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Retomamos dos ejemplos en nuestro cine con
breves referencias a las matemáticas, resolvemos
las cuestiones planteadas en Navidades y se proponen
otras, asequibles, como siempre, a niveles elementales.
En
Diciembre avisaba del inminente estreno
de Proof (estaba previsto para el 7 de Enero)
dedicando la reseña a esta película
que en Estados Unidos ya se estrenó
el 14 de Septiembre. La productora ha decidido
posponer su estreno en nuestro país
hasta el 31 de marzo de 2006, quizá
para aprovechar el tirón del oscar
que hipotéticamente lograría,
según los pronósticos de los
expertos, Gwyneth Paltrow por su trabajo
en esta película. En el momento de
redactar  estas
líneas no iba demasiado bien colocada
en la lista de candidatas (las nominaciones
se hacen en base a unos puntos conseguidos
por las entregas de premios en festivales,
sindicatos de la industria del cine, asociaciones
de críticos, etc.), pero nunca se
sabe. En cualquier caso, queda comentada
hasta que podamos verla. |
No siendo
nuestro país precisamente un referente
histórico en lo que a las matemáticas
se refiere, no es de sorprender que el cine pase
de puntillas en cuanto al tratamiento de las mismas,
o lo haga de la manera más trivial posible,
en escenas escolares (siendo ecuánimes,
tampoco países con una tradición
matemática mayor, lo hacen). Sin embargo,
hay algunos rara avis que por serlo,
merecen cierta atención. Es el caso de
las producciones que proponemos este mes.
Se ha
definido, de un modo un tanto simple, a Tu
nombre envenena mis sueños
(Pilar Miró, 1996) como un
drama policiaco en el Madrid de la posguerra.
La película está basada en una novela
de Joaquín Leguina, motivada, según
se dice, por un comentario realizado por la propia
realizadora:
“en la literatura predominan las venganzas
masculinas”. El escritor recogió
el encargo y dicho y hecho, una novela en la que
la protagonista sea la que “corte el bacalao”.
Sin embargo, bajo mi punto de vista, la obra es
algo más que una sencilla historia negra.
He de reconocer que la primera vez que vi la película
no me causó ninguna emoción, una
de tantas, con la impresión además
de ser un tanto farragosa de seguir. Pero casualmente
tuve la oportunidad de volver a verla una segunda
vez en unas condiciones bastante mejores. Mi opinión
cambió, y lo hizo mucho más cuando
leí la novela (el famoso tópico
de que la película nunca es mejor que la
obra original, aunque afirmo que hay excepciones).
Y vista una tercera vez, después de la
lectura del libro, mi juicio sobre la película
mejoró muchísimo, lamentando sin
embargo que ésta no hubiera incidido más
en ciertos detalles presentes en el texto.
Desde
la óptica matemática de esta sección,
la película tiene una escena destacable
y algún que otro comentario aislado y breve.
En esa escena, el protagonista, el policía
Ángel Barciela (Carmelo Gómez),
estudiante de exactas antes de la guerra con algunas
asignaturas pendientes para acabar la carrera,
explica a Julia Buendía (Emma Suárez)
qué es una banda de Möebius. El diálogo
es el siguiente:
(Barciela
y Julia están tomando una copa en un salón
de baile)
Barciela: Coges así
los extremos de la cinta y giras uno de ellos
de manera que hagas coincidir A con C y B con
D. El resultado es un lazo que aparentemente tiene
dos superficies. Pero si pasas el dedo por un
solo lado de la cinta, al dar una vuelta entera,
te encuentras en el otro lado, ¿comprendes?
Luego ese lado sólo tiene una superficie,
y a eso se le llama la banda de Moebius.
(Risas de ambos, por la sensación
de estar dando/recibiendo una clase más
que charlando)
Julia: Nunca se me dieron
bien las matemáticas. Yo estudié
Filología Inglesa e Historia en la Universidad
de Berlín. Y me parece absurdo algo que
pueda demostrar que un lazo, que obviamente tiene
dos caras, sólo tiene una.
Barciela: Eso no es
una demostración. Por hoy quédate
con una idea que no es matemáticas, sino
científica: De una proposición científica,
sólo puede demostrarse que es falsa, nunca
que es verdadera.
Julia: (sonriendo) ¡Qué
raro eres, Barciela!
Barciela: (sonriendo también)
¿Yo? ¿Por qué?
Julia: No sé.
No tienes pinta de que te gusten las matemáticas,
ni la ciencia. Claro que tampoco tienes pinta
de policía. ¿Y te gusta tu trabajo?
(Él niega con la cabeza mientras bebe
de la copa de coñac) ¿Y porqué
lo haces?
Barciela: Es un oficio
como otro cualquiera y yo lo sé hacer bien.
Además es uno de esos trabajos que hacemos
mejor los que no nos gusta, que los que les gusta
demasiado, ¿no te parece? Antes pensaba
que se podía arreglar un poco el mundo.
Julia: ¿Y ahora
no?
Barciela: Ahora pienso
que con que cada uno mantenga un poco limpio lo
que tiene a su alrededor, es más que suficiente.
¿Qué
tiene de especial esta secuencia? Aparte de describir
cómo se construye la banda de Moebius y
certificar la incredulidad acerca de sus propiedades
de una persona que no la conozca (Julia, en este
caso), nos permite introducir los teoremas de
indecibilidad de Kurt Gödel (1931): existen
enunciados expresados correctamente, incluso verdaderos,
que son indecidibles, es decir, que ni se pueden
demostrar ni se pueden refutar a partir de ciertos
axiomas. Después de los trabajos de Gödel
se tardó bastante tiempo en encontrar ejemplos
concretos de proposiciones indecidibles; Paul
Cohen fue el primero en lograrlo en 1963. Durante
ese periodo el resto de la comunidad matemática
trabajaba sin ningún tipo de problemas
de conciencia. A estos resultados son a los que
Barciela se refiere, muy puesto al día
en asuntos que acontecían casi contemporáneamente.
Y ya sabemos que a España en esa época
no se puede decir que llegara mucha información,
y menos en asuntos tan específicos y que
sólo importaban a unos pocos. La novela,
no obstante, es más precisa respecto a
estos resultados que el diálogo anterior:
“....La
matemática moderna considera que la sola
adecuación a la realidad como criterio
de verdad está superada. En buena lógica,
la frase “si dos más dos igual a
cinco entonces el Ebro pasa por Badajoz”
no sólo tiene sentido, sino que además
es una proposición verdadera, cosa difícil
de tragar. En su época, Leibniz sostenía
que todo lo que es verdadero es demostrable. Leibniz
pensaba incluso que todas las verdades son demostrables.
He aquí un optimista desgraciadamente pasado
de moda. Ya lo dije: sólo puede demostrarse
el error. Sólo Dios podría demostrar
las verdades. Gödel con su teorema de la
incompletitud redujo a basura el sueño
de Leibniz. Fue una pena. Quizá a partir
de estos modernos pensamientos, los matemáticos
avancen en pocos años más de lo
que han avanzado desde Tales de Mileto hasta este
momento .....”.
Al final
de la película, Barciela vuelve sobre la
escena precedente, meditando para sí mismo:
“Anduvimos juntos sobre una cinta de
Moebius y pasamos al otro lado de la cinta, al
vacío. Como en matemáticas, ¿recuerdas?”
En la novela, este comentario y la descripción
de qué es la cinta de Moebius, la hace
el protagonista en una carta dirigida a Julia.
Por cierto, en la novela (que incluye unas cuantas
referencias matemáticas más). se
cita al matemático Julio Rey Pastor en
varios párrafos, refiriéndose a
uno de los textos en los que el protagonista estudiaba.
(pág. 128, “me acosté
pronto y me eché el Rey Pastor a la cara.
Me di cuenta, una vez más, de que no podía
estudiar matemáticas sin papel, pluma y
mesa, así que lo dejé”)
¡Qué lástima no haber incluido
este nombre en una escena en la que Julia se asombra
de la cantidad de libros que tiene Barciela! Hubiera
sido la primera vez (que yo sepa) que se cita
a un matemático español en una película.
Si alguien tiene la osadía de mostrar esta
película a sus alumnos (sería en
Vídeo o grabada de la televisión,
porque increíblemente aún no se
ha editado en DVD), se aconseja que sea, como
siempre, en transversalidad con otras asignaturas,
principalmente, historia (posguerra, quinta columna,
estraperlo), literatura (el título Tu
nombre envenena mis sueños hace referencia
a unos versos que Luis Cernuda escribió
en el exilio refiriéndose a España,
del poema Un español habla de su tierra,
perteneciente a la sección Las nubes
del poemario La realidad y el deseo),
realidad social (en palabras de Pilar Miró,
“se trata de una parábola sobre
los desastres de la guerra y sobre todo, una historia
de amor entre dos personajes perdedores”),
etc. Y por supuesto a alumnos de Bachillerato,
con posibilidades de no aburrirse, de entender
mínimamente el argumento y de no cachondearse
de las escenas de amor presentes en la película.
Pero por supuesto, los profesores deben visionarla
previamente y valorar su adecuación o no
a sus enseñanzas. En una clase de matemáticas,
lo mejor, insisto una vez más, es mostrar
exclusivamente las escenas de interés trabajando
un guión previamente leído y situado.
En el número 50 de la revista SUMA (enhorabuena,
por cierto, a los responsables por esa preciosa
edición) nuestro compañero Fernando
Corbalán nos habla (pp. 126-127) de otra
novela del mismo autor, El rescoldo,
con otro matemático en su argumento. Joaquín
Leguina es doctor en Ciencias Económicas
por la Universidad Complutense de Madrid y en
Demografía por la Sorbona de París.
El público en general le conoce más
por su trayectoria política (concejal,
diputado por Madrid y Presidente de esta Comunidad
entre 1983 y 1995, entre otros cargos), que por
su labor investigadora (varios estudios sobre
economía y demografía) o literaria
(libros de relatos, ensayos y novelas). Suponemos
además que le gustan las matemáticas,
por sus continuas referencias. Desde aquí
le animo a que siga en esa línea divulgadora
respecto a nuestra asignatura. Lo que no se puede
negar es que la lectura de sus novelas es bastante
ágil, es entretenida, está bien
documentada y no está exenta de cierta
calidad literaria, lo cual es siempre de agradecer
a tenor de los tiempos que corren (me refiero
al abusivo monopolio de las historias de usar
y tirar, sin ninguna profundidad argumental, léase
“best-sellers”).
Aunque
al principio habréis leído que se
iban a comentar dos películas, la longitud
que va tomando esta reseña aconseja no
excederse para no aburrir al personal más
de la cuenta. Así pues, propongo que averigüéis
el título de la segunda (hablaremos de
ella en la próxima entrega) a partir de
las siguientes pistas:
1.- Como en Tu nombre envenena
mis sueños, las matemáticas
se muestran como un excelente argumento para “meterse
en el bote” a la chica de turno.
2.- Su título inicial
iba a ser El número de oro, ya
que parte del argumento gira en torno a las propiedades
de dicho valor.
3.- Como Tu nombre envenena
mis sueños, aún no se ha editado
en DVD.
4.- Es la ópera prima
de un director castellano-leonés.
Con estos datos, está bastante fácil,
¿no os parece?
Chascarrillos cinematemáticos
Casi todo
el mundo sabe que Groucho Marx, además
de ser el buque insignia de los célebres
hermanos, era un tipo bastante ingenioso. En su
autobiografía, Groucho y yo (publicada
en castellano por Tusquets, 7ª Edición,
2002), en una de las innumerables anécdotas
que incluye, cuenta que (pp. 182-184), tras la
exhibición de El conflicto de los
Marx (1928), un individuo llamado Evans
le ofreció pagarle 1500 dólares
si se prestaba a recomendar la marca de cigarrillos
de la empresa para la que trabajaba. Groucho se
negó rotundamente. El hombre fue aumentando
la oferta varias veces ofreciéndole sucesivamente
2500, 5000, pero el actor, incorruptible, se negó
otras tantas. A la mención de 7500 dólares
(ya se sabe que Groucho tampoco hacía ascos
al dinero) aceptó el trato. Automáticamente
su interlocutor extrajo de su chaqueta un contrato
y un cheque en los que ya figuraba escrita la
cantidad acordada.
“¿Cómo podía saber
que iba a rechazar las ofertas de 1500, 2500 y
5000 dólares, para aceptar por fin la de
7500?”, se pregunta Groucho en el libro.
“Un momento antes de decirme adiós”
– prosigue el libro –, “se
metió una mano en el bolsillo y sacó
otro cheque. Me lo enseñó. Estaba
extendido a mi nombre por un importe de 10000
dólares. Nunca olvidaré sus últimas
palabras mientras lo rompía en pedazos.
Dijo:
“Señor Marx, si hubiese usted resistido
un poco más, habría podido cobrar
los diez mil.
Aquella noche, en el escenario, no estuve muy
gracioso.
Esta anécdota
nos permite introducir una conocida cuestión
(aunque espero que el lector no la conozca y la
piense un poco): supongamos que el personaje está
dispuesto a pagar desde 1000 hasta 31000 dólares,
siempre en cantidades enteras de miles. ¿Cuál
es la mínima cantidad de cheques que debe
tener preparados para poder ofrecer cualquiera
de esas cantidades? ¿Hasta que cantidad
se puede llegar con un solo talón más?
A modo de pista, y sin querer inmiscuirme dentro
de la sección matemágica, el asunto
tiene que ver con la siguiente “tabla de
adivinación del pensamiento”

El que
conozca “el secreto” de esta tabla
puede adivinar el número que haya pensado
otra persona sin más que saber en qué
columnas se encuentra dicho número, y por
supuesto sin necesidad de mirar la tabla ni aparentemente
efectuar operación alguna. ¿Cómo?
Por otra parte, si os fijáis, los números
están colocados en orden creciente según
se desciende por las columnas; esto facilita la
localización en las columnas del que busca
el número pensado, pero se puede dar un
mayor toque de misterio si les desordenamos cada
columna al azar, tomando eso sí una pequeña
precaución. ¿Cuál?
Soluciones a las cuestiones planteadas
en Diciembre
El pasado
diciembre José Manuel Rodríguez Parrondo, responsable
desde hace cuatro años de la sección Juegos
Matemáticos en la revista Investigación
y Ciencia en su edición española, se
lamentaba en una conferencia de la escasa interacción
con los lectores de sus artículos. Mi experiencia
respecto al libro en el que participé en 1999
y los escasos diez meses al frente de esta sección
de DivulgaMAT es idéntica. En
lo que respecta a un libro o una revista, el número
de ventas despeja la duda sobre si alguien alguna
vez leerá su contenido, pero en un apartado virtual
como éste, la incógnita persiste. Y no se trata
del hecho de que los posibles lectores resuelvan
o no las cuestiones, sino de conocer si éstas,
o la sección entera, interesa, resulta trivial
o es completamente inútil. Os animo por ello nuevamente
a que me hagáis llegar vuestras opiniones y sugerencias
al respecto en alfonso@mat.uva.es.
El
juego de las Escenas Eliminadas
En este
caso, la película no tenía el más
mínimo interés, una de tantas dedicadas
a las fiestas navideñas: Un padre en
apuros (Jingle All the Way, Brian
Levant, EE.UU., 1996), que servía únicamente
como pretexto para situar el criptograma SANTA
- CLAUS = XMAS. Normalmente, en los lugares en
los que aparecen este tipo de cuestiones, se da
la solución, sin indicar, aunque sea esquemáticamente,
cómo se llega a dicha respuesta. La razón
es el engorro que supone ir detallando un proceso
basado normalmente en un razonamiento de reducción
al absurdo combinado con una serie de intentos
ensayo – error, descartando posibilidades
hasta llegar al buscado si la solución
es única, que a veces no lo es. En nuestro
caso, a simple vista, se ve que S, C 0,
S = C+1 y A=2S, luego A es par y sólo puede
ser 4, 6, 8 (no puede ser 2 porque S 1).
Podemos ir probando con los diferentes valores
posibles de A, y llegar a imposibles salvo que
A=4. Al final, la solución resulta ser
24974 - 18432 = 6542. Si alguien desea mayores
detalles, gustosamente se los envío por
e-mail.
A continuación se proponía FELIZ
& AÑO & NUEVO = 2006, con F = N
y “&” una suma o una resta. La
solución a la que yo llego es 27486 + 310
- 25790 = 2006, pero como ya indiqué puede
haber más al ser una propuesta inventada.
Finalmente, un paciente análisis de frecuencias
junto a pruebas de ensayo-error, nos lleva a que
el mensaje oculto era
DESDE DIVULGAMAT OS DESEAMOS UNAS FELICES MATE-FIESTAS
Y UN PROSPERO Y CINEMATOGRAFICO AÑO NUEVO.
Sobre la denominación de estos pasatiempos,
la enciclopedia Wikipedia establece que “Un
criptograma es el resultado del cifrado de un
mensaje. En general, puede decirse que es un nuevo
mensaje, sin significado aparente o cuyo contenido
es difícil de descifrar”. En
este sentido el segundo es un criptograma, mientras
que el primero (el reemplazar letras por cifras
en una operación de aritmética clásica
o en una ecuación; en ocasiones las letras
se sustituyen por interrogaciones o asteriscos
para complicar más el asunto) entra dentro
de la criptaritmética,
que constituiría un caso particular (cifrado
por sustitución con clave una operación
matemática) dentro de los criptogramas.
En http://platea.pntic.mec.es/jescuder/criptogr.htm,
sección de la página web del profesor
Jesús Escudero Martín, podéis
entreteneros más con este tipo de juegos
y/o en los libros Ludopatía
Matemática (Mariano Mataix,
Alianza Editorial, Madrid, 1991) o en Juegos
para devanarse los sesos (Eric Emmet,
Gedisa, Barcelona, 1992), dedicados ambos casi
exclusivamente a los criptogramas.
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