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1766-1783. Segunda estancia en
la Academia de Ciencias de San Petersburgo
El carácter discreto, retraído
y familiar de Euler no le hacía encajar
bien en la corte de Federico II, un monarca
engreído y pedante, amante de fastos
y boatos, justo lo contrario de Euler. Así que
en el verano de 1766 decide volver a San Petersburgo
con cuya Academia había estado profundamente
vinculado durante toda su estancia berlinesa.

El trato que
le dispensó Catalina II
de Rusia fue todo lo contrario. Dispuso para él
y su familia, 18 miembros en total, una enorme
mansión y puso a su disposición
a su mejor cocinero. Esto debió consolarle
del golpe que debió suponer la pérdida
de todos sus objetos personales y numerosos
escritos sin publicar que se perdieron en el
naufragio del barco que los transportaba desde
Alemania. Para colmo una catarata en el ojo
izquierdo comenzó a hacerle perder progresivamente
la visión de su ojo sano. Su casa, junto
a otras 500, fue víctima de un incendio
que casi siega su vida y en el que volvió a
perder una buena parte de sus manuscritos,
entre ellos su memoria sobre la Luna. En 1776,
viejo y casi ciego pierde a su esposa,
aunque al año siguiente se casa con
su cuñada. A pesar de todos estos percances
vitales Euler continuó con su producción
febril. En esta etapa publicó más
de 350 trabajos, muchos de ellos sobre su gran
afición: la teoría de números
en la que nos ha dejado magníficos resultados
sobre números perfectos (el teorema
de Euclides-Euler), sobre números amigos
(sus famosas 62 parejas que al final fueron
sólo 60), sobre números primos...
En 1768 apareció su Aritmética
Universal. En ella se analizan un sin
fin de resultados elementales de forma muy
didáctica: se generalizan las reglas
de resolución de problemas aritméticos;
se desarrolla el aparato simbólico-literal
del álgebra; se aclaran las operaciones
con números, monomios, radicales y
complejos; se introducen los logaritmos;
se dan las reglas de extracción de
las raíces de números y de
expresiones algebraicas polinomiales; se
introducen las series como medio de expresión
de las funciones racionales fraccionarias;
se introducen los números poligonales,
las proporciones y progresiones, las fracciones
decimales periódicas y se estudian
los métodos de resolución de
ecuaciones algebraicas.
Entre 1768 y 1770 verán la luz los
tres tomos de las Instituciones calculi integralis,
donde presenta su visión analítica
del cálculo de variaciones, entre
1769 y 1771 los tres tomos de la Dioptrica, que
convertiría a Euler en el precursor
de los fenómenos de interferencia y
difracción de la luz, aspectos que fueron
definitivamente resueltos por el científico
A. Fresnel(1788-1827), y en 1774 su segunda Scientia
navalis menos teórica y mucho más
práctica que la publicada en 1749.
Ya totalmente ciego publica en 1770 su Introducción
al Álgebra dictándole
sus cálculos a su ayudante Peter Grimm,
que no tenía una formación
matemática especial. Las correcciones
las realizaba su hijo Johann Albercht. La
obra consta de dos volúmenes, el primero
de los tomos trata de sentar las bases del álgebra,
mientras que el segundo está destinado
al análisis diofántico. Su
estilo didáctico ha constituido un
modelo desde entonces. Tras la edición
de este libro, Euler descubre la necesidad
de contar con un secretario con una formación
matemática sólida y pide a
Daniel Bernoulli que le envíe uno
de sus alumnos más aventajados, Así es
como Nicolás Fuss, un estudiante de
la universidad de Basilea tendrá la
fortuna de compartir día a día
los últimos diez años de creación
matemática del genio.
A lo largo de
toda su vida y en todas sus obras, Euler
se manifiesta con un estilo claro, llano
y sencillo, alejado de la pedantería
que rodea muchas publicaciones científicas;
porque Euler fue también un maestro
y un divulgador fabuloso. Condorcet lo expresa
de manera precisa:
“Cuando publicaba una memoria sobre
un asunto nuevo, exponía con sencillez
el camino que había recorrido, haciendo
observar sus dificultades y vericuetos, y
tras hacer seguir al lector la marcha de
su espíritu durante los primeros ensayos,
les enseñaba cómo había
conseguido encontrar el camino más
fácil, lo que demuestra que prefería
la instrucción de sus discípulos
a la satisfacción que pudiera producirle
su asombro, y creía no hacer bastante
por la ciencia si no agregaba a las verdades
nuevas con que la enriquecía, la sincera
exposición de las ideas que le habían
conducido a su descubrimiento”
Gracias a Nicolás Fuss conocemos sus últimas
horas:
“Esos vértigos fueron el
anuncio de su muerte, ocurrida el 7 de septiembre.
Ese mismo día, conversó en
la sobremesa con sobre el nuevo planeta – se
refiere a Urano recién descubierto
por Herschel – con M. Lexell, que
había venido a verle, y más
tarde nos habló de otros temas con
su agudeza habitual. Acababa de ponerse a
jugar con uno de sus nietos cuando sufrió un
ataque de apoplejía. Antes de perder
el conocimiento solo pudo decir “me
muero”; y así terminó la
gloriosa vida pocas horas más tarde”.
O como indica el propio Condorcet en su Éloge
de M. Euler:
El 7 de septiembre
de 1783, [...] mandó llamar
a su nieto, con el que se puso a jugar mientras
tomaba el té, cuando de repente se
la cayó la pipa de la mano, y cesó de
calcular y de vivir”
La figura de
Euler se hace gigantesca cuando exploramos
en cualquier rama de las matemáticas.
La cantidad y la importancia de sus descubrimientos
nos hacen dudar a veces que puedan ser obra
de una sola persona, no en vano se le ha calificado
como “el matemático más
prolífico de todos los tiempos”.
A lo largo de su vida publicó más
de 500 libros y artículos. Añadiendo
su obra póstuma, se alcanza la cifra
de 886 trabajos. Se calcula que sus obras
completas, superarán probablemente los
noventa grandes volúmenes. Si dividimos
el número de páginas entre los
años vividos (a partir de los 20 años),
nos da una producción de unas 800 páginas
anuales de promedio. Podemos decir con toda
rotundidad que ningún matemático
ha superado jamás la producción
de este hombre.
Hoy,
en cualquier camino matemático
que sigamos nos encontraremos tarde o temprano
con él, con sus resultados: relación
de Euler de los poliedros convexos, teoría
de grafos, recta de Euler, constante de Euler,
funciones, logaritmos, variable compleja...
Y si no aparece alguno de sus resultados compartiremos
con él, ignorándolo muchas veces,
alguna de sus omnipresentes notaciones: f(x),
e, π,
i, ...
De
hecho Euler está presente, como si de
un guiño de la naturaleza se tratase,
en la relación más hermosa de
las matemáticas; una relación
que liga de forma sutil las cinco constantes
numéricas universales más populares,
los números 0, 1, π, e, i. Y
que es el compendio de todo el Análisis.
Una relación, por supuesto descubierta
por el genial Leonhard Euler, El Análisis
Encarnado como bien dijo Arago:


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