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1741-1766.
Estancia en la Academia de Ciencias de
Berlín
A finales de
1740, tras la muerte de la zarina Ana, a
Euler se le vuelve a plantear la misma situación de incertidumbre sobre su
futuro que trece años antes, pero ahora
tiene una familia que mantener y sobre todo
un prestigio enorme en toda Europa. Por esta
razón Euler decidió aceptar una
invitación, que años antes le
había realizado el rey Federico
II el Grande de Prusia, para incorporarse a
la Academia de Ciencias de Berlín,
fundada por Leibniz en 1700.
A raíz la entronización de Federico
II, en 1740, el monarca se esforzó por
impulsar y renovar la Academia, que hasta entonces
había tenído una actividad muy
reducida, nombrando, en 1741 al científico
francés Maupertuis como presidente y
contratando a personas de gran prestigio, como
es el caso de Euler.
Cuando Euler
llegó a Berlín,
el año 1741, encontró al reino prusiano
sumido en la primera guerra de Silesia
y con una actividad científica prácticamente
inexistente. Como consecuencia no le fue posible
ocupar su cátedra en la Academia, debido
a que en ese momento estaba pasando por
la peor crisis económica desde su fundación.
Para ganarse la vida Euler se ocupó en
dar clases a miembros de familias nobles, entre
las que destaca las impartidas a la princesa
Filippina von Schwendt, pariente del rey de
Prusia; durante años le dio lecciones
y al ser interrumpidas, Euler las completó por
escrito, naciendo de esta forma sus famosas Lettres
a une princese d’Allemagne (Las
cartas a una princesa sobre diversos temas
de Física y de Filosofía1),
obra que es considerada como la primera obra
divulgativa de física que se haya elaborado.
Está compuesta por tres tomos publicados
en Rusia, el primero en 1768 y el último
en 1772.
En 1744, Federico II crea la nueva
Academia de Ciencias y Letras de Berlín
y a ella fue invitado Euler como responsable
de las actividades matemáticas y Maurpetius
como presidente. Debido a las continuas ausencias
de Maupertuis era Euler el que dirigía
la Academia. De hecho, el monarca le encomendó trabajos
de una cierta importancia como: la nivelación
del canal Finow, instalaciones de juegos de
agua, la dirección de una mina de sal,
diversas cuestiones financieras, como la creación
de montepíos de viudedad y juegos de
lotería, etc. Para realizar estas
acciones Euler disponía de una partida
ecónomica importante, pero curiosamente,
para investigar cuestiones matemáticas
no recibíría ninguna ayuda económica
sustancial. La razón estribaba en el
hecho de que el monarca Federico se sentía
más a gusto los filósofos, como
el caso de Voltaire, que con los geómetras.
Para Fedrerico II, Euler era una filósofo
anodino, incapaz de dar gracejo y prestancia
a los salones cortesanos. Algunos contemporáneos
narran que cuando el monarca se refería
a Euler, le llamaba, de manera despectiva "el
cíclope matemático" (
en ese momento Euler veía únicamente
a través de un sólo ojo). Así las
relaciones con el monarca debieron ser muy
difíles y en algunos momentos insoportables.
En Berlín continuará con su
gran afición a la astronomía.
Buena prueba es la publicación en 1747
de una memoria titulada Recherches
sur le mouvement des corps celestes en general,
deduciendo a partir de la segunda ley de la
dinámica y de la ley de gravitación
universal la primera ley de Kepler y la obtención
del premio de la Academia de París en
1748 por un trabajo sobre las perturbaciones
del movimiento de Júpiter y Saturno.
Durante el cuarto
de siglo que duró su
estancia en Berlín, Euler continuó con
su producción febril, seguió mandando
regularmente artículos para los Comentarii,
la revista de la Academia de San Petersburgo
de la que continuó siendo editor, envió en
total más de 100, casi tantos como los
que publicará en las Memorias de la
Academia de Berlín – 127 -; investigó sobre
todos los temas matemáticos del momento
y publicó cientos de memorias y de artículos,
pero de este época, de su primera década
en Berlín, data uno de los mejores regalos
del genio de Basilea a la historia de las matemáticas,
su Introductio in analysin infinitorum,
(1748), el nacimiento oficial de las funciones,
uno de los libros de matemáticas más
influyentes de todos los tiempos.
Cuatro años antes, en 1744, había
publicado su primera visión del cálculo
de variaciones, Methodus inveniendi lineas
curvas... , y la Theoria motuum planetarum
y cometarum. Dos años más
tarde su Teoría sobre la luz y el
color. Su ritmo de producción se mantiene
a un nivel inusitado.

Durante la década de los 50 hasta el
final de su estancia berlinesa ven la luz al
menos otra veintena de obras cumbres en sus
respectivos campos. No podemos citar todas
aquí pero destacaremos alguna: su segunda
mecánica, Theoria motus corporum
solidorum (1765)..., Recherches sur
la la courvature des surfaces (1760), Institutiones
calculi differentialis (1755) y aunque
menos extensa, no la de menor repercusión
posterior, su obra clásica sobre los
logaritmos de números negativos e imaginarios De
la controverse entre Mrs. Leibnitz et Bernoulli
sur les logaritmes de nombres negatifes e imaginaires (1751),
donde deja despejado el camino para justificar
la existencia y el cálculo de logaritmos
naturales de números imaginarios, utilizando
la sorprendente expresión que,
desde entonces lleva su nombre, la identidad
de Euler:
Para cualquier x real, eix = cos x + i sen x
Según
Euler, las propiedades de los logaritmos se
mantienen para los números
negativos, en contra de la opinión de
Leibniz, es decir:
ln(-x) = ln[x·(-1)] = lnx + ln(-1)
La
clave estaba en la constante ln(-1). Para Bernoulli
esta constante valía cero.
Pero Euler tenía la llave desde la Introductio.
Haciendo en su identidad x = π ,
obtiene eiπ = cos π + i sen
π y, por
tanto, ln (-1) = i π
Es
decir, ln(-x) = lnx + ln(-1) = lnx + i π
Para
sorpresa de todos, los logaritmos de los números
negativos no sólo
existen sino que además son números
imaginarios.
En
el caso de los logaritmos de los números
imaginarios la solución es más
sorprendente, no sólo existe el logaritmo
de un complejo a+bi, sino que hay
infinitos logaritmos. Si c es el módulo
del complejo y π su
argumento, Euler afirmó que ln(a+bi)
= lnc + i(θ ± 2kπ) para k = 0, 1, 2, ....
Habían nacido para la historia de las
matemáticas los logaritmos complejos.
Y de paso había dotado de carta de identidad
definitiva a los números complejos,
explicando cómo operar con ellos, cómo
calcular sus raíces, sus potencias,
sus logaritmos, sus senos y cosenos.
No deja de ser un nota reveladora del carácter
de Euler la carta dirigida a Golbach en la
que eufórico le comunica su cálculo
de z = ii
Tomando logaritmos:
Así que
¡¡Infinitos valores reales diferentes!!. Para k = 0:
“¡Lo que me parece extraordinario!”, afirmaba Euler en su
carta. Y no es para menos.
Durante su estancia
en Berlín se dedica,
al igual que en San Petersburgo, a resolver
problemas relativos a la geometría elemental.
Entre los variados resultados obtenidos destacamos
la obtención de una demostración
sintética de la fórmula de Herón
para calcular el área de un triángulo
en función de sus lados; la demostración
de que en cualquier triángulo, el ortocentro,
el baricentro y el circuncentro están
siempre alineados, llamándose a esa
recta la recta de Euler(1767), la
obtención del círculo de
Euler, propiedades de paralelogramos… y
otros problemas que tienen que ver con la combinatoria
y la geometría. Hemos dejado para el
final su gran hallazgo, obtenido en 1750 y
dice así:
si
un poliedro es tal que su superficie puede
ser deformada con continuidad hasta transformarse
en la superficie de una esfera, entonces
se verifica que: C+V=A+2
Siendo C=
Número de caras
del poliedro, V= Número de vértices
del poliedro, A= Número de aristas del
poliedro.
Nota:
1 "Reflexiones
sobre el espacio, la fuerza y la materia".
Leonhard Euler. Alianza Editorial. Madrid 1985.
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