“Leed
a Euler, es el maestro de todos nosotros”
Pierre Simón
de Laplace
Hace trescientos
años nació en Basilea el matemático
más prolífico de toda la historia. A lo
largo de su dilatada vida científica amplió las
fronteras de las matemáticas en todas sus ramas, y no
sólo
las fronteras de las matemáticas, su actividad creadora
se extiende por la casi totalidad de las ciencias. Su influencia
impregna todas las materias científicas a lo largo del
siglo XVIII. Sin su figura las matemáticas
serían
otras.
Sin embargo,
Euler es aún un genio por descubrir. Este es un pequeño
homenaje a su amor por las matemáticas y a su enorme
creatividad.
Leonhard
Euler nació en Basilea el 15 de abril de 1707, su padre
Paulus Euler, pastor calvinista, quería que Leonhard, siguiera
sus pasos en los estudios teológicos, así que lo
inscribió en la universidad de Basilea para cursar estudios
de teología, humanidades clásicas y lenguas orientales,
pero la vocación de Euler se enfocaba hacia las matemáticas.
Tanto que consiguió recibir unas clases particulares especiales
del propio Johann Bernoulli, quien reconoció desde el principio
el talento del joven Euler y debió mediar ante su padre
para que estudiase una carrera de carácter científico
en lugar de teología.
El propio Euler lo cuenta
en su autobiografía:
“Pronto tuve la oportunidad de ser
presentado al famoso profesor Johann Bernoulli.
Estaba realmente muy ocupado, y así rehusó de
plano darme lecciones particulares, pero me
dio en cambio consejos mucho más valiosos
para comenzar a leer por mi propia cuenta libros
de matemáticas más difíciles
y estudiarlos con toda la diligencia que pudiera.
Si me encontraba con algún obstáculo
o dificultad tenía permiso para visitarle
con plena libertad todos los sábados
por la tarde...”
Así Euler acabó estudiando
medicina, astronomía y filosofía natural.
Comenzó a publicar con tan solo 19 años; su primera
memoria Constructio lincarum isochronarum in medio quocunque
resistente impresionó a Johann Bernoulli. Quizás
animado por él, Euler, que no había visto un barco
de vela en su vida, presentó a la Academia de París,
con tan solo veinte años, una memoria sobre la distribución óptima
de mástiles y velas en los barcos. En estos escritos ya
se vislumbra la manera original y creativa, que tenía
Euler, para resolver cuestiones y problemas científicos.
En esta ocasión no obtuvo el premio que concedía
la Academia, tan sólo una mención honorífica.
Pero la Academia acabaría rendida a los méritos de
Leonhard concediéndole hasta doce premios a lo largo de
su vida. En 1727, recién cumplidos los 20, Euler opta a
la cátedra de filosofía natural de la universidad
de Basilea, con un trabajo sobre el sonido, Dissertatio physica
de sono, pero es rechazado por su juventud.
1727-1740. Primera
estancia en la Academia de Ciencias de San Petersburgo
Tras este fracaso Euler
acepta la invitación para trabajar en la Academia de Ciencias
de San Petersburgo, donde ya se encontraban los hermanos Nicolás
y Daniel Bernoulli, los hijos de Johann, ocupando una plaza en
la sección de fisiología y medicina. Esta importante
institución había sido fundada en el año 1725
por Catalina. Era una Academia aún joven pero de mucha proyección
científica por la categoría de sus miembros.
Justo el día en
que Euler llega a San Petersburgo, el 27 de mayo de 1727, muere
Catalina la Grande, la protectora de la Academia. Su sucesor, Pedro
II, no compartía esta vocación de mecenas de las
ciencias y Euler para sobrevivir tuvo que enrolarse en la marina
rusa en la que durante tres años ocupo el grado de teniente
de navío.
Por
suerte para la ciencia Pedro II duró poco en el trono y
en 1730 sucediéndole su hija Ana que relanzará la
Academia. Gracias a este hecho, en 1730, Euler ocupará la
cátedra de filosofía natural y en 1733 sucederá en
la cátedra de matemáticas a su amigo Daniel, que
había abandonado Rusia para hacerse cargo de la cátedra
de matemáticas en la Universidad de Basilea. Ese mismo año
Leonhard se casó con Catherine Gsell, hija del pintor sueco
G. Gsell, que en ese momento dirigía la Academia de Pintura
de San Petersburgo. Este matrimonio tuvo 13 hijos, cinco de los
cuales murieron siendo aún niños.
La pluma de Euler durante
los 14 años que va a durar su primera estancia en San Petersburgo
no va a tener ni un día de descanso. En esos años
publicará más de 100 memorias y artículos
sobre los temas más diversos, (la gran mayoría de
los artículos de los Comentarii de la Academia
corresponden a Euler).
Sus resultados durante
esta primera estancia en la Academia de Ciencias fueron espectaculares;
mostremos aquí algunos de ellos:
-
Con el fín de resolver problemas
de series, definió en 1729 la función
gamma 
con
s>0
y demostró algunas de sus propiedades
Γ(
s+1) =
s·Γ(
s); Γ(
n+1)
=
n! ∀
n∈N.
-
Un año más tarde, en 1730,
introdujo la función
beta, 
para
s,
t>0,
probando la relación entre las funciones
gamma y
beta, 
.
-
En 1735 la Academia de París, propuso
un problema relacionado con la rotación del Sol, Euler
se concentró de tal manera en solucionarlo que debido
al enorme esfuerzo ocular, pues requería de muchas observaciones,
perdió la visión de su ojo derecho.
-
El año 1736 publicó la primera
de las varias pruebas que dio del Pequeño Teorema
de Fermat. Si p > 0 es primo, entonces p divide
a ap – a. De este resultado dará a
lo largo de su vida otras dos demostraciones, la última
en 1768.
-
En 1737 demostró la infinitud de
los números primos por un procedimiento muy original
y que a la postre dio origen a la Teoría Analítica
de Números.
-
Ese mismo año también dio
una prueba de la irracionalidad del número e,
utilizando fracciones continuas, y dos años más
tarde, en 1739, demostró la irracionalidad del cuadrado
del número e.
-
El número e siempre ejerció en
Euler una especial fascinación. Lo calculó por
varios procedimientos, hallando del mismo hasta 23 cifras significativas.
Su valor es e =2,718 281 828 459 045 235 360
28…
-
El número π es investigado y obtenido,
por Euler en muchos periodos de su vida, utilizando diversos
métodos para aproximarle, entre otros el obtenido aplicando
el teorema de la adición a la función arctag.
-
Resolvió también problemas
populares como el famoso de los Siete puentes de Könisberg, recogido
en su artículo Solutio problematis ad geometriam
situs pertinentis.
-
A lo largo de estos años se
preocupa por solucionar diversos problemas relacionados con
la teoría clásica de números, muchos de
ellos planteados por. Fermat y otros provenientes de su
relación con su amigo Goldbach. Así descubrió que
el quinto primo de Fermat:

,
no era un número primo, en contra de lo afirmado para
todos estos números por el matemático francés.
Aunque la descomposición no es nada simple, sobre todo
si no se cuenta con las poderosas herramientas de cálculo
actuales: F
5 = 4.294.967.297 = 641 · 6700417
-
Entre los años 1732 y 1736 estudia
productos infinitos y problemas de isoperímetros.
-
Poco antes de abandonar San Petersburgo,
en 1739, le escribe una nota a Johann Bernouilli en la que
le comunica como las ecuaciones diferenciales de coeficientes
constantes se pueden resolver mediante la resolución
de su ecuación característica asociada.
De esta época es
también su primera obra cumbre: la Mechanica (1736),
dos tomos con más de 1000 páginas, la primera obra
en que la mecánica parece tratada de forma analítica
y con los términos actuales.
En la década entre
1730 y 1740 se enfrenta a su gran pasión: la suma de series
numéricas llamativas. Aplicando técnicas, hoy criticables
en cuanto al rigor, pero llenas de originalidad y valentía
adornadas con una buena dosis de ingenio y habilidad para combinar
resultados de ramas en apariencia muy distantes de las matemáticas,
como análisis y aritmética, Euler consigue resultados
espectaculares como estos:


O de las diferencias alternadas
de otras potencias

Pero sin duda la joya de
la corona de sus cálculos de series, es la respuesta al
gran problema planteado varios años antes por Jakob Bernoulli,
el que se dio en llamar el problema de Basilea, que no es otro
que calcular la suma de los inversos de los cuadrados de los números
naturales:

Euler había conseguido
aproximaciones calculando hasta los mil primeros términos:
En 1735, con su genial
manera de relacionar técnicas y resultados de campos matemáticos
distantes va a encontrar el resultado:
“Sin embargo,
he encontrado ahora y contra todo pronóstico una expresión
elegante para la suma de la serie
,
que depende de la cuadratura del círculo ( Es decir, de π).
He encontrado que seis veces la suma de esta serie es igual al
cuadrado de la longitud de la circunferencia de un círculo
de diámetro 1”.
Y en efecto, la suma de
la serie es: 
Todos estos resultados
los incorporará al capítulo X del tomo primero de
la Introductio in analysin infinitorum (Edición
facsimil y comentada de la SAEM Thales y la RSME. Sevilla 2000).
1741-1766. Estancia
en la Academia de Ciencias de Berlín
A finales de 1740, tras
la muerte de la zarina Ana, a Euler se le vuelve a plantear la
misma situación de incertidumbre sobre su futuro que trece
años antes, pero ahora tiene una familia que mantener y
sobre todo un prestigio enorme en toda Europa. Por esta razón
Euler decidió aceptar una invitación, que años
antes le había realizado el rey Federico II el Grande
de Prusia, para incorporarse a la Academia de Ciencias de
Berlín, fundada por Leibniz en 1700.
A raíz la entronización
de Federico II, en 1740, el monarca se esforzó por
impulsar y renovar la Academia, que hasta entonces había
tenído una actividad muy reducida, nombrando, en 1741
al científico francés Maupertuis como presidente
y contratando a personas de gran prestigio, como es el caso de
Euler.
Cuando Euler llegó a
Berlín, el año 1741, encontró al reino prusiano
sumido en la primera guerra de Silesia y con una actividad
científica prácticamente inexistente.
Como
consecuencia no le fue posible ocupar su cátedra en la Academia,
debido a que en ese momento estaba pasando por la peor crisis
económica desde su fundación. Para ganarse la vida Euler
se ocupó en dar clases a miembros de familias nobles, entre
las que destaca las impartidas a la princesa Filippina von Schwendt,
pariente del rey de Prusia; durante años le dio lecciones
y al ser interrumpidas, Euler las completó por escrito,
naciendo de esta forma sus famosas Lettres a une princese d’Allemagne
(Las cartas a una princesa sobre diversos temas de Física
y de Filosofía1), obra que es
considerada como la primera obra divulgativa de física que
se haya elaborado. Está compuesta por tres tomos publicados
en Rusia, el primero en 1768 y el último en 1772.
En 1744, Federico
II crea la nueva Academia de Ciencias y Letras de Berlín
y a ella fue invitado Euler como responsable de las actividades
matemáticas y Maurpetius como presidente. Debido a las continuas
ausencias de Maupertuis era Euler el que dirigía la Academia.
De hecho, el monarca le encomendó trabajos de una cierta
importancia como: la nivelación del canal Finow, instalaciones
de juegos de agua, la dirección de una mina de sal, diversas
cuestiones financieras, como la creación de montepíos
de viudedad y juegos de lotería, etc. Para realizar
estas acciones Euler disponía de una partida ecónomica
importante, pero curiosamente, para investigar cuestiones matemáticas
no recibíría ninguna ayuda económica sustancial.
La razón estribaba en el hecho de que el monarca Federico se
sentía más a gusto los filósofos, como el
caso de Voltaire, que con los geómetras. Para Fedrerico
II, Euler era una filósofo anodino, incapaz de
dar gracejo y prestancia a los salones cortesanos. Algunos contemporáneos
narran que cuando el monarca se refería a Euler, le
llamaba, de manera despectiva "el cíclope matemático" (
en ese momento Euler veía únicamente a través
de un sólo ojo). Así las relaciones con el monarca
debieron ser muy difíles y en algunos momentos insoportables.
En Berlín continuará con
su gran afición a la astronomía. Buena prueba es
la publicación en 1747 de una memoria titulada Recherches
sur le mouvement des corps celestes en general, deduciendo
a partir de la segunda ley de la dinámica y de la ley de
gravitación universal la primera ley de Kepler y la obtención
del premio de la Academia de París en 1748 por un trabajo
sobre las perturbaciones del movimiento de Júpiter y Saturno.
Durante el cuarto de siglo
que duró su estancia en Berlín, Euler continuó con
su producción febril, seguió mandando regularmente
artículos para los Comentarii, la revista de la
Academia de San Petersburgo de la que continuó siendo editor,
envió en total más de 100, casi tantos como los que
publicará en las Memorias de la Academia de Berlín – 127
-; investigó sobre todos los temas matemáticos del
momento y publicó cientos de memorias y de artículos,
pero de este época, de su primera década en Berlín,
data uno de los mejores regalos del genio de Basilea a la historia
de las matemáticas, su Introductio in analysin infinitorum,
(1748), el nacimiento oficial de las funciones, uno de los libros
de matemáticas más influyentes de todos los tiempos.
Cuatro años antes,
en 1744, había publicado su primera visión del cálculo
de variaciones, Methodus inveniendi lineas curvas... ,
y la Theoria motuum planetarum y cometarum. Dos años
más tarde su Teoría sobre la luz y el color.
Su ritmo de producción se mantiene a un nivel inusitado.

Durante la década
de los 50 hasta el final de su estancia berlinesa ven la luz al
menos otra veintena de obras cumbres en sus respectivos campos.
No podemos citar todas aquí pero destacaremos alguna: su
segunda mecánica, Theoria motus corporum solidorum (1765)..., Recherches
sur la la courvature des surfaces (1760), Institutiones
calculi differentialis (1755) y aunque menos extensa, no la
de menor repercusión posterior, su obra clásica sobre
los logaritmos de números negativos e imaginarios De
la controverse entre Mrs. Leibnitz et Bernoulli sur les logaritmes
de nombres negatifes e imaginaires (1751), donde deja despejado
el camino para justificar la existencia y el cálculo de
logaritmos naturales de números imaginarios, utilizando
la sorprendente expresión que, desde entonces lleva
su nombre, la identidad de Euler:
Para cualquier x real, eix =
cos x + i sen x
Según Euler, las
propiedades de los logaritmos se mantienen para los números
negativos, en contra de la opinión de Leibniz, es decir:
ln(-x) = ln[x·(-1)] = lnx + ln(-1)
La clave estaba en la constante
ln(-1). Para Bernoulli esta constante valía cero. Pero Euler
tenía la llave desde la Introductio. Haciendo en
su identidad x = π , obtiene eiπ =
cos π + i sen
π y, por tanto, ln (-1) = i π
Es decir, ln(-x) = lnx
+ ln(-1) = lnx + i π
Para sorpresa de todos,
los logaritmos de los números negativos no sólo existen
sino que además son números imaginarios.
En el caso de los logaritmos
de los números imaginarios la solución es más
sorprendente, no sólo existe el logaritmo de un complejo a+bi,
sino que hay infinitos logaritmos. Si c es el módulo
del complejo y π su argumento, Euler afirmó que
ln(a+bi) = lnc + i(θ ± 2kπ)
para k = 0, 1, 2, ....
Habían nacido para
la historia de las matemáticas los logaritmos complejos.
Y de paso había dotado de carta de identidad definitiva
a los números complejos, explicando cómo operar con
ellos, cómo calcular sus raíces, sus potencias, sus
logaritmos, sus senos y cosenos.
No deja de ser un nota reveladora del carácter de Euler
la carta dirigida a Golbach en la que eufórico le comunica
su cálculo de z = ii
Tomando logaritmos:
Así que
¡¡Infinitos valores reales diferentes!!. Para k = 0:
“¡Lo que me parece extraordinario!”, afirmaba Euler en su
carta. Y no es para menos.
Durante su estancia en
Berlín se dedica, al igual que en San Petersburgo, a resolver
problemas relativos a la geometría elemental. Entre los
variados resultados obtenidos destacamos la obtención de
una demostración sintética de la fórmula de
Herón para calcular el área de un triángulo
en función de sus lados; la demostración de que en
cualquier triángulo, el ortocentro, el baricentro y el circuncentro
están siempre alineados, llamándose a esa recta la recta
de Euler(1767), la obtención del círculo
de Euler, propiedades de paralelogramos… y
otros problemas que tienen que ver con la combinatoria y la geometría.
Hemos dejado para el final su gran hallazgo, obtenido en 1750 y
dice así:
si un poliedro es tal
que su superficie puede ser deformada con continuidad hasta transformarse
en la superficie de una esfera, entonces se verifica que: C+V=A+2
Siendo C= Número
de caras del poliedro, V= Número de vértices
del poliedro, A= Número de aristas del poliedro.
1766-1783. Segunda
estancia en la Academia de Ciencias de San Petersburgo
El carácter discreto,
retraído y familiar de Euler no le hacía encajar
bien en la corte de Federico II, un monarca engreído y pedante,
amante de fastos y boatos, justo lo contrario de Euler. Así que
en el verano de 1766 decide volver a San Petersburgo con cuya Academia
había estado profundamente vinculado durante toda su estancia
berlinesa.

El trato que le dispensó Catalina
II de Rusia fue todo lo contrario. Dispuso para él y su
familia, 18 miembros en total, una enorme mansión y puso
a su disposición a su mejor cocinero. Esto debió consolarle
del golpe que debió suponer la pérdida de todos sus
objetos personales y numerosos escritos sin publicar que se perdieron
en el naufragio del barco que los transportaba desde Alemania.
Para colmo una catarata en el ojo izquierdo comenzó a hacerle
perder progresivamente la visión de su ojo sano. Su casa,
junto a otras 500, fue víctima de un incendio que casi siega
su vida y en el que volvió a perder una buena parte de sus
manuscritos, entre ellos su memoria sobre la Luna. En 1776, viejo
y casi ciego pierde a su esposa, aunque al año siguiente
se casa con su cuñada. A pesar de todos estos percances
vitales Euler continuó con su producción febril.
En esta etapa publicó más de 350 trabajos, muchos
de ellos sobre su gran afición: la teoría de números
en la que nos ha dejado magníficos resultados sobre números
perfectos (el teorema de Euclides-Euler), sobre números
amigos (sus famosas 62 parejas que al final fueron sólo
60), sobre números primos...
En 1768 apareció su Aritmética
Universal. En ella se analizan un sin fin de resultados
elementales de forma muy didáctica: se generalizan las
reglas de resolución de problemas aritméticos;
se desarrolla el aparato simbólico-literal del álgebra;
se aclaran las operaciones con números, monomios, radicales
y complejos; se introducen los logaritmos; se dan las reglas
de extracción de las raíces de números y
de expresiones algebraicas polinomiales; se introducen las series
como medio de expresión de las funciones racionales fraccionarias;
se introducen los números poligonales, las proporciones
y progresiones, las fracciones decimales periódicas y
se estudian los métodos de resolución de ecuaciones
algebraicas.
Entre 1768 y 1770 verán la luz los tres tomos de las Instituciones
calculi integralis, donde presenta su visión analítica
del cálculo de variaciones, entre 1769 y 1771 los
tres tomos de la Dioptrica, que convertiría a Euler
en el precursor de los fenómenos de interferencia y difracción
de la luz, aspectos que fueron definitivamente resueltos
por el científico A. Fresnel(1788-1827), y en 1774
su segunda Scientia navalis menos teórica y mucho
más práctica que la publicada en 1749.
Ya totalmente ciego publica
en 1770 su Introducción al Álgebra dictándole
sus cálculos a su ayudante Peter Grimm, que no tenía
una formación matemática especial. Las correcciones
las realizaba su hijo Johann Albercht. La obra consta de dos volúmenes,
el primero de los tomos trata de sentar las bases del álgebra,
mientras que el segundo está destinado al análisis
diofántico. Su estilo didáctico ha constituido un
modelo desde entonces. Tras la edición de este libro, Euler
descubre la necesidad de contar con un secretario con una formación
matemática sólida y pide a Daniel Bernoulli que le
envíe uno de sus alumnos más aventajados, Así es
como Nicolás Fuss, un estudiante de la universidad de Basilea
tendrá la fortuna de compartir día a día los últimos
diez años de creación matemática del genio.
A lo largo de toda su vida
y en todas sus obras, Euler se manifiesta con un estilo claro,
llano y sencillo, alejado de la pedantería que rodea muchas
publicaciones científicas; porque Euler fue también
un maestro y un divulgador fabuloso. Condorcet lo expresa de manera
precisa:
“Cuando publicaba
una memoria sobre un asunto nuevo, exponía con sencillez
el camino que había recorrido, haciendo observar sus dificultades
y vericuetos, y tras hacer seguir al lector la marcha de su espíritu
durante los primeros ensayos, les enseñaba cómo
había conseguido encontrar el camino más fácil,
lo que demuestra que prefería la instrucción de
sus discípulos a la satisfacción que pudiera producirle
su asombro, y creía no hacer bastante por la ciencia si
no agregaba a las verdades nuevas con que la enriquecía,
la sincera exposición de las ideas que le habían
conducido a su descubrimiento”
Gracias a Nicolás
Fuss conocemos sus últimas horas:
“Esos vértigos
fueron el anuncio de su muerte, ocurrida el 7 de septiembre.
Ese mismo día, conversó en la sobremesa con sobre
el nuevo planeta – se refiere a Urano recién
descubierto por Herschel – con M. Lexell, que había
venido a verle, y más tarde nos habló de otros
temas con su agudeza habitual. Acababa de ponerse a jugar con
uno de sus nietos cuando sufrió un ataque de apoplejía.
Antes de perder el conocimiento solo pudo decir “me muero”;
y así terminó la gloriosa vida pocas horas más
tarde”.
O como indica el propio
Condorcet en su Éloge de M. Euler:
El 7 de septiembre
de 1783, [...] mandó llamar a su nieto, con el que se
puso a jugar mientras tomaba el té, cuando de repente
se la cayó la pipa de la mano, y cesó de calcular
y de vivir”
La figura de Euler se hace
gigantesca cuando exploramos en cualquier rama de las matemáticas.
La cantidad y la importancia de sus descubrimientos nos hacen dudar
a veces que puedan ser obra de una sola persona, no en vano se
le ha calificado como “el matemático más
prolífico de todos los tiempos”. A lo largo de
su vida publicó más de 500 libros y artículos.
Añadiendo su obra póstuma, se alcanza la cifra de
886 trabajos. Se calcula que sus obras completas, superarán
probablemente los noventa grandes volúmenes. Si dividimos
el número de páginas entre los años vividos
(a partir de los 20 años), nos da una producción
de unas 800 páginas anuales de promedio. Podemos decir con
toda rotundidad que ningún matemático ha superado
jamás la producción de este hombre.
Hoy, en cualquier camino
matemático que sigamos nos encontraremos tarde o temprano
con él, con sus resultados: relación de Euler de
los poliedros convexos, teoría de grafos, recta de Euler,
constante de Euler, funciones, logaritmos, variable compleja...
Y si no aparece alguno de sus resultados compartiremos con él,
ignorándolo muchas veces, alguna de sus omnipresentes notaciones: f(x),
e, π, i, ...
De hecho Euler está presente,
como si de un guiño de la naturaleza se tratase, en la relación
más hermosa de las matemáticas; una relación
que liga de forma sutil las cinco constantes numéricas
universales más populares, los números 0, 1, π,
e, i. Y que es el compendio de todo el Análisis. Una
relación, por supuesto descubierta por el genial Leonhard
Euler, El Análisis Encarnado como bien dijo Arago:

Bibliografía
Castro
Chacid, I.. Leonhard Euler. Grupo Editorial Iberoaméricano.
México D.F. 1996
Condorcet.
Marqués de. Eulogy to Mr. Euler
http://www.math.dartmouth.edu/~euler/historica/condorcet.html
Dunham,
William. Euler el maestro de todos los matemáticos.
Ed. NIVOLA. Madrid 2000
Dunham,
William. Viaje a través de los genios. Ed Pirámide.
Madrid 1993
Durán
A. J. Historia, con personajes, de los conceptos del cálculo.
Alianza Univ. Madrid 1996.
EULER,L: Introducción
al Análisis
de los infinitos.
Edición crítica con facsímil de A.Durán
de la obra de Euler Introductio in Analysin Infinitorum..
RSME, SAEM Thales, Sevilla, 2003.
Fuss,
Nicolas. Eulogy of Leonhard Euler
http://www.math.dartmouth.edu/~euler/historica/fuss.html
Sánchez,
C. y Valdés C. De los Bernoulli a los Bourbaki.
Ed. NIVOLA Madrid 2004
Pérez
Sanz, A. Euler. Una superestrella. Documental serie Universo
Matemático. RTVE. 2001
Las
obras de Euler on-line: http://www.math.dartmouth.edu/~euler/
Nota:
1 "Reflexiones
sobre el espacio, la fuerza y la materia". Leonhard Euler.
Alianza Editorial. Madrid 1985.
