Las
obras de teatro de Eugène
Ionesco (1909-1994) describen la banalidad
del ser humano, que vive sumido en un mundo contradictorio
en el cual las personas no consiguen comunicarse.
Este pesimismo es
una de las señales del teatro
del absurdo, que pone en escena
obras sin sentido aparente, con diálogos
reiterativos y disparatados, con ambientes sofocantes y carentes de secuencia
dramática. Además de Ionesco, algunos
de los dramaturgos dedicados a este movimiento
teatral son Samuel
Beckett, Jean Genet o Tom
Stoppard.
La obra El rinoceronte (Rhinocéros)
fue publicada en 1959 por la editorial Gallimard.
La primera representación tuvo lugar en
el Odéon-Théâtre
de France (París) en enero de 1960.
Se trata de una obra en tres actos (el segundo
dividido en dos escenas), que se describen a
continuación.
Acto primero
La escena
comienza en una ciudad tranquila, un domingo
a la mañana. Dos hombres, Berenguer (el
protagonista, empleado de una oficina tímido
y poco seguro) y su dominante amigo Juan están
sentados en la terraza de un café: Juan
reprocha a su amigo su falta de personalidad
y su incipiente alcoholismo y Berenguer se defiende
sin demasiado interés.
De repente, un rinoceronte
atraviesa la plaza con gran estruendo: los personajes
(la señora,
el caballero anciano, el lógico, el dueño
del café, la camarera, etc.) observan
la carrera del animal, volviendo a sus ocupaciones
inmediatamente.
Berenguer divisa a la joven Daisy, una de sus
compañeras de la oficina, de la que está enamorado,
aunque es incapaz de declararse, en parte acomplejado
por otro de sus colegas, Dudard, con el que se
ve incapaz de rivalizar.
En una mesa próxima, un anciano caballero
conversa con el lógico, mientras Berenguer
y Juan continúan discutiendo.
Repentina y ruidosamente, cruza la plaza en sentido
inverso al primero, otro rinoceronte. La sirvienta
deja caer su bandeja y la señora aparece
abatida, sosteniendo en sus brazos a su gato,
que el rinoceronte ha aplastado en su carrera.
Se entabla una discusión frívola
entre Juan y Berenguer sobre si se trata de un único
rinoceronte, sobre si tenía uno o dos
cuernos y sobre si era de origen asiático
o africano… que termina con Juan abandonando
la terraza furioso y Berenguer lamentando la
estúpida discusión.
Acto segundo (en dos escenas)
Esta
escena tiene lugar al día siguiente en
la oficina donde trabaja Berenguer. Los presentes
(la secretaria Daisy, el profesor jubilado Botard, el subjefe de la oficina
Dudard y el jefe señor
Papillón) comentan la ausencia de uno
de los empleados, el señor
Bœuf, y con especial incredulidad lo
acontecido el día anterior.
De repente entra la señora Bœuf
que se dice perseguida por un rinoceronte… aparece
un paquidermo que destroza la escalera, que ella
reconoce como su marido (“¡No
puedo dejarle así, pobrecito
mío! ¡Me llama! ¡Me llama!”), y
se van ambos, ella subida en los lomos de su
pareja metamorfoseada.
Cada vez más habitantes se transforman
en rinocerontes: los empleados quedan bloqueados
en la oficina y son rescatados por los bomberos.
Cambia la escena, estamos
en casa de Juan. Berenguer visita a su amigo
para disculparse: Juan está enfermo, critica
a la especie humana y poco a poco se convierte
en rinoceronte delante de un Berenguer aterrorizado.
Acto tercero
La escena
tiene lugar en casa de Berenguer. Los rinocerontes,
cada vez más agresivos, no cesan de correr
por la calle. Le va a visitar Dudard, que quita
importancia al fenómeno (“De
todos modos, no es enfermedad mortal. Hay enfermedades
que son sanas. Estoy convencido de que se cura
uno si quiere. Ya se les pasará.”), y
comenta a Berenguer que el propio señor
Papillón se ha transformado en
paquidermo. Berenguer se indigna, y Dudard reprocha
a su colega su intolerancia. Llega Daisy con
la comida y comentando que Botard es ya un
rinoceronte, mientras Dudard va en busca de
la manada (“¡Tengo escrúpulos! ¡Mi
deber me obliga a seguir a mis jefes y mis
camaradas para lo mejor y para lo peor!”).
Daisy y Berenguer quedan solos, hacen planes
de futuro… pero presionada por las circunstancias,
Daisy sucumbe y se reúne con los rinocerontes
(“Son dioses”).
Berenguer queda solo delante del espejo. ¿Qué hacer?
Decide resistir: “¡Soy el último
hombre, seguiré siéndolo hasta
el fin! ¡No capitulo!”.
La
obra tiene una clara influencia kafkiana (recuerda
la transmutación sufrida por Gregorio
Samsa, que se convierte en un escarabajo en “La
metamorfosis” de Franz Kafka), y según
los expertos la rinoceritis simboliza
al fascismo que poco a poco invade a todo un
pueblo: en la obra se critica el conformismo,
la sumisión
al poder, la conquista del colectivo sobre el
individuo, cualquier forma de totalitarismo,
etc.
Los
siguientes fragmentos están traducidos
del francés por
María Martínez Sierra (E. Ionesco,
Obras Completas, Aguilar, 1973): reproducen la
conversación (entremezclada con el diálogo
entre Juan y Berenguer, que se simboliza con
[…]) que tiene lugar durante el primer
acto entre el anciano caballero y el lógico;
es una disparatada lección de Lógica:
EL LÓGICO (al anciano caballero): ¡He
aquí, pues, un silogismo ejemplar!
El gato tiene cuatro patas. Isidoro y Fricot
tienen cada uno cuatro patas. Ergo Isidoro
y Fricot son gatos.
EL CABALLERO(al lógico): Mi perro
también tiene cuatro patas.
EL LÓGICO (al caballero): Entonces,
es un gato. […]
EL CABALLERO(al lógico después
de haber reflexionado largamente): Así,
pues, lógicamente, mi perro sería
un gato.
EL LÓGICO (al caballero): Lógicamente
sí. Pero lo contrario también es
verdad. […]
EL CABALLERO (al lógico): Es hermosa
la lógica.
EL LÓGICO (al caballero): A condición
de no abusar de ella. [...]
EL LÓGICO (al anciano caballero): Otro
silogismo: todos los gatos son mortales. Sócrates
es mortal. Ergo, Sócrates es un gato.
EL CABALLERO: Y tiene cuatro patas. Es verdad.
Yo tengo un gato que se llama Sócrates.
EL LÓGICO: Ya lo ve usted… […]
EL CABALLERO (al lógico): ¿Sócrates,
entonces, era un gato?
EL LÓGICO (al caballero): La lógica acaba
de revelárnoslo. […]
EL LÓGICO (al caballero): Volvamos
a nuestros gatos.
EL CABALLERO: Escucho. […]
EL LÓGICO (al caballero): El gato
Isidoro tiene cuatro patas.
EL CABALLERO: ¿Y usted como lo sabe?
EL LÓGICO: Resulta de la hipótesis.
[…]
EL CABALLERO (al lógico): ¡Ah,
por hipótesis! […]
EL LÓGICO (al caballero): Fricot también
tiene cuatro patas. ¿Cuántas patas
tendrán Fricot e Isidoro?
EL CABALLERO (al lógico): ¿Juntos
o separados? […]
EL LÓGICO (al caballero): Juntos o
separados, es según. […]
EL CABALLERO (al lógico, después
de haber reflexionado trabajosamente): Ocho,
ocho patas.
EL LÓGICO: La lógica lleva
al cálculo mental.
EL CABALLERO: Tiene muchas facetas.
EL LÓGICO (al caballero): ¡La
lógica no tiene límites! […]
EL LÓGICO (al caballero): Usted lo
irá viendo… […]
EL LÓGICO (al caballero): Quito dos
patas a esos gatos. ¿Cuántas le
quedan a cada uno?
EL CABALLERO: Es complicado.
EL LÓGICO (al caballero): Nada de
eso. Es muy sencillo.
EL CABALLERO (al lógico): Lo será para
usted, quizá, no para mí. […]
EL LÓGICO (al caballero): Esfuércese
en pensar…, vamos…. Aplíquese.
[…]
EL CABALLERO (al lógico): No veo. […]
EL LÓGICO (al caballero): Hay que
decírselo a usted todo. […]
EL LÓGICO (al caballero): Tome una
hoja de papel. Calcule. Quitamos seis patas a
dos gatos. ¿Cuántas les quedan? ¡A
cada uno!
EL CABALLERO: Espere… (Calcula
en una hoja de papel que se saca del bolsillo). […]
EL CABALLERO (al lógico): Hay varias
soluciones posibles.
EL LÓGICO (al caballero): Usted dirá.
[…]
EL LÓGICO (al caballero): Le escucho.
[…]
EL CABALLERO (al lógico): Primera
posibilidad: uno de los gatos puede tener cuatro
patas y el otro dos. […]
EL LÓGICO (al caballero): Tiene usted
dotes; basta con hacerlas valer. […]
EL LÓGICO (al caballero): ¿Y
las otras soluciones? Con método, con
método… (El caballero empieza
de nuevo a calcular). […]
EL CABALLERO(al lógico): Puede haber
un gato con cinco patas… […]
EL CABALLERO(al lógico): Y un gato
se queda con una pata. Pero, entonces, ¿seguirán
siendo gatos?
EL LÓGICO (al caballero): ¿Por
qué no? […]
EL CABALLERO(al lógico): Quitando
dos patas de las ocho que tienen los dos gatos… […]
EL LÓGICO (al caballero): Podemos
tener un gato con seis patas… […]
EL CABALLERO(al lógico): Y un gato
sin pata ninguna. […]
EL LÓGICO (al caballero): En ese caso,
habría un gato privilegiado. […]
EL CABALLERO(al lógico): ¿Y
un gato despojado de todas sus patas, desclasado?
[…]
EL LÓGICO: Lo cual no sería
justo. Ergo, no sería lógico. […]
EL CABALLERO(al lógico): ¿No
sería lógico? […]
EL LÓGICO (al caballero): Porque la
justicia es la lógica. […]
EL CABALLERO(al lógico): Ya comprendo;
la justicia… […]
EL LÓGICO (al caballero): El espíritu
se le va iluminando. […]
EL CABALLERO(al lógico): Además,
un gato sin patas… […]
EL LÓGICO (al caballero): ¡Ya
va usted haciendo progresos en lógica!
En http://www.ionesco.org/ hay
una amplia descripción de todas las obras
de Eugène Ionesco y algunos fragmentos
de algunas de ellas.