espaciales, verbales, etc. Se
utilizan mucho en los Tests Psicotécnicos
para tratar de medir la capacidad intelectual
de una persona por la aptitud que manifiesta
para comprender y resolver las situaciones que
se le plantean. Los expertos aseguran que estas
pruebas disminuyen el factor subjetivo en la
valoración de las personas, por ejemplo
para su contratación para un determinado
trabajo, pero como Seldom, en esto yo soy muy
escéptico (quizá porque casi nunca
acierto, o porque soy demasiado rebuscado), ya
que normalmente con un poco de entrenamiento
se logra la destreza suficiente para resolverlos.
En
la película aparecen dos de estas
series, una que no vamos a desvelar, rescatada
por la maligna mente que manipula toda la acción
de una enciclopedia de matemáticas, y
la que denominan serie idiota, que personalmente
he visto hasta en las páginas de pasatiempos
de revistas del corazón, de esas que siempre
(no sé porqué) tienen los consultorios
médicos en las salas de espera y que no
te queda otro remedio que mirar para no aburrirte.

Si
trazamos un eje vertical en el centro de cada
dibujo, observamos que se trata de los números
naturales reflejados por dicho eje. El número
y ese reflejo componen cada uno de los dibujos.
Os
propongo algunos para que os entretengáis
un rato.
Serie de los puntos (mide
la capacidad de deducción lógica).Se
trata de decidir cuál de las tres opciones
A, B o C es la que corresponde al lugar de la
interrogación.

Serie
de las imágenes (mide
la inspiración creativa). Se trata como
antes de elegir una de las tres opciones para
continuar la serie. Se da incluso alguna pista.
 El
que acierte las cuatro pruebas, se puede decir
que es completamente lógico. El que acierte
tres, bastante lógico. El que falle dos,
es un lógico a medias. Si acierta sólo
una, tiende a ser una persona ilógica.
Y si no acierta ninguna, despreocúpese,
usted es una persona feliz.

Una última
cuestión, más sencilla. ¿Qué símbolo
corresponde colocar, por lógica, en la
casilla vacía del anterior cuadrado?
Último
Comentario (por ahora)
Respecto
a la puesta en escena propiamente dicha, uno
de los mayores inconvenientes es el ritmo de
la acción, muy rápido al comienzo, parón
al medio con toda la historia de amor y la consecución de los crímenes,
y finalmente vuelta a la rapidez (aunque menor que al principio) en el tramo
final. Luego el rodaje de las mismas es un tanto irregular: frente a momentos
bien realizados (las recreaciones históricas de Wittgenstein en
la I Guerra Mundial o la del hombre acusado de querer matar a su mujer por
encontrarle un libro de crímenes imperceptibles; particularmente me
gustó mucho la del seguimiento por parte de la cámara de varios
personajes que se cruzan, Martin en bicicleta, Seldon tirando a la papelera
el primer anónimo, etc.) hay otros que parecen sacados de un mal telefilme
(la confusión policial con los autobuses, la del concierto). Por otro
lado, la Policía no puede confiar plenamente como hace en los mayores
sospechosos del primer asesinato que además son los que descubren el
cadáver. Y el inspector Clousseau (bueno es otro, pero es tan torpe
como él) no puede decir continuamente que no entiende nada de lo que
dicen los protagonistas. ¿Y no se dice
al principio que Mrs. Eagleton estuvo a punto
de casarse con Seldom, o que tuvieron un romance?
Desde luego hay amores que matan.
En
fin, releyendo los párrafos anteriores
da la impresión de que la película
no es nada del otro jueves. Nada más lejos
de la realidad. El mayor inconveniente es que
Alex de la Iglesia ha sido demasiado convencional,
algo a lo que no nos tiene acostumbrados. Debería
haber tratado de arriesgar un poco más,
lo cual es fácil decirlo, pero hay que
contar también con las dificultades de
rodar en otro país, en inglés,
con actores internacionales, etc. (no hay más
que darse un garbeo por su diario de rodaje).
En todo caso, nos gusta que los cineastas echen
de vez en cuando mano de las matemáticas,
pero si fuera posible, de un modo más
tangible y menos filosófico.
Más detalles sobre el libro y la película
los podéis encontrar en la página aula
matemática de nuestros amigos Abel
y Marta Martín, que han reunido una extensa
colección de fotos de películas
sobre matemáticas.
Títulos
Numéricos: Del
41 al 50. Así entre Julio Zárate
y un servidor seguimos cumpliendo el objetivo
de probar nuestra conjetura: Existen películas
cuyo título en castellano contiene la
sucesión de los naturales para n ≤ 50
(por ahora). Y aquí no vale utilizar la
inducción (¿Por qué?)
41: El
Cuarenta y Uno (Copok Nepbui (Sorok
Pervyj), Grigori Chujrai , 1956, URSS).
41, el hombre perfecto (Pepe
Romay, Méjico, 1982).
41 (41, Christian
de Rezendes y Christian O'Neill, EE. UU., 2007).
Documental.
42: La
calle 42 (42nd Street, Lloyd
Bacon, EE. UU., 1933).
Verano del 42 (Summer
of '42, Robert Mulligan, EE. UU., 1971).
Vania en la calle 42 (Vanya
on 42nd Street, Louis Malle, EE. UU.,
1994).
43: La
larga noche del 43 (La Lunga notte
del '43, Florestano Vancini, Italia, 1960).
Con la Cuarenta y Tres División (Clemente
Cimorra, España, 1938). Documental de
guerra.
44: La
calle 44 (The Mayor of 44th Street,
Alfred E. Green, EE. UU., 1942).
Noventa y Nueve, Cuarenta y Cuatro
por Ciento Muerto (Ninety Nine
and 44 % Dead, John Frankenheimer, EE.
UU., 1974). Esta vale también para el
99, obviamente.
Curso
del 44 (Class of '44, Paul Bogart, EE. UU., 1973).
Luna 44 (Moon 44, Roland Emmerich, Alemania, 1990).
45: Colt
45 (Colt .45, Edwin L. Marin,
EE. UU., 1950).
Un
Cuarenta y Cinco para los Gastos del Mes (Carlos Asorey, España,
1985).
Amor del calibre 45 (Love and a .45, C. M. Talkington,
EE. UU., 1994).
46: Código
46 (Code 46, Michael Winterbottom,
Reino Unido, 2003).
47: Los
47 samuráis (Genroku Chûshingura,
Kenji Mizoguchi, Japón, 1941).
U-47, comandante Prien (U
47 - kapitanleutnant Prien, Harald Reinl,
Alemania, 1958).
Secuencia
47 (Cristian Molina Villanueva , España, 2000).
48: Cuarenta
y Ocho Pesetas de Taxi (Fernando Delgado,
España, 1930).
Cuarenta y Ocho Horas (José María
Castellví, España, 1943).
Límite 48 horas (48
Hrs., Walter Hill, EE. UU., 1982).
Cuarenta
y Ocho Horas Más (Another 48 Hrs,, Walter Hill,
EE. UU., 1990).
49: Brigada
49 (Ladder 49, Jay Russell,
EE. UU., 2004).
50: Cincuenta
dólares, una vida (Lucky
Devils, Ralph Ince, EE. UU., 1933).
El
Tren de las Cuatro Cincuenta (Murder she said, George Pollock,
Reino Unido, 1961).
Cincuenta
millones y una mujer (Perfect Friday, Peter Hall, Reino Unido,
1970).
50 primeras citas (50 First Dates, Peter Segal,
EE. UU., 2004). |