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El
padre de Leibniz era jurista y profesor de moral en la universidad
de Leipzig, ciudad donde nació Gottfried, quien, aunque nunca fue
muy fervoroso, abogó toda su vida por la reunificación de las iglesias.
No obstante tanto la familia como su entorno eran luteranos. Aquella
posición, el irenismo, como se llamaba en su época, tenía connotaciones
políticas tanto como religiosas, pues pretendía asimismo la unificación
de los 350 estados en los que estaba dividida Alemania. Precisamente,
una de las características más originales de Leibniz es su propósito
de sintetizar y conciliar las opiniones y concepciones más opuestas
en todos los ámbitos del pensamiento.
Su padre murió cuando él tenía sólo 6 años y le quedó en herencia
la amplia biblioteca privada de su padre, de la que se sirvió libremente,
de forma que Leibniz fue en gran medida autodidacta, hasta el punto
de que a los ocho años ya leía en latín a Tito Livio. Siempre fue
más aficionado a la lectura y el pensamiento que a las actividades
físicas. El latín fue una de sus lenguas favoritas así como el francés,
y en ellas dos están redactados casi todos sus escritos filosóficos
o científicos. También abogó por el desarrollo de la lengua alemana.
Desde sus primeros escritos manifiesta su interés por las
matemáticas y por la aplicación de las mismas al conocimiento
en todos los niveles. Su Dissertatio de Arte Combinatoria,
editada en 1666, aparece como consecuencia de sus estudios en la
universidad de Leipzig en las áreas de filosofía,
historia, matemáticas y derecho, y en ese escrito se encuentran
buena parte de sus ideas fundamentales sobre combinatoria y algunas
de sus reglas básicas o método de investigación
científica, que él llamó el Arte de Inventar.
Tras rechazar un puesto de profesor en la universidad de Altdorf
comenzó a viajar y a buscar una posición en la carrera
jurídica y política, que en 1668 le ofrecerá
el ministro de Maguncia, Christian von Boineburg. Gracias a él
se trasladará a París, en principio con una misión
diplomática, pero de hecho la etapa que pasó en esa
ciudad fue una de las más fructíferas de su carrera
como matemático y de su formación intelectual en general.
En París estuvo casi cuatro años y la muerte de Boineburg
en 1673 supuso un golpe para su situación económica,
lo que le obligó a regresar a Hannover.
En París conoció los manuscritos de Descartes, Roberval
o Pascal, también trabó relación con Huygens,
que le introdujo en el mundo de las matemáticas que entonces
estaban de moda entre los grandes de la época. De ese modo
descubrió su cálculo de las diferencias, la cuadratura
aritmética, se inició en el cálculo de probabilidades
y se relacionó con cuanto personaje de calidad se puso a
su alcance. Construyó su propia Máquina Aritmética
que, a diferencia de la de Pascal, no sólo sumaba y restaba
sino que dividía, multiplicaba e incluso extraía raíces
cuadradas.
Intentó por todos los medios que le admitieran como miembro
de la Academia de Ciencias francesa, pero al no ser católico
se encontró con muchos impedimentos. En esta etapa entabla
también relaciones con los científicos ingleses y
fue admitido como miembro de la Royal Society.
Todos sus esfuerzos para permanecer en París fueron en vano
y se vio obligado a aceptar un empleo como bibliotecario de la Casa
de Hannover, con el encargo de escribir asimismo la historia de
la familia.
A partir de 1700 su situación económica y social mejora
bastante pues es nombrado presidente de la Academia de Ciencias
de Brandemburgo, puesto subvencionado con 600 táleros al
año, a la vez que veía hacerse realidad uno de sus
sueños, la constitución en todos los países
de sociedades científicas que pudieran llevar a cabo conjuntamente
grandes proyectos, para los que él mismo aportaba un buen
número de sugerencias: Característica Universal, Lengua
Racional, experimentos químicos y médicos, inventos
técnicos, etc. Además en esos años llega a
ser consejero del Emperador de Austria y del Zar de Rusia. De hecho
a partir de entonces su situación económica siguió
siendo desahogada hasta su muerte.
Su forma de trabajar era también muy peculiar: leía
muchísimo y sobre todo escribía sin parar; de hecho,
pensaba escribiendo y aunque sus publicaciones son escasas, el volumen
de manuscritos que dejó a su muerte es ingente y su publicación
está en la actualidad muy lejos de completarse, a pesar de
los esfuerzos conjuntos de innumerables especialistas.
No obstante, su relación privilegiada con la casa de Hannover
se rompe en 1705 con la muerte de su protectora la princesa Sofía
Carlota y las intrigas de la corte comienzan a jugar en su contra
de forma que sus relaciones internacionales, su polémica
con los discípulos ingleses de Newton y sus viajes fuera
de Hannover van minando su posición y cuando el duque Jorge
es nombrado en 1714 rey de Inglaterra, lejos de llevarle con él
como uno de los hombres más prestigiosos de Europa, le ordena
permanecer en Hannover y continuar escribiendo la historia de la
familia. En 1716 su salud empeora rápidamente muriendo el
13 de noviembre.
Tras su muerte la injusticia cometida con él por la corte
de Hannover continuó, pues guardaron sus escritos en los
Archivos, impidiendo la difusión de sus ideas durante casi
todo el siglo XVIII. A los cincuenta años de su muerte se
levantó el veto y se comenzaron a publicar sus escritos y
su correspondencia, con enormes dificultades debido a la gran variedad
de los temas, su profunda interrelación y su enorme volumen.
En
el campo de las matemáticas, los estudios juveniles de Leibniz
estuvieron dedicados sobre todo a la Aritmética: combinatoria,
propiedades de los números, triángulo de Pascal, etc.
Y sus primeras aportaciones también son en ese campo: fórmulas
de análisis combinatorio, descubrimiento de los determinantes,
estudio de la suma de series, etc. Uno de sus hallazgos es el valor
de /4.
También estudia el triángulo armónico y sus
propiedades.
A partir de su estancia en París y su relación con
Huygens estudiará los Elementos de Euclides
y la Geometría de Descartes, al que criticará
en muchas ocasiones, entre otras cosas por excluir de su geometría
algunas curvas como las que tienen exponentes funcionales.
También se interesa por el cálculo de probabilidades,
que en sus primeros escritos sobre derecho había mencionado
como uno de los instrumentos más útiles para la investigación
de lo contingente. Como subraya Belaval, uno de los grandes especialistas
en Leibniz, ya había tenido la idea de un alfabeto de los
pensamientos humanos meditando sobre Aristóteles, había
desarrollado la idea con Bacon (las formas de primera clase semejantes
a las letras del alfabeto), con Weigel y Hobbes (pensar, es calcular),
con Buteo (las cadenas de combinaciones), con Cardano (la lógica
de lo probable), Raimond Llull es entonces reeditado en toda Europa
y Kircher acaba de publicar su texto Polygraphia nova et universales
ex combinatoria detecta (1663). Como colofón a sus estudios
de derecho había presentado Leibniz, en julio de 1665, la
tesis o Disputatio Juridica De Conditionibus y en agosto una Disputatio
Posterior, donde sostiene que las demostraciones o pruebas en derecho
tendrían que tener un rigor matemático y proponiendo,
en el caso de los juicios hipotéticos, el cálculo
de probabilidades y el cálculo de los juicios, a pesar de
que sus conocimientos matemáticos entonces no eran suficientes
para realizarlos por sí mismo. Por fin, en marzo de 1666,
sostiene la Disputatio Aritmética de Complexionibus,
que formará parte de su Arte Combinatoria que como
hemos dicho, publicó ese mismo año, a los 20 años
de edad. La tesis de este escrito es que nuestros conceptos están
compuestos de ideas simples, cuyo número no puede ser muy
grande, como sucede con las letras del alfabeto o con los factores
primos.
Estas ideas simples o primitivas constituyen los términos
de primer orden (1. el punto; 2. el espacio; 3. “situado entre”;
9. la parte; 10. el todo; 14. el número; 15. la pluralidad,
etc.). Combinándolas dos a dos (com2natio) se obtienen los
términos de segundo orden, por ejemplo el número de
las partes es la cantidad. Combinándolas de tres en tres
tenemos las com3natio, por ejemplo el espacio tomado en un todo
(2,3,10) es el intervalo y así sucesivamente. Recíprocamente,
separando un término en sus factores primos, se pueden resolver
problemas. De este modo la combinatoria se podría aplicar,
como señala Leibniz a la lógica, la aritmética,
la astronomía, la química, la medicina, la acústica,
la jurisprudencia… A pesar de estos trabajos, el grado de
doctor se le niega en Brunschwick a las jóvenes promociones,
de manera que Leibniz se graduará finalmente en Altdorf el
15 de noviembre de 1666 con su trabajo De Casibus Perplexis
in Jure, en el que desarrolla estas ideas aplicadas al derecho.
Pero Leibniz es conocido mundialmente sobre todo como inventor del
Cálculo Diferencial, aunque ese descubrimiento se vio en
su tiempo empañado por la injusta acusación de plagio
por parte de algunos discípulos de Newton, acusación
en la que se implicó el propio Newton. Hoy todos los estudiosos
saben que ambos desarrollaron paralelamente el cálculo sin
plagiarse. De hecho, la visión de Newton es más bien
física, como lo atestigua su título de cálculo
de fluxiones, mientras que la visión de Leibniz es sobre
todo matemática.
Leibniz ya había desarrollado los principales aspectos del
cálculo infinitesimal hacia 1676, al final de su estancia
en París, y publicará en 1684 su primer artículo
sobre el tema, en las Acta Eruditorum: “Nova methodus
pro maximis et minimis”, donde proponía un método
nuevo para calcular las tangentes a una curva y también los
máximos y mínimos de la misma. Allí define
lo que llama differentia o diferencial y lo escribe ya
con la notación que perdurará, dx. También
establece las reglas principales de cálculo con diferenciales,
adición, sustracción, multiplicación y división,
aunque sin dar las demostraciones. Y en cuanto al comportamiento
local de las curvas, define la concavidad, convexidad y puntos de
inflexión, lo que le lleva a definir las diferencias de segundo
grado, que llama differentiae differentiarum. Su método,
como él mismo señala, resulta superior a los existentes
en esos momentos, no es geométrico, sino una forma de calcular
con símbolos.
En junio de 1686 Leibniz publica un segundo artículo en Acta
Eruditorum, con el título “De geometría
recondita et analysi indivisibilium atque infinitorum” donde
trataba el problema inverso de las tangentes y el cálculo
de las cuadraturas mediante su nuevo método, y mostraba que
la diferenciación y la integración son operaciones
recíprocas, introduciendo el símbolo
para la summation, pues el término integral
no se emplea por primera vez hasta 1690, gracias a Jacques
Bernoulli.
No obstante, estos logros no tendrán demasiada acogida y
pasarán inadvertidos hasta 1690, cuando Bernoulli publica
en las Acta Eruditorum un artículo en el que se
emplea el nuevo cálculo para resolver el problema de la curva
isócrona. Los hermanos Bernoulli continuaron desarrollando
el nuevo cálculo y será Jean quien en 1691 se lo enseñará
al Marquis de l’Hospital, que publicaría el primer
tratado sobre cálculo diferencial en 1696. Como l’Hospital
diría:
“Debo hacer aquí justicia (como la ha hecho el señor
Leibnitz, en el Journal des Sçavans de agosto 1694) que el
sabio Sir Isaac Newton descubrió igualmente algo como el
Calculus Differentialis, que aparece en su excelente Principia,
publicado primero en el año 1687, que depende casi totalmente
del uso del mencionado Calculus. Pero el método del señor
Leibnitz es mucho más fácil y expeditivo gracias a
la notación que utiliza, por no mencionar la maravillosa
asistencia que presta en muchas ocasiones.”
Efectivamente, la simbología matemática que ahora
utilizamos es en buena parte debida a Leibniz: diferenciales primeras
y segundas, integral, infinitesimales, etc. Introduce el término
de función y señala que integral y derivada son dos
operaciones inversas. Introduce el sistema binario de numeración,
de innumerables aplicaciones posteriores, y tantos otros avances
que ahora vamos descubriendo al descifrar sus manuscritos inéditos.
BIBLIOGRAFÍA
Las ediciones de Leibniz son muy numerosas, pero nos limitaremos
aquí a sus escritos matemáticos. Por supuesto, los
lectores interesados pueden acceder a sus manuscritos inéditos,
poniéndose en contacto con la G.W. Leibniz Gessellschaft
en Hannover
www.nlb-hannover.de/Leibniz
o con www.gwleibniz.de en
Berlín.
Los textos matemáticos publicados por su autor en vida son
muy pocos. Aparte los ya citados de las Acta Eruditorum:
_____ : Dissertatio arithmetica de complexionibus, 1666. Mathematische
Schriften, hrsg. Gerhardt (1849-63), Olms, Hildesheim, 1962.
______ : “Extrait d’une lettre de M. Leibniz, écrite
d’Hanovre à l’Auteur du Journal, touchant la
Quadrature d’une portion de la Roulette », Journal des
Sçavans, Lundy, 23 mai 1678. En Dutens, III, 139. En G.M.
V, 116-117.
_____ : "G.G.L. Meditatio Juridico-Mathematica de Interusurio
simplice", Act. Erud., m. Oct. 1683, 425-32. En Dutens, III,
151-158. En G.M., VII, 125-133.
En cuanto a las ediciones póstumas de sus obras, la edición
de la Academia de Berlín es la más ambiciosa, comenzada
en 1923, con siete series: la Reihe I: Correspondencia general política
e histórica; la Reihe II: Correspondencia filosófica;
la Reihe III: Correspondecia matemática, de ciencias naturales
y técnica; la Reihe IV: Escritos políticos; la Reihe
V: Escritos históricos; la Reihe VI: Escritos filosóficos
y la Reihe VII: Escritos matemáticos, de la que se han publicado
tres volúmenes.
Otras ediciones más manejables y de gran prestigio aunque
de una parte pequeña de la ingente obra, son las de Gerhardt
_____: 1713-1716. Lettres à Montmort. En Die Philosophischen
Schriften, vol. III. C.J. Gerhardt (ed.), pp. 597-678. Berlin: Weidmannsche
Buchhandlung, 1887. Reedición Hildesheim: Olms, 1965.
_____ 1849-1863. Mathematische Schriften, C.J. Gerhardt (ed.) 7
vol. London: D.Natt, Berlin: A. Asher, Halle: H.W. Schmidt. Reedición
Hildesheim: Olms, 1989.
_____ : Der Briefwechsel von G.W.Leibniz mit Mathematikern, hrsg.
C.I. Gerhardt, Olms, Hildesheim, 1899, 1962.
Y algunas de las más conocidas y/o fáciles de encontrar:
Tullio Ascarelli : Hobbes - Leibniz, traduc. francesa Ducouloux
& Favard, Ed. Dalloz, Paris, 1966. En esta edición se
encuentran:
Leibniz: Specimen quaestionum philosophicarum ex jure collectarum,
1664.
- : Doctrina conditionum, 1663-67.
- : De casibus perplexis, 1666. Su tesis doctoral.
- : De interpretatione, 1670.
Tomados de la edición: G.W. Leibniz, Samtliche Schriften
und Briefe, Preuss. Akad. der Wiss., Darmstadt, 1930, VI, I 69s.,
231s., 369s.
Alexander, H.G.: The Leibniz-Clarke Correspondence, Manchester U.Press,
1956.
Bourgage, F.& Chouchan, N.: Leibniz et l'infini, Paris, PUF,
1993.
Chauve, Alain: Leibniz. Les deux labyrinthes, textes choisis, Paris,
PUF, 1973.
Couturat, Louis (ed.): Leibniz, Opuscules et fragments inédits,
Paris, 1903. Alcan. Reedición Hildesheim: Olms. 1961.
Deleuze, Gilles: Le Pli. Leibniz et le Baroque, Paris, Minuit, 1988.
Grua, G.: Leibniz: Textes inédits, Paris, PUF, 2 vol., 1948.
Lamarra, Antonio (ed.): L'infinito in Leibniz. Problemi e terminologia,
Simposio Internazionale, Roma, 1986.
Ezequiel de Olaso (ed.): Escritos de Leibniz, ed. Antonio Machado,
Madrid, 2003.
Entre las biografías de Leibniz hay algunas en español,
otras en inglés o alemán. Las más conocidas:
E.J. Aiton: Leibniz. A Biography, 1985, Hilger Ltd. Boston. Trad.
Esp. Alianza
Universidad, Madrid, 1992.
Javier Echeverría: Leibniz. El autor y su obra , 1981, Barcanova,
Madrid.
G.E. Gurhauer: G.W.Freiherr von Leibniz, Eine Biographie, 1842 Breslau,
Olms, 1966.
Trad inglesa J.M. Makie, 1845.
Joseph E. Hofmann: Leibniz in Paris, 1974, Cambridge U.P.
Kart Müller & Gisela Krönert: Leben und Werk von G.W.
Leibniz. Eine Kronik, 1969,
Klostermann, Frankfurt am Main

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